El partit

Tata Martino

No sé quien habló ayer del (pa)Tata MarTIMO y, a medida que pasa el tiempo, cada vez estoy más convencido que, teniendo en cuenta los condicionantes de aquel año, lo más lógico era haber traído al Loco Bielsa en su lugar (desconozco si aún tenía contrato con el Athletic pero, tratándose de un auténtico enamorado de aquel Barça, hasta habría pagado por el trabajo): hubiese entrenado solo esa temporada (Luis Enrique ya estaba apalabrado para la siguiente), con lo cual te aprovechabas de lo mejor de su faceta de entrenador (su capacidad de dar muy pronto buenos resultados), ahorrándote al mismo tiempo lo peor (cómo acaban degenerando todos sus proyectos a largo plazo). Además, era el entrenador perfecto para la transición entre Guardiola y Lucho, al aunar lo más positivo de los dos: la labor psicológica sobre el jugador y el trabajo táctico del primero, y la exigencia física del segundo. Y como buen entrenador comeorejas, al estilo Simeone, seguro que hubiese sacado lo mejor de alguno de los futbolistas que aún estaban por explotar (tal vez Neymar lo habría hecho un año antes; Sergi Roberto dos; o hacer de Bartra un Kaiser de la defensa), como ya hizo con más de uno en el Athletic. Por no hablar de trabajar la táctica y el físico de aquel equipo, pensando que veníamos de aquel
segundo semestre en plan ‘laissez-faire’ por parte de Roura&Altamira, y con el clan ‘moc-moc’ haciéndose dueño del vestuario. Además, ya pecando de egoísta, habría llevado a Messi a estar en su estado más óptimo de cara al Mundial de Brasil.
Pero por el contrario,trajeron a un tío que vino aquí sin tener la más pajolera idea de la idiosincrasia del club (aquellas declaraciones donde dijo que le criticaban porque no era holandés), ni del fútbol europeo. Sin autoridad moral para imponerse al pitorreo que despertaba en los Piqué, Cesc y compañía (la anécdota aquella de que en los primeros entrenos no sabía distinguir a Xavi de Iniesta), cuando precisamente lo que necesitaba toda esa pandilla de vagos malcriados era mano dura, después de conseguir sacarse de encima la exigencia máxima de Pep. Y con los métodos de entrenamiento antediluvianos de Falorosso y Putasso que generaron estupor en una plantilla de élite que venía precisamente de conocer la excelencia técnica en el mundo del fútbol. Así nos fue, que tiramos imperdonablemente a la basura un año de Messi y de Xavi-Iniesta; eliminados en la Champions por el Atlético de Arda Turan (y pensar que en el Camp Nou la gente se lamentaba porque se lesionó y no llegaba a la final de Lisboa), y con aquel indigno tramo final de Liga, sesteando de una forma vergonzosa pese a que Aleti y Madrí nos dejaban volver a engancharnos al título.

Que el del polo pistacho haya sido entrenador del FC Barcelona es una de esas cosas que, los que lo vivimos, seremos incapaces de explicar de aquí a 15-20 años, más allá de que, en realidad, sí existe una explicación, lógica y a la vez absurda: que por aquel
entonces teníamos de presidente a un auténtico memo que quiso fardar ante el sosi y su entorno de amigos, el más vomitivo que jamás he conocido (Collboni, Risto Mejide, Santi Vila,…), de tener contactos con Jefes de Estado.