Crónica

Feliz Navidad, Antonella

Con las vacaciones navideñas a la vuelta de la esquina, una chica argentina suspiraba, tras casi un año sin ver a su familia, por poder compartir la cena de Nochebuena con los suyos. Ciertamente es un problema si tu familia vive a 10.000 kilómetros y tu marido tiene que trabajar dos días antes. Pero algo menor si ese marido está acostumbrado a hacer cosas que serían impensables para el resto de los mortales. El caso es que hace unos días Leo Messi vio tristona a su querida Antonella. Sabía que le haría ilusión. ¿Y qué no harían ustedes por el amor de su vida? La conversación transcurrió tal que así:

“¡Pero por supuesto, gorda! (Antonella no está gorda, aclaro. Es solo una manera cariñosa en la que se tratan los argentos). Lo planifiquemos bien.  A ver. ¿Cuál es el aeropuerto más cercano? Villanubla. ¿Qué es Villanubla? Un pueblo chiquito, ahí nomás a 7 kilómetros del estadio de Valladolid. ¿Y hay vuelo directo Valladolid-Rosario? No. ¿No? No hay problema. Alquilamos un avión privado. ¿Un avión privado para ir a Argentina? ¡Pero debe ser re-caro! Nah, 5.000€. ¿5.000€? La hora. ¿La hora? Y por persona. ¡Y por persona! Pero vamos con los niños, Leo. No hay problema, es lo que voy a ganar en el partido de hoy… Eso sí, tenemos que ganar el partido sí o sí. A los muchachos no les va a caer bien si volvemos a perder puntos y que encima yo me vaya de joda a Argentina. Está bien, ganá el partido como vos sabés que yo te espero en la cafetería del aeropuerto….”

Y Messi, gran marido y mejor padre, no podía decepcionar a los suyos. Salió tan enchufado en la fría noche vallisoletana que todo a su alrededor parecía funcionar bien. Incluso la novedosa defensa con tres centrales que planteó Q-Man cuando es la posición en la que tiene menos efectivos de garantías. Las suplencias de El-Peor-Fichaje-De-La-Historia y de El Hombre Gris, se notaron. Para bien. Sin el Dúo Antidinámico volvió la buena circulación de balón y una asociación Messi-Pedri que es lo más ilusionante de estas navidades para los culés. Se sumaba a la fiesta el De-Jong-Del-Ajax y un Dest empeñado en enseñarle a Jordi Alba que no todos los pases tienen que ser siempre a Messi.

Así, el dominio azulgrana se convirtió en avalancha de llegadas. Y eso, ante un Valladolid que esta temporada no ha dejado ni una vez su portería a cero, era casi sinónimo de gol. Messi, con prisa por finiquitar el partido cuanto antes, puso a prueba a los reflejos de Masip. Estaban al 100%. Y asumió el capitán azulgrana que antes necesitaba afinar su puntería por lo que se dedicó a repartir asistencias. Dos en apenas diez minutos: una a la cabeza de Lenglet y otra de fantasía para que Dest encontrase a Barry White haciendo lo que mejor sabe, jugar de 9.

0-2 al descanso ¿Se podía ir Leo ya al aeropuerto? El duelo parecía sentenciado pero el argentino no se fiaba: el equipo no había hecho aún un partido completo en toda la temporada. Un gol del Valladolid volvería a meter el miedo en el cuerpo. Mejor cerrar el partido, pensó. Y siguió la misma tónica a la salida de los vestuarios con Messi probando todos los ángulos de Masip. Respondió siempre el de Sabadell hasta que no pudo más. Pero tuvo que pedir ayuda Leo a la conducción de De-Jong-Del-Ajax y, sobre todo, al pase de Pedri.  Al canario, que a su comprensión del fútbol le suma calidad individual y un esfuerzo continuo, se le empieza a poner cara de Iniesta.

Con el partido, ahora sí, sentenciado, Q-Man decidió dar descanso a algunos de sus jugadores. Las entradas de Umtiti y Junior ayudaron a igualar un poco el partido pero el brazo mazingerZentiano de Ter Stegen en el disparo de Orellana nos recordó que sí, que Der Heilige siempre está de guardia: no iba a dejar entrar en el partido a los de Sergio González.

Al terminar el partido, Messi se fue directo al aeropuerto. Transpirado. Sin cambiarse. Sin pasar ni siquiera por la ducha. Porque el jet privado tiene baño propio. Y porque Antonella, que apuraba su café en el aeropuerto, no se merecía esperar ni un minuto más.