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Sobre el debate recurrente de la mejor liga del mundo

Sobre el debate recurrente, acerca del nivel de las diferentes grandes Ligas europeas, históricamente la Serie A dominó como campeonato más atractivo durante casi veinte años, desde que se juntaron Maradona y el Milan de los holandeses en la segunda mitad de los 80, hasta el canto del cisne que supuso la final italiana de la Champions de 2003. Los dos momentos que tumbarían este dominio serían aquel mágico verano de 1996 con la Liga de las Estrellas (y su mítico balón Nike que todos los niños queríamos) cuando, los efectos de la Ley Bosman y el dinero de los nuevos contratos televisivos, hicieron que todos los equipos de media tabla para arriba pudieran fichar por miles de millones a su estrella mundial de PCFÚTBOL: el Valencia a Romario, el Depor a Rivaldo, el Betis a Finidi, el Athletic a Roberto Ríos, el Sevilla a Matías Almeyda, l’Apanyó a Ouedec (?) y el Aleti, esperando un año, con Vieri); mientras que Barça y Madrid daban, a la vez, un salto de nivel espectacular con sus 5-6 fichajes de relumbrón (Baía, Blanc, Luis Enrique, Ronaldo, Pizzi, Giovanni Vs. Illgner, Panucci, R. Carlos, Seedorf, Mijatovic, Suker), sólo que el suyo les sirvió para ganar la Champions y el nuestro la Recopa.

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Y eso que, mientras tanto, los italianos estaban acumulando durante aquella década, uno detrás de otro, grandes equipos y jugadores como el Milan de Capello; la Juve de Lippi, con su nómina interminable de delanteros (Vialli, Ravanelli, Del Piero, Vieri, Boksic, Inzaghi, Amoruso, Zalayeta, Fonseca, Henry); el Inter que nos arrebató a Ronaldo; la Fiorentina de Batistuta y Rui Costa que eliminamos en aquella Recopa; el Parma con Stoichkov y Zola; y una Lazio que era una especie de protoPSG o protoCity, incluso con mejores fichajes (Nesta, Nedved, Verón, Stankovic, Mancini, Salas, Crespo) pero iguales resultados. Sin embargo, después se iba a dar el curioso caso que, con el cambio de milenio, cada uno de estos equipos comenzaron a fichar, cómo locos, su par de atacantes de la Liga (Kovacevic y Esnaider para la Juve, Farinós en el Inter, el Piojo López y De la Peña en la Lazio y los míticos Jose Mari y Javi Moreno del Milan), aunque la mayoría de estos fuesen jugadores de un solo año. Entre esto, y la otra extraña fijación que tuvieron los italianos por todo lo que venía del fútbol turco, toda aquella brillantez y atractivo que irradiaba la Serie A en los 90 se fue por el sumidero.

El otro momento, que tumbó definitivamente a los transalpinos, fue la irrupción televisiva fuera de las Islas, a mediados de la década de los 00, de los partidos de la Premier League; recuerdo que era capaz de ir a un pub a tragarme un Arsenal-Wolverhampton, y una pinta, por ver a jugar a Henry o a Bergkamp y así abstraerme durante un rato de nuestro triste presente, con aquel Barça del primer semestre de la Era Laporta que no acaba de arrancar: aquellas goleadas vergonzantes contra Málaga y Racing; perdiendo contra el Madrí en el Camp Nou, después de 20 años; y el Franklin Edmundo sin aclararse con el once titular y la táctica (mucha escuela holandesa y tal pero como insistía el jodido en meter con calzador el 4-2-3-1). Suerte de la llegada de Sant Davids gluriós, que hizo que todas la piezas comenzasen a encajar

Cocu

Tantos años esperando que nos cruzásemos con el PSV para poder asistir al regreso al Camp Nou de mi jugador del Barça foforito ever, el gran PHILIP JOHN WILLIAM COCU, para que, justo ahora que se produce, esté entrenando en Turquía.

Y es que si algo le reprocharé siempre a Laporta de su gluriós mandato, aparte de hacer pasear por medio mundo cuando el sextete una réplica de la Champions que parecía sacada de la sección de trofeos para colegios del Corte Inglés, es la forma tan injusta (tanto por razones deportivas como extradeportivas) con la que se desprendieron del holandés: seis años titular indiscutible y sacrificado, al jugar muchas veces fuera de su posición; leyenda del club; el extranjero con más partidos disputados hasta la aparición de un tal Messi; y segundo capitán (aunque oficiosamente ejerciese de primero porque Luis Enrique ya no era titular y, por otro lado, se iba a retirar). Pues se marchó como un vulgar André Gomes de la vida.

https://i.imgur.com/twsGfWP…

Pero, si todo lo anterior no fuese suficiente, fue además el único futbolista que aceptó rebajarse el sueldo cuando en el verano anterior, con la llegada de los Laporta Boys, la nueva Junta pidió un sacrificio a los jugadores más significativos para contribuir a la recuperación económica del club, con la promesa de ser renovado la siguiente temporada ¿Adivinad qué emblema de La Masia, el mismo que evitó un gol parando la pelota con el escudo, no quiso rebajarse su megacontrato de galáctico (1.000 millones de pesetas al año) y de jugador franquicia del equipo (así andábamos, era él o Riquelme)? Y que, por cierto, le sonsacó a un desahuciado Gaspart a base de permitir a su entorno que coquetease en la prensa madrileña con la idea de convertirse en el “nuevo Hierro”. Siempre pensé que, en determinados despachos del Camp Nou (el reptil de Rosell, como antiguo hombre fuerte de Nike), la presencia de Cocu estorbaba justo cuando se estaba más cerca que nunca de volver levantar trofeos como la Liga o la Champions (de la cual, el de La Pobla tiene el dudoso (?) honor de ser último que la alzó por el lado equivocado, el que tiene grabados los clubes campeones).
Por algo el centrocampista de la nariz respingona aún llegó al Mundial de 2006 siendo titular de la selección holandesa y, un año antes, se echó al PSV a sus espaldas, con dos goles suyos, para pelearle hasta el último minuto unas semifinales de Champions al todopoderoso Milan de Shevchenko, Pirlo, Maldini y compañía. Mientras, nosotros fuimos a Stamford Bridge a caer eliminados con Gerard de mediocentro defensivo. Y fichamos, solo por ser amigo del Edmundo, a un semiretirado Albertini que ¡Oh sorpresa! de sus seis meses de estancia culer cuatro se los pasó lesionado, aprovechándolos para hacerse amigo también de Puyol y conseguir así que fuésemos, con toda la plantilla, a su partido de homenaje en Milan (!) TÓ-CA-TE-LOS-CO-JO-NES

Y, aunque es compresible que exista una fuerte conexión entre el Barça y el Ajax, no debería resultarnos menos simpaticones los de la PHILIPS, con todos los buenos y entrañables jugadores que a lo largo de la historia reciente les hemos fichado: Koeman, Romario, Popescu, Ronaldo, Cocu , Zenden, Van Bommel y Afellay. Aún recuerdo el resumen de futbol internacional que pasaban por el 33 las noches del lunes, antes o después del programa de anime donde veía a mi querida Ginger Inokuma, y descubrir que en la copa holandesa se podía dar un Ajax-Ajax II, que existía un partido que enfrentaba al NEC y al NAC o disfrutar con los goles de aquella gran pareja atacante que formaron Ronaldo y Luc Nilis.

El mercado de fichajes de Barça y Madrid

Este mercado de fichajes de Barça y Madrí me está haciendo recordar un verano que pasé en la Meseta, riéndome cada día que ojeaba el Marca por lo ilusionados que estaban con las contrataciones que realizaban, en una de las políticas de fichajes más absurdas e incoherentes vistas hasta entonces (claro que aún estaba por llegar el gaspartismo): Anelka, con su futura temporada protodembelesca (con la diferencia que sus tres goles los hizo en unas semifinales de Champions y en un Madrid-Barça, en lugar de a un equipo ramdom de la Liga con el campeonato finiquitadow); Baljic, el “Rivaldo” eslavo que se suponía iba a reemplazar a un
Seedorf medioapartado; y McManaman, que venía como extremo puro y acabó jugando la final de Champions de mediocentro defensivo. Resultaba gracioso, porque, además, lo comparaba con nuestro excelso mercado estival donde, a un equipo ya campeón,
estábamos sumando al nuevo Figo (Simao Sobrasao), aunque nadie lo hubiese visto jugar antes; al futuro Laurent Blanc (Dehu), que ya debe llevar jugados más partidos con los veteranos del club que con el Barça propiamente dicho; como suplente de lujo de Kluivert al delantero centro del equipo de moda de la Liga (Dani); y, la cirereta del pastís, el eternamente ansiado Jari Litmanen. No hace falta
decir quien acabó riendo el último.

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De hecho, como vienen haciendo cada verano, están reponiendo por BarçaTV el “Recorda Míster” (gran producción, como ya he escrito otras veces). Comprendiendo que, por sus características de dejar explayarse libremente al entrenador de turno, es un
programa tendenciosamente favorable a las tesis del míster (que en la mayoría de los casos pasan por quejarse que el Nuñes los destituía justo antes de que las cosas comenzasen a rutllar; que los fichajes ya les venían impuestos por la Directiva; que, como los campos de España eran unos patatales donde era imposible jugar al fútbol, siempre se acababa perdiendo las Ligas; o justificándose con las urgencias históricas del club). Aunque, en el caso de Rexach, se haga directamente apología de la vagancia extrema y del menfotisme, y de cómo alcanzar unos objetivos mínimos y paupérrimos, o caer eliminados “injustamente” en unas semifinales de Champions contra el Madrid, lo justifican absolutamente todo (una política de fichajes pésima, un equipo nulamente trabajado técnica y tácticamente, un juego ramplón, y ultradefensivo fuera de casa, para acabar haciendo el ridículo cada quince días en estadios como el Teresa Rivera).

O el de la primera etapa de Van Gaal donde, básicamente, la idea-fuerza es que en su última temporada (1999-2000) no se ganó nada porque Rivaldo se emperró en jugar por el centro. Claro, no tuvo nada que ver que, pese a tener un once titular ya hecho, se pasase todo el año inventando cosas como Zenden de lateral izquierdo, Bogarde en el extremo, o Ronald de Boer de mediocentro organizador en un 3-0 que nos metió el Madrí (el de uno de los goles de Anelka); que, después de unos catorce intentos, aún fuese incapaz de plantar una estrategia para frenar la velocidad del Piojo López, y del ataque del Valencia, que no pasase por una cubertura mixta de los velocistas Abelardo y Frank de Boer a 50 metros de la portería; o que hicieran un mes de mayo, justo cuando se deciden los títulos y se supone llevas trabajando al equipo toda la temporada para tenerlo precisamente en ese momento en su pico de forma más alto, bochornoso con un 0-3 del Mallorca en el Camp Nou (primera aparición del Helmano’o), derrota por 4-1 ante el Valencia en semis de la Champions y un 3-0 en la ida de la Copa del Rey en el Calderón.

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Inglaterra y el Mundial

Puede que hiera la sensibilidad de más de uno aquí si digo que, una vez eliminado Messi, deseaba que Inglaterra ganase el Mundial.

No entro a juzgar si practican un fútbol más arcaico o rácano que otras selecciones, aunque tengo entendido que ya llevan unos años haciendo un buen trabajo en categorías inferiores, ganando varios campeonatos mundiales sub-algo (la muestra es que, al comenzar el Mundial, la mitad de sus jugadores no me sonaban de nada; todos esos Trippier, Maguire, Pickford,…). Entre otras cosas porque, a diferencia de otros, no busco la quintaesencia del fútbol en un torneo de apenas un mes (y eso para los que llegan a semifinales); jugado al final de una temporada futbolística ya de por si sobrecargada; donde en cada partido existe la posibilidad de irte para tu casa; y todos los futbolistas, sean el último de la lista (estilo como fue Ronaldo al Mundial’94, que no disputó ni un segundo) o la
principal estrella (mirar a nuestro pobre Messi después de cada edición a la que acude), juegan con el congojo de saber que sus aciertos o errores van a tener infinidad de implicaciones emocionales, sociales, económicas y políticas en su país (ya no entro en que te pueda ir incluso la vida, como al difunto Escobar). Si ya en la temporada regular, y en campeonatos ligueros donde las derrotas son bastante menos lesivas, todos los grandes clubes que tienen esos equipos hechos a base de talonario (y aquí no excluyo ni al Barça de Valverde, ni al PSG o el City de Pep, por poner tres ejemplos), que son poco menos que reuniones de FIFA’s XI entrenando juntos a diario, practican en líneas generales un fútbol bastante plano y aburridote, tirando a malo, durante grandes fases del año ¿Qué vamos a esperar de un Mundial o Torneo de la galleta?

Yo la belleza y pureza del fútbol la esperaba cuando era pequeño, todo era inocencia, y así te podían dejar un recuerdo imperecedero esas selecciones inesperadas, que parecían un rejunte de amigos jugando en la Meyland, como la Suecia de Brolin, la Bulgaria de Stoichkov o la Camerún de Milla (y eso que, si ahora me pusiese a buscar sus partidos por YouTube, posiblemente tendría la percepción que practican ese juego lentorro que parece todo el fútbol de antes del milenio, vive la final de Wembley del Dream Team). Pero, como he dicho otras veces, lo que a estas alturas me engancha del Mundial es su capacidad de ofrecerte entretenimiento, distracción y espectáculo televisivo (esas tandas de penaltis con shares en televisión del 70% en países que ni siquiera están implicados), incluso cuando lo que sucede en el terreno de juego es lo menos interesante de todo.

Simplemente decidí ir con ellos porque, si al final el fútbol es un estado de ánimo, pude hacerme una idea (por lo que he estado leyendo estos días) que si Inglaterra ganaba este Mundial se le iba a dar la alegría de su vida a algo así como 3 o 4 generaciones de ingleses, justo como la que tuvieron los franceses en el 98, los españoles en 2010 o los argentinos en el 86 (y más ahí viniendo de todo el tema de la Guerra de las Malvinas). Además, como ni siquiera me sale lo de hacerme el ofendido como europeo porque votaron por el Brexit. Aunque también puede que tuviese algo que ver el, como se dice ahora, ‘soft power’ que ejerció el britpop entre los que crecimos en los 90:

https://twitter.com/GaryLin…

Por cierto, ahora tiene gracia recordar cómo me hacía rabiar en el colegio que las niñas no tuviesen suficiente con los Back Street Boys y los Take That y se apropiasen también de grupos como Blur u Oasis, cantando sus canciones en la hora del patio, para acabar convirtiéndolos en fenómenos de hasta prepúberes.

 

 

 

Los Mundiales y el deporte Rey

Aunque voy a muerte con Messi, me gusta la idea que, por tercera vez consecutiva, coincida que Guardiola está entrenando en la liga del país campeón del mundo.

Curiosamente, hasta que adquirí consciencia política (y esta fue el independentismo), sentía la misma decepción que ahora han sentido los alemanes cada vez que eliminaban a España del Mundial, lo cual no quita que me resultase muy difícil no alegrarme por los 7 culers (+Valdes) que salieron campeones en Sudáfrica: el 94 con el mistu de Julio Salinas y el codazo a Luis Enrique; la cantada de Subi ante Nigeria en el 98, aunque se lo tuviesen merecido por pretender ir de favoritas jugando con 5 defensas + un centro del
campo con Hierro, Nadal y Caminero; y en 2002 con el árbitro aquel egipcio ante Corea (juraría que además el partido fue en un horario horrible, un sábado a las 8 de la mañana). En 2006 ya estaba sudando olímpicamente o, directamente, deseando su eliminación (y más con el precedente de la Euro’04 con aquel desconocido mindundi llamado Iñaki Sáez no sacando ni un mísero segundo a Xavi y poniendo a Raúl Bravo (!) de titular).

Dicho lo cual, también me gustaría que la ganase este año alguna nueva selección (menos, obviamente, Portugal): si ya te puedes hacer una idea de cómo estarían los Campos Elíseos, o la avenida esa del Obelisco, para recibir a la Francia o Argentina vencedoras,
imaginaros lo que supondría para una Bélgica o una Croacia ganar por primera vez un Mundial (si en España subió el PIB un 1% en 2010, aparte del tema de la natalidad), cuando hay países que montan fiestas nacionales por haber alcanzado los Cuartos de final (Costa Rica en 2014) o incluso los Octavos (Algeria, también en 2014, con el añadido que hizo sufrir a la campeona Alemania ).

Al fin y al cabo, y por mucho asco que dé el fútbol de selecciones, los Mundiales son la demostración de por qué el fútbol es, y siempre será hasta la aparición de ese deporte de peli de futuro postapocalíptico con violencia y muertos, el deporte rey, por mucho que lo intenten los birriosos deportes americanos con sus superbowls y sus finales de la NBA: ningún otro acontecimiento -deportivo y no deportivo- es más seguido por la humanidad, ni es capaz de aglutinar la atención de más pueblos, que un Mundial. Después de todo, y teniendo en cuenta que más de la mitad de la tierra lo es, el fútbol también será siempre el deporte de los pobres; ningún otro requiere menos elementos para practicarlo que una pelota (a veces ni eso) e imaginarte que, por ejemplo,
dos montones de ropa tirados en el suelo son una portería.

Por cierto, me pregunto si algún yoyero (sobre todo los catalanes con la veintena o treintena) recuerda una serie de animación que pasaron por el Super3, coincidiendo con el Mundial de Francia del 98, sobre la historia de los Mundiales con un abuelo y un nieto viajando en el tiempo para visitar cada edición (además tenía un opening con una musiquilla muy pegadiza). Mira que, por muy desconocida que sea, siempre encuentras alguna referencia de una serie del pasado (especialmente en YouTube), pero es que de esta no hay nada de nada.

Mundial 2018: Portugal – España

Pese al coñazo del fútbol de selecciones, con sus soporíferas fases de clasificación e insufribles parones, a mí también me gustan los Mundiales, y seguirlos en la medida de lo posible, más allá del tema futbolístico: los estadios (los de Rusia esta edición son particularmente bonitos); ver las tías buenas buscadas por el realizador televisivo entre las gradas con su colorido; toda la geopolítica que desentraña un evento de esta magnitud que, con todas sus corruptelas, hay que reconocer que la FIFA ha sabido organizar y vender muy bien,…

Por otro lado, guardo un recuerdo muy grato del primer Mundial del que tengo memoria (el de USA 94): poder seguir los partidos, mientras cenaba a la fresca en la terraza del apartamento de veraneo en Platja d’Aro, de la Bulgaria de Stoichkov, la Rumanía de Hagi, la Suecia de Brolin y el Brasil de Romario (y pensar, con la temporada tan mierdosa que acabo siendo, que el Barça salió de EEUU teniendo a 3 de los 4 mejores jugadores del torneo + la base de una selección cuartofinalista); hacer la colección de latas de Coca-Cola con la mascota el perro Striker llevando las diferentes banderas; el mítico balón Questra que te vendía Pelé en Pizza Hut;
aquellas camisetas tan molonas de adidas con rombos.
https://i.imgur.com/8ewWOTB…

Teniendo en cuenta, además, que fue el Mundial con mayor asistencia de público en los estadios; los norteamericanos fueron listos y llevaron a determinadas selecciones a jugar allí donde existían descendientes de los primeros inmigrantes venidos de estos países (Italia a Nueva Jersey, Alemania al medioeste, los escandinavos a la zona de los Grandes Lagos, México a California). Y que trajo bastantes novedades para revitalizar un deporte que se estaba quedando anticuado (la prohibición de la cesión al portero con el pie, permitir el fuera de juego posicional, los tres cambios, el nombre de los jugadores en los dorsales, hasta que el árbitro ya no fuese siempre de negro). Se me quedó grabado un SPORT que mi hermano guardó durante mucho tiempo donde, una vez finalizado el Mundial de Italia 90 y haciendo análisis de este, poco menos que ponía que entre la FIFA, los futbolistas y los entrenadores, se estaban cargando el fútbol con tanto juego violento, cerocerismo para buscar directamente los penaltis y planteamientos tácticos ramplones y ultradefensivos.

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Portugal-España.

Fecha: Viernes, 15 de Junio de 2018
Hora: 20:00h
Televisado en: Telecinco

Milan, Madrid y Chelsea de otras épocas

Concrepo en lo humillante que debió ser para aquel Milan, tan y tan favorito, perder la final de aquella forma, y contra uno de los campeones de Europa más insospechados de los últimos 25 años; un raro rejunte de jugadores (los checos que ya vivirían eternamente del cuento de la Euro’04, algunos fichajes españoles de Benítez de dudoso gusto, Djibril Cissé como delantero estrella), comparable al Iván Campo-Karanka del Madrí del 2000. Como bien dices, difícilmente el Barça de Rijkaard, por ejemplo, hubiese levantado cabeza de haber perdido la final de Saint-Denis contra el Arsenal, ni siquiera por un triste 1-0. Y eso que nuestro rival, sin ser el gran Arsenal de dos años antes, que tenía a Vieira y la mayoría de sus muchos jugadores de ataque en mejor estado de forma (Pires, Bergkamp, Ljungberg, Reyes, el propio Henry), era un equipo más compactado y rocoso (Lehmann llegaba con un récord de imbatibilidad y, de Henry para abajo, el plan de juego era básicamente sacrificarse en defensa ¡incluido Hleb!) que el Liverpool de Benítez.

Dicho esto, de la misma forma que al Madrid, por mucho bulto sospechoso que tuviese, le bastó para ganar aquella Champions al Valencia (y eliminar a dos grandes equipos de la época como el ManUtd y el Bayern de los panzer Zickler-Jancker) con disponer de una serie de jugadores entre los 5 mejores del mundo en su posición (Casillas, Roberto Carlos, Redondo y Raúl), aquel Liverpool de 2005 tenía una buena pareja de centrales (Carragher-Hyypia), un muy buen centro del campo (X. Alonso, Gerrard y Hamann), a Riise por la banda izquierda, y Luis García haciendo el año de su vida. Aunque, después de todo, la remontada en aquella final de Estambul se puede explicar porque, tras el descanso, Gerrard se cogió el equipo a la chepa, y lo hizo jugando el resto del partido de lateral derecho (con lo mitómanos que son en Liverpool normal que lo tengan un pedestal, pese al resbalón de 2014 que les costó la que habría sido su primera Premier en una generación). Más o menos como el hecho que la primera final del Madrí contra el Atlético en Lisboa la gana el tercer pulmón de Di María (aiins, si Messi hubiese dispuesto de él en la final del Mundial).

Además, no hay que olvidar que, previamente, el Liverpool eliminó en semifinales de aquella Champions a un Chelsea mil veces mejor que el que acabaría siendo campeón de Europa en 2012, y que sin duda será el mejor equipo que habrá entrenado jamás Mourinho (y
eso que la que gana con el Inter lo hace a base de rejuntar descartados de la Liga como Sneijder, Diego Milito, Motta, Cambiasso, Samuel, el Helmano’o): con aquel entramado defensivo prácticamente inexpugnable con Cech, Gallas, Terry, Carvalho y Makelele; y en ataque Drogba + una serie de mediapuntas/extremos que te entraban como flechas (Lampard, Robben, Duff, Joe Cole, hasta a Gudjohnsen parecía que no le pesaba el culo). De hecho, entre 2005 y 2012 el dominio de la Premier League en Europa habría sido apabullante, con al menos un finalista en cada edición y copando prácticamente los cuatro semifinalistas, coincidiendo con que los componentes de la llamada Big Four tuvieron, en un momento u otro de ese período, sus mejores equipos en 25 años, de no ser por la irrupción de nuestro Barça de Laporta, Ronaldinho, Messi, Guardiola, Xavi, Iniesta,… Lo cual explica el respeto reverencial que, en general, el mundillo futbolístico de las Islas (prensa, analistas, exfutbolistas de la época) tiene por aquel equipo (y, por extensión, por los Barças que, aunque ya sin el mismo nivel, se han sucedido desde entonces) porque, o bien les eliminábamos a sus representantes en la ronda que fuese, o por el contrario eran ellos los que nos eliminaban a nosotros y lo elevaban a la categoría de gran proeza (en Manchester no cagan con el gol que nos hizo Scholes desde fuera del área, y el Chelsea considera más épico que nos venciesen en semifinales que no ganarle la Champions al Bayern en su casa).

El Milan 2003-2007

El Milan que va desde 2003 hasta 2007 fue uno de los mejores equipos de los últimos 20 años (y pensar que un año antes tenían a Jose Mari y Javi Moreno y seguían el potentísimo estilo futbolístico turco) y posiblemente el que más respeto infundía (trajeados todo de negro, gafas de sol talla XL, melenitas italianas al aire). Solo su once titular ya era un auténtico FIFA XI: Dida; Cafu, Nesta, Maldini, Stam; Pirlo, Gattuso, Seedorf, Kaká; Shevchenko, Crespo. De hecho, muchos vinieron a jugar al Camp Nou en aquel amistoso de Europa vs. Resto del Mundo (el último, digno de ello, en una serie de enfrentamientos esporádicos que vinieron haciéndose desde los años 50), en la época aquella en que, a base de partidos benéficos (recuerdo uno entre Palestina e Israel con Sean Connery), parecía que Laporta estaba aspirando al Nobel de la Paz:

https://en.wikipedia.org/wiki/Football_for_Hope

http://hemeroteca.mundodeportivo.com/edition.html?page=1&bd=16&bm=02&by=2005&edition=Barcelona#

Y apruebo la equipación de la próxima temporada; me recuerda a una de las camisetas de centenario más bonitas (la del Milan de 1999), lo cual le da un aire retro (además el año que viene vamos a hacer 120 desde la fundación), aunque el Barça nunca llegó a vestir con tantas barras y tan finas (al menos todas estas tienen el mismo grosor, a diferencia del adefesio de la temporada 2011-12). A lo que hay que sumar el regreso de los pantalones y las medias azul oscuros, si bien, yo sería aún más radical y recuperaría directamente los pantalones blancos de los primeros 10 años de historia del club. Lo único que me toca el voraviu de la futura camiseta es que, por culpa del dichoso diseño que Nike lleva repitiendo desde el Mundial de Brasil, ya vamos a estar 8 temporadas seguidas con las mangas monocolor y sin franjas.

Al respecto, el otro día el SPORT sumaba otra teoría sobre el incierto origen de los colores del Barça: según los descendientes de dos hermanos ingleses que jugaron en los primeros años de existencia del club, el testimonio que estos daban de la elección del azul y el grana vendría de la bandera del Union Jack (incluyéndose el blanco de los calzones), de modo que ya existirían hasta 4 explicaciones distintas: la autóctona (por los lápices de contable de uno de los fundadores empleado en ello); la inglesa del equipo de rugby de un instituto de Liverpool donde habían jugado los hermanos Witty (y que es la que desde el club se defiende como la más probable); y la suiza por los colores del club de Basilea donde previamente Gamper fue capitán (descartada por los historiadores del Barça porque creen que el bueno de Hans, con 21-22 años, era demasiado joven para imponerse en una decisión como está). No sé yo pero teniendo en cuenta que, con el FC Basel, no solo coincidían los colores de la camiseta y los pantalones sino también la distribución de las franjas (mitad y mitad)…

El Tour

No creo que sea el más apropiado para defenderlo, porque el único ciclismo que veo durante todo el año es el Tour (y ni siquiera lo sigo completo, solo las etapas de alta montaña), pero tiene mucho mérito un deporte que, después de todo los temas de dopaje con Armstrong, el equipo Festina, Landis, Rasmussen,… y tener por vencedor a alguien como Pereiro (¿superaría el fúrbol que Costa Rica ganase un Mundial tras descalificación de todos los grandes favoritos?), sigue teniendo un enorme seguimiento y cada vez se internacionaliza más (ya se hacen carreras en África, el Golfo Pérsico, Japon, China, etc).

Además, pocos deportes son capaces actualmente de regalarnos momentos tan surrealistas como el de Froome el año pasado subiendo a pata el Mount Ventoux (desde entonces el keniata es mi foforito) Y, pese a que siempre existirá la eterna sospecha del dopaje, y que el ser humano no puede pegarse 200 kilómetros en bicicleta y subir después dos o tres puertos de primera categoría a base de macarrones y barritas energéticas, esta gente en muchos casos practica su deporte compartiendo su metro cuadrado de competición con gente disfrazada de banana o con el tanga de Borat. Mientras, los pijillos del tenis no pueden jugar si no hay silencio absoluto, entre un público ya de por sí bastante pijo, y hasta el aleteo de una gamba los desconcentra.

https://www.youtube.com/watch?v=5emUuEiKLso

Periodistas deportivos

Comentario publicado el 13/06/2017

Pero hay que ver que fuleros, inútiles y mal profesionales son los periodistas deportivos que siguen la actualidad del Barça, salvo alguna pequeña excepción como Oriol Domènech o Toni Padilla (uno viniendo del fútbol base y el otro siendo antes licenciado en Historia). Comenzando por este Albert Masnou que hoy se permite asegurar que el único encuentro entre Cruyff y Messi tuvo lugar en 2012 en una gala de la FIFA, donde no intercambiaron más que un simple saludo:

http://www.sport.es/es/noticias/opinion/unico-encuentro-cruyff-messi-6101199

Si “Nunca, ni antes ni después de esa imagen en Zúrich, hubo un encuentro, ni que fuera casual” ¿cómo es posible que, con un poco de memoria y San Google, exista esta imagen de un sorteo de la UEFA en Mónaco de 2013, en el que Cruyff recibió un cheque benéfico para su fundación, donde los dos aparecen intercambiando más cosas que un simple hola y adiós?

http://i.imgur.com/tJHzk0k.jpg

Si el periolisto tiene cuenta en twinkels, podéis hacerle llegar la imagen. Por otro lado el tal Albert Masnou es conocido por ser el representante del Grupo Zeta que, junto a Santi Nolla por el Grupo Godó, acompañaban al ‘edmundo dantés’ de Les Corts en sus visitas a Qatar. Incluso diría que durante un tiempo existió una especie de SPORT versión qatarí para el público local.
Todo esto me recuerda a aquella alucinante historia que literalmente se inventó y publicó Joan Poquí en 2011 sobre como los dubaitíes, propietarios de Fly Emirates, obligaron al Arsenal (que patrocinaban) a desviar la dirección del cañón de su escudo para que, en lugar de apuntar a la izquierda lo hiciese a la derecha en dirección a los Emiratos Árabes Unidos (?). Cuando en realidad el cambio del diseño del escudo, y por extensión de la dirección del cañón, se hizo en 2002, momento en que al Arsenal lo patrocinaba una compañía telefónica británica (de hecho, aquel año Fly Emirates a quien patrocinaba era al Chelsea (!)). Todo para hacer ver al lector de Mundo Deportivo que, aunque los del Golfo Pérsico podían llegar a esos supuestos extremos con los clubes a los que patrocinaban, eso con los de Qatar en el Barça no pasaría mientras Sandro Tortell estuviese al frente.

Con semejante clase periodística, no es de extrañar el aborregamiento de la masa culer.