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Los 400 golpes

La enésima efeméride de Messi enmascara otro duro partido de masticar para el aficionado blaugrana (3-0)

Los 400 golpes es una película francesa de finales de los 50 que supuso el debut cinematográfico de François Truffaut y que está considerada como una de las películas icónicas de la Nouvelle Vague. El título se refiere a la expresión francesa faire les 400 coups, cuya traducción podría ser liarla de todos los colores, refiriéndose a todas las transgresiones del personaje principal, que lleva una vida sin respeto por los usos y costumbres establecidos. También juega con el significado estricto de la expresión, es decir, con la enorme cantidad de golpes que la vida le da al protagonista. Traducido en términos futbolísticos, la película de Messi en la Liga española se podría titular de igual manera: en sus 14 temporadas en la Liga ya las ha liado de todos los colores, sin ningún respeto por las costumbres de un campeonato donde lleva camino de batir absolutamente todos los récords habidos y por haber. Si, al igual que la película, jugamos también con el significado estricto de la expresión, esos son ya exactamente los golpes que ha propinado a sus rivales.

Pero desde luego, el partido en el que marcó su gol 400 en Liga no pasará a la historia como el mejor de Messi; que tocase apenas cuatro balones en todo el primer tiempo solo se puede entender desde un homenaje al Don Gerardo Daniel Martino por su reciente nombramiento como seleccionador de México. Teniendo en cuenta su mítica afirmación: “No nos interesaba que Messi tuviera mucha participación en el juego”, el Tata hubiera estado orgulloso de la primera parte del Barça de hoy donde fue especialmente llamativo observar lo mal que gestionó el equipo la presión adelantada del Eibar. Lo que en otros tiempos hubiera sido un suicidio para el rival, ahora se convierte en sinónimo de peligro ante un más que posible robo de balón. Y aunque era evidente que el Eibar no iba a aguantar 90 minutos con una presión tan alta y asfixiante, no lo era tanto pensar que el equipo local solo dispararía una vez entre los tres palos en toda la primera parte. Chutinho decidió responder a la confianza de Valverde con una gran demostración de clase que Luis Suárez resolvió poseído por el espíritu de Thierry Henry y sus remates con curva al segundo palo. Sobre el brasileño, simplemente añadir que tras esa jugada siguió en su línea cuasi-intrascendente. Lo intentó algo más y, sin duda, le puede ayudar jugar con el equipo titular, pero hay que exigirle muchísimo más.

La segunda parte duró hasta que Arbilla perdió un balón ante Luis Suárez, que inició un contraataque frenético para que, tras apoyarse en Chutinho, D10S hiciese un leve amago antes de sentenciar el partido con un tiro cruzado el partido. Poco después, Luis Suárez siguió afinando su puntería de cara a la vuelta de la Copa, aprovechando un rápido saque de banda de Sergi Roberto, que además sirvió para hacer inservible la última media hora de partido. La enésima efeméride de D10S enmascara otro partido duro de masticar para el aficionado blaugrana. Se puede defender a Don Honesto desde el resultadismo (en Liga y Copa) y la pegada, pero el nivel de juego sigue en una línea que bordea cada vez más la mediocridad.

Recordando a Lucendo

Valverde salió con una defensa con cuatro jugadores que no habían jugado nunca juntos. ¿Qué podía salir mal?

Don Honesto escuchó los cantos de sirena que le reclamaban al Rey de Copas dar excesiva importancia a esta competición en las últimas temporadas. Tras cuatro campeonatos seguidos, se argumentaba que esto suponía un sobreesfuerzo invernal que después se pagaba con un bajo rendimiento en las eliminatorias de Champions. “¡Rotaciones!”, pedía el pueblo. Pero el concepto de “rotar” que Valverde tiene en su cabeza no consiste en ir cambiando un jugador en cada línea y de manera progresiva. Así que, pasó de no dar ni los minutos de la basura en Liga a los canteranos Chumi o Miranda, a meterles a jugar de repente contra los experimentados Boateng, Rochina, Morales o Mayoral. Por si fuera poco, su acompañante en el eje de la defensa fue un recién llegado descarte del Valencia. Una defensa con cuatro jugadores que no habían jugado nunca juntos. ¿Qué podía salir mal?

La frágil memoria del entrenador culé le hizo olvidar que hace menos de un año, en este mismo campo, ya había improvisado una defensa plena de suplentes: su equipo llegó a ir perdiendo 5-1. Cerca estuvo de repetirlo. El Levante salió a dejarse la vida y aprovechó todas las carencias defensivas culés: Cabaco, Mayoral y Boateng se bastaban para dejar a los chavales en evidencia y solo las paradas de Cilessen dejaban la eliminatoria abierta. Acaso los peores minutos que se han visto desde la era Gaspart, porque si lo de la defensa solo cabía calificarlo de esperpento, tampoco tenía justificación la actuación de un centro del campo y un ataque en el que se alineaban, en teoría, jugadores de clase mundial. Jugadores con más experiencia que, si hubiesen tenido el control del partido, la imberbe defensa lo habría agradecido. Valverde completó su “lucendada” señalando clara (y feamente) a los jóvenes como culpables del desaguisado. Si Cruyff le puso la cruz a un canterano de nombre Lucendo tras 90 infaustos minutos en Valladolid, su aprendiz pensó que no debía ser menos que el maestro y dobló la apuesta: se cargó a dos canteranos en la mitad de tiempo.

Párrafo aparte merece el jugador más caro de la historia del Barça: Philippe Coutinho Ferreira, alias Chutinho. Si algún aficionado del Barça se pregunta qué hacer con este jugador, que se siente a hablar con algún amigo filomerengue y que éste le explique lo que se sentía temporada tras temporada con Kaká. El brasileño fue el más claro ejemplo de alguien que, ante la oportunidad de demostrar al entrenador que se equivoca poniéndolo en el banquillo, entra al partido como si fuera un amistoso de pretemporada. Terminó siendo el jugador con más balones perdidos. Nada extraño pues, pese a no ser titular, ya que es el jugador de la plantilla que más balones ha perdido en lo que va de temporada. Con esta competencia, los acomodados titulares pueden estar tranquilos.

Tan mal se puso el partido para los barcelonistas que el 2-0 hasta se daba por bueno y remontable (Messi mediante) en la vuelta. Más aún cuando Mayoral fallaba sólo ante Cilessen el que hubiera sido un (casi) definitivo 3-0. Y minutos más tarde, de nuevo el portero holandés salvaba los muebles a una bROMA de equipo. Sin embargo, al menos uno de los suplentes de los suplentes se rebeló contra su destino: Denis Suárez. Con apenas 20 minutos por delante, salió y activó a su equipo, desbordando en cada balón que llegó a sus pies hasta forzar un penalti en una gran jugada personal adornada con dos magníficas fintas. Cuando Chutinho se dirigía a lanzarlo tras su horrendo partido, afirmaría que muchos culés deseaban más clamorosamente que nunca que un jugador suyo fallase un penalti si eso hubiera significado ponerle el lacito de vuelta a la Premier. Si Kaká volvió al Milán, quizá el Liverpool lo acogería de nuevo en su seno. Pero no, el impredecible fútbol no quiso premiar el gran partido del Levante y el pésimo lanzamiento del peor jugador sobre el campo dejaba la eliminatoria más cerca del Camp Nou. Y Chutinho se queda. Miranda y Chumi no.

Lluvia de Regalos

La segunda parte lo confirmaba: el rocoso Getafe, que solo había recibido cuatro goles en casa, le hacía la vida imposible a la versión B del Barcelona.

 

Siendo 6 de Enero, como todo día de Reyes que se precie, tenían que llover regalos del cielo de Madrid. El primer autonombrado Rey Mago de la noche fue un impostor: el Rey Arturo (Vidal) quien, para hacer felices a los barcelonistas, les quiso traer como regalo el recuerdo de aquella absurda cesión bombeada de Sanchís a Buyo en Tenerife 92. Una especie de carbón dulce. Para suerte del chileno, Ter Stegen maneja los nervios mejor que el de Betanzos.

El siguiente regalo cayó en el área del Getafe: para desgracia de los locales cayó cerca de los pies de Messi. Acostumbrado él a llenar de regalos a los aficionados al fútbol, decidió ocupar por una vez el puesto de niño: corrió por el pasillo azulón, llegó al salón del área pequeña, abrió el paquete y junto a su bota se encontró con su regalo más repetido: ni calcetines, ni coches de juguete, sino otro gol en liga. Aunque lo tenga casi 400 veces ya, sigue siendo un niño al que le ilusiona tanto el último como el primero. Exactamente eso, el primero del Barça en este 2019. También marcó el último del 2018. Y el primero del 2018. Y el último del 2017… Ya saben lo que es este Barça del alfa y del omega rosarino. El Rey Mago del fútbol cambió durante unos minutos el rumbo de un partido que, hasta ese momento, recordaba demasiado a las últimas visitas del Barça a Madrid y alrededores, ya fuese a Leganés o a Vallecas. Tomó el control del partido junto a un gran Arthur y se dedicó a repartir regalos en forma de asistencias hasta que, tras un balón despejado por la defensa del Getafe, cayó del cielo un nuevo regalo rematado con una violenta y perfecta volea por Luis Suarez.

Pero bien es sabido que en este día tan señalado, hay regalos para todos. Así que, antes del descanso, también del aire le cayó el suyo al Getafe: un esférico surca los aires para que un Ángel (no podía ser otro) le cediese el gol a Mata. Una señal inequívoca de que, conforme se terminaba el día, el influjo del único Rey Mago en el campo empezaba a dejar de sentirse.

La segunda parte lo confirmaba: el rocoso Getafe, que solo había recibido 4 goles en casa, le hacía la vida imposible a la versión B del Barcelona, esa que incomprensiblemente pierde el control del partido y que se está viendo en demasiadas ocasiones esta temporada. Los regalos de turno corrieron esta vez a cargo de la defensa azulgrana, especialmente de Jordi Alba, y de los delanteros locales que desperdiciaron varias ocasiones claras, sobre todo la de Mata a puerta vacía. Probablemente algunos jugadores azulones se olvidaron poner sus botas en el salón la noche pasada, así que no hubo más regalos. Las consabidas galletas y leches que se recomienda dejar a sus majestades de Oriente no solo no se las olvidaron sino que se las trajeron al Coliseum, especialmente Cabrera, que se libró incomprensiblemente del carbón tras su tremenda “galleta” a Suarez.

Finalmente, con un traje más de faena que navideño, se quedó el Barcelona con tres puntos de oro (empate del Atleti), incienso (empate del Sevilla) y mirra (derrota blanca) para abrir el último regalo de la noche: campeón de invierno. Como en 11 de las últimas 13 temporadas.

Messi, Valverde y el sorteo de Navidad

Tras muchos minutos de aburrido control, Leo Messi marca su decimoquinto gol en Liga para cerrar el partido y el año futbolístico en Can Barça. El alfa y el omega, que dirían los clásicos, pues ya marcó el primero del año y ahora marca el último, en el día que, de manera oficiosa, se inaugura la Navidad en España. Cabe en ese momento hacerse una pregunta existencial: ¿qué tienen en común Leo Messi, Ernesto Valverde y el sorteo de la Lotería de Navidad?

Si algún lector se pregunta qué tiene que ver todo esto con el Barça-Celta disputado esta tarde la respuesta es nada. O todo. Y al mismo tiempo. Porque ver la propuesta futbolística del Camp Nou últimamente es una invitación a desconectarse absolutamente del fútbol y buscar la respuesta a preguntas tan disruptivas o más que la planteada inicialmente. Quizá otros se planteen otras más relacionadas con el partido como: ¿por qué no juega Arthur? ¿Es grave que Arturo Vidal juegue de titular y no desentone (e incluso que destaque) en el centro del campo del Barça actual? ¿Debemos seguir rajando de Dembelé cuando continúa marcando goles (hoy su séptimo en Liga y abriendo otra vez la lata) y aún no sabemos nada de su padre o de las fiestas de cumpleaños de su hermana? ¿Sabe Jordi Alba hacer un pase de gol a alguien que no sea Leo Messi? ¿A qué equipo de la Premier se podría vender al intrascendente Chutinho y recuperar lo (mucho) que se pagó por él? ¿Por qué con el marcador a favor el equipo cede el balón al rival y se entrega descaradamente al contraataque? ¿Aplaudió el Camp Nou a Aspas como reconocimiento a su calidad o como signo de alivio al ver salir a uno de los jugadores que más goles le ha marcado al Barça? ¿Es normal indignarse viendo que en toda la segunda parte Ter Stegen toca más el balón que Messi?

Pero todas ellas son preguntas sin respuesta y a las que, a buen seguro, Don Honesto tampoco encontrará solución. Sin embargo, para la primera le ofrezco no una sino hasta tres respuestas. Primera: con una(s) bola(s) de por medio, tanto Messi como el sorteo de Navidad son capaces de ilusionar año tras año a millones de personas. Eso sí, si la ilusión en el sorteo nos dura apenas media hora, en Valverde nos dura lo mismo o incluso menos. Segunda: si se analiza matemáticamente, la probabilidad de que te toque el Gordo es tan baja como la de que a tu equipo le aparezca un Messi gratuito en su propia cantera. Aún más remotas son las posibilidades de que con ideas futbolísticas tan retrógradas puedas tener al mejor futbolista de la historia a tu disposición. Y tercera, rizando el rizo de los paralelismos, todos tienen un curioso vínculo con Italia: si de Recanati salió originalmente la familia y el apellido Messi, de Génova importó el Marqués de Esquilache la idea de instaurar una lotería en España al estilo de las que funcionaban en Italia y en Roma se acabó todo el crédito que (alguna vez) tuvo el técnico azulgrana. Pero tan cerca de Navidad, seamos generosos con Don Honesto: tal vez su Barcelona no aporte mucho futbolísticamente, pero al menos nos ayuda a recuperar la memoria histórica de personajes tan singulares como Leopoldo de Gregorio y su famoso motín.

Balones a Will

El astro argentino firmó, con un nuevo hat-trick, su gol 400 en liga y el récord de victorias con el club azulgrana

 

Los lectores más jóvenes tal vez no recuerden la serie ‘El Príncipe de Bel-Air’ (The Fresh Prince of Bel-Air) que se emitió en España entre 1990 y 1996 y que aún conserva un aura de culto entre los aficionados a las andanzas del joven Will Smith, al que su madre envía a vivir con sus tíos millonarios en el barrio de Bel-Air (Los Angeles). En uno de los capítulos más recordados, Will y su primo Carlton juegan para el equipo del instituto, la Bel-Air Academy, en el que Will es la gran estrella del equipo al punto de que durante los partidos el público corea un “Balones a Will”. Ese grito ya forma parte de la jerga de muchos aficionados cuando hay un equipo con un jugador mucho mejor que los demás y cuya táctica pasa porque éste se juegue el mayor número de ataques posibles. Cambiar “Will” por “Leo” es el único modo de entender el planteamiento de Don Honesto frente al Levante, quizá por el recuerdo de que fue el equipo que acabó con la imbatibilidad del equipo la temporada pasada.

 

 

Las bajas de Semedo y Sergi Roberto condujeron a un sudoku táctico donde Dembelé, el jugador más rápido en ataque del equipo, que se encontraba en plena forma, pasó a ser un lateral que no llegaba al área rival y al que fácilmente le cazaban la espalda. Donde Jordi Alba pasaba a ser un mal centrocampista que llegaba menos que cuando juega de lateral. Y donde la zona de creación se centraba en Arturo Vidal, con las incorporaciones del mediocentro Piqué. Si lo han pensado, tienen razón: la expresión “sudoku táctico” puede sustituirse como “desbarajuste”, “caos” o incluso “sindiós”. La suerte de Don Honesto y de los aficionados culés es que el equipo tiene a un “Will” a quien pasarle el balón.

Así que sin que el Levante alcanzase a entender bien cómo sucedió, en un partido que tenía más que controlado y con la posibilidad clara de adelantarse en el marcador tras el disparo de Boateng al larguero, el público local alzó la mirada para observar atónito que el marcador ya señalaba un 0 a 2, por obra y gracia de una jugada majestuosa del 10 que remató Suárez y una carrera meteórica tras asistencia de Busquets que siguió la táctica al dedillo. “Balones a Leo”. Una y otra vez.

Y cuando alguno esperaba una reacción furiosa de los locales en el arranque de la segunda mitad, el alumno más aventajado de la táctica “Balones a Leo” completó su enésima asistencia al argentino. Incluso un recién llegado como Arturo Vidal ya ha interiorizado el sistema: “Balones a Leo” para que éste firmase, con un nuevo hat-trick, su gol 400 en liga y el récord de victorias con el club. La táctica parece sencilla pero por si algún compañero despistado aún no ha entendido en qué consiste, el propio Leo se encargó de ilustrarla: comenzó a repartir pases de gol como los que espera que le den a él hasta que el novedoso mediocentro Pique se incorporó al ataque para dar la razón a su entrenador y firmar una manita que los jugadores del Levante se empeñaron en edulcorar con el famoso gol de la honra. Pero no, ellos no tienen un “Will” a quien pasarle.

“Las cosas buenas tardan en llegar… por eso yo siempre llego tarde”

Una pintada callejera sin firma reproducía la frase: “Las cosas buenas tardan en llegar… por eso yo siempre llego tarde”. A estas horas queda claro que la pintada no era anónima sino que la realizó Ousmane Dembelé (quizá en una de sus noches de insomnio) y a quien ya sólo le falta marcarse un Allen Iverson en una rueda de prensa y cuando alguien le critique por llegar tarde a una sesión matutina soltar un: “Pero si es solo un entrenamiento”.

Tras su enésima falta de indisciplina, Don Honesto decidió no castigar (más allá de la multa económica) al extremo francés y le incluyó en un once inicial lleno de oportunidades: para que los canteranos Miranda y Aleñá comiencen a memorizar un himno que a buen seguro se aprenderán, para que Arthur volviese a xaviear como antes de la lesión y para que Munir confirme que no tiene absolutamente ninguna motivación por luchar por el puesto de Luis Suarez. Ousmane, por su parte, respondió a su entrenador como mejor sabe hacer esta temporada: con goles. Nueve ya esta temporada. O más bien ocho goles y el golazo de la noche: tras birlarle el balón al inexperto Walker-Peters al que después le saca tres metros por cada dos que corren, deja sentado a Winks con un recorte a la altura de un gobierno comandado por el FMI para finalmente batir por bajo a Hugo Lloris. Algún malintencionado argumentará que, con dos horas menos de entrenamiento, es normal que estuviera más fresco. Veamos la botella medio llena: cuando luce esa frescura al francés se le empieza a poner cara de Samuel Eto’o.

Todo lo contrario que a Chutinho, espeso y desaparecido durante 44 minutos para terminar la primera parte con una jugada de crack que casi acaba en gol. Y tres cuartos de lo mismo en la segunda parte para volver a deleitar con una jugada de lujo que acabó en el palo ¿Suficiente? Tal vez en un partido intrascendente como el de hoy. Mal día para coger confianza cuando, además en el otro equipo llevaba la batuta un danés, de apellido Eriksen, que bien podría, e incluso debería, ocupar su lugar. Si el director deportivo del Tottenham entiende español castizo se lo digo bien claro: a pelo.

El otro nombre propio positivo del partido fue el de Cilessen. Sin duda, el mejor portero (suplente) del mundo. El holandés le negó el empate a los ingleses una y otra vez con varias paradas messianicas que hacen difícil entender que haya decidido continuar una temporada más en el banquillo cuando varios equipos de Champions tienen dificultad para cubrir ese puesto. Solamente queda sentir pena hacia el bueno de Jasper por haber coincidido en tiempo y lugar con el gigante MATS. Sus numerosas intervenciones, especialmente en la segunda parte, fueron consecuencia de la excesiva relajación de sus compañeros y el ataque desesperado de un Tottenham obligado a apretar el acelerador al recibir las noticias que llegaban de Milan y que lo dejaban fuera de la Champions. A cinco minutos del final, una buena jugada de Kane por la izquierda terminó con un centro a Lucas Moura para que el brasileño fusilase a Cilessen. La solicitud para erigir una estatua en la Piazza del Duomo en honor a Jasper ya ha sido cancelada.

Apunten este nombre: Leo Messi

El que se presumía como el derby de la ciudad condal más igualado de los últimos años no fue tal, por obra y gracia del recientemente proclamado quinto mejor jugador del mundo: un canterano culé al que aún desconocen muchos sesudos analistas deportivos mundiales, incluido el de Comores. Ya es mala suerte que un periodista que no existe, de un medio de comunicación que está cerrado, no haya podido ver partidos como éste para poder votarlo.

El chaval argentino, que apunta maneras de crack, sentenció el partido en apenas media hora. Un recital de fintas, amagos y cambios de ritmos culminados con un perfecto lanzamiento de falta a la escuadra, con una asistencia tras salir de un enjambre de defensas españolistas para la definitiva recuperación de Dempelé, con otra asistencia a Luis Suárez que solo el palo evitó que fuera gol y con un remate al palo para recordarle a Pelé que también sabe rematar de cabeza. En la segunda parte se tomó un merecido descanso y se limitó a colocar otro balón de falta en la escuadra como quien se sirve una taza de café. Quizá el año que viene algunos consideren que este chaval pueda optar al Balón de Oro. Calidad tiene. Apunten este nombre: Leo Messi.

La actuación estelar del 10 azulgrana opacó en parte el buen trabajo colectivo de todo el equipo: con un Rakitic presionando más que los últimos dos meses juntos, con un Semedo incorporándose con criterio al ataque, con un Luis Suárez fajándose y marcando un gol de la nada e incluso con el buen hacer de Arturo Vidal, quien parece haberse creído ya su puesto de titular, recordando por momentos a aquel todocampista que deslumbró en la Juventus. Se hace difícil criticar hoy a Don Honesto cuando por primera vez en varias semanas ha sabido colocar a Chutinho en su mejor puesto: el banquillo. Tal vez cuando deje de trotar, de sobar el balón, de defender con la mirada y partícipe más sin pasar 85 minutos desapercibido hasta marcar un gran gol, podrá optar a ser titular. Si Dembelé entendió el mensaje, el brasileño no debe ser menos.

Un partido plácido donde todo salió a pedir de boca frente a un Espanyol que, en plena crisis de resultados (4 derrotas seguidas) al menos no sacó las malas maneras vistas en recientes derbys e intentó al menos marcar el consabido gol del honor. Pero por salirle bien, hasta el VAR le salió de cara al Barça: el único gol del Espanyol fue anulado desde Las Rozas, permitiendo por primera vez en mucho tiempo, dejar la portería de Ter Stegen a cero. Cabe tan sólo preguntarse por qué un equipo que hoy jugó de manera tan compacta sin Arthur, sin Sergi Roberto, sin Umtiti y sin Coutinho, no tiene continuidad y que de haber seguido la línea de hoy desde el principio de la liga, y viendo el rendimiento de los demás equipos, casi tendría la Liga sentenciada.

MisterChip (Alexis)

@2010MisterChip

– Messi ha marcado 19 goles de falta directa en La Liga en los últimos 4 años, más que cualquier equipo (con todos sus lanzadores) de cualquiera de las 5 grandes ligas en ese mismo período de tiempo.

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MisterChip (Alexis)

@2010MisterChip

Más goles de falta directa en las 5 grandes ligas en los últimos 4 años:

24 Barcelona (19 DE MESSI)

18 Juventus.
14 Lyon, Real Madrid y Roma.
13 Bayern.
12 Sampdoria, Monaco y Paris Saint-Germain.
11 Chelsea, Liverpool y Milan. pic.twitter.com/SF1iHoW5jc

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Un partido ¿sin historia?

De un partido de vuelta de primera ronda de la Copa del Rey entre un equipo que juega la Champions League frente a uno de Segunda B con resultado favorable al primero, la definición más probable es que sea un partido sin historia. Así fue en su mayor parte lo que se vio en el Camp Nou con un Barça plagado de suplentes y apenas tres jugadores del filial, por aquello de no arriesgarse a hacer un Cheryshev.

Sorprendentemente, la Cultural, sin nada que perder y con jugadores que probablemente jugaron y jugarán su primer y último partido en el Camp Nou, salió a por el triunfo, lo que permitió que, al menos durante 15 minutos, los 80.000 espectadores (muchos de ellos también en su primer y último partido en el coliseo blaugrana) disfrutaran de un buen espectáculo. El primer remate de Mancebo, desbaratado por Cillessen, logró el doble objetivo de abortar cualquier ilusión leonesa y despertar a sus compañeros: entre Rakitic y Denis Suárez construyeron una jugada de tiralíneas para que Munir sentenciase el partido cuando apenas se cumplía un cuarto de hora.

El gran disparo desde fuera del área de Denis Suarez a la base del poste, apenas cinco minutos después, metía el partido ya de lleno en la no-historia. Que Malcom, otro de los aventajados suplentes, firmase el 3-0 y siguiese con su pleno de aciertos en esta edición de la Copa, no mejoró la no-historia pero sí la hizo más amena.

Una no-historia que continuó viendo jugar minutos de más a Busquets, como si el bueno de Sergio no tuviese una carga suficiente de partidos. Hacerle jugar en un partido absolutamente intrascendente solo se entiende si el objetivo del mismo es que los periodistas pudiesen incluir un párrafo en su crónica por el simple y curioso hecho de ver a dos Busquets juntos en el medio del campo. Se le agradece a Don Honesto el pensar también en los sufridos cronistas en partidos como el de hoy.

Pero finalmente, esta no-historia se convirtió en historia con el debut del anhelado Riqui Puig, un canterano que cuenta con el beneplácito de la grada después de sus pocos pero ilusionantes minutos en la pretemporada. Debutar con un gol en contra al poco de entrar en el campo no amedrentó al chaval, que decidió devolver la expectativa a la grada con un pase picado para que Denis Suárez lograse su doblete. Si Riqui confirma lo que anuncia, tal vez esa asistencia convierta un partido sin historia en un partido para la historia.

Elegí un mal día…

No es de extrañar que se viera a un Messi ausente contemplando cómo su Barcelona ha pasado de ser un equipo dominador a un equipo especulador.

 

Pese a la buena hora del partido, un clima agradable para un inicio de diciembre y un rival a priori interesante, solo 70.000 espectadores se dieron cita en el Camp Nou: una señal más de que al aficionado culé cada vez le produce más rechazo el fútbol especulador de este Barça. Y el arranque del partido no invitaba a traer más público: si Guardiola se consagró el día del 2-6 del Bernabeu poniendo a Messi de falso 9, Don Honesto pareció decidido a descubrir la pólvora poniendo a Arturo Vidal en esa posición. Por supuesto, no funcionó. “Elegí mal día para dejar de fumar”, diría Lloyd Bridges si hubiera estado en la grada.

Sin embargo y en honor a la verdad, no fue el chileno lo peor del equipo. Tampoco lo era el denostado Paulinho en muchos partidos de la pasada temporada. El centro del campo completó un partido acorde a sus actuaciones individuales. Desde Busquets, que implora ya un relevo tras nueve años jugando absolutamente todos los partidos, a Rakitic, absolutamente irreconocible y sin rastro del colíder de Croacia en el pasado Mundial. Pero sobre todo Chutinho… ¿qué decir del fichaje más caro de la historia del club? (a falta de los siempre oscuros datos en torno a la adquisición de Neymar). “Elegí un mal día para dejar de tomar tranquilizantes”, balbucearía el bueno de Lloyd viendo que la primera y única acción relevante del brasileño se produjo en el minuto 70. Además terminó en nada y, nuevamente, si no marca, se convierte en un elemento decorativo intrascendente. Al menos en la otra banda, el renacido Dembelé decidió echarse el equipo a la espalda y ya apunta a ser ese puñal en la banda que necesita el equipo: de su bota izquierda salió el centro para el cabezazo a gol de Piqué que animó al equipo. Lamentablemente no lo animó a jugar al fútbol, sino a replegarse en su área. Del 75-25% de posesión antes del 1-0 se pasó a un 52-48 después. Los fríos números se vuelven contra Don Honesto.

No es de extrañar que se viera a un Messi ausente contemplando como su Barcelona ha pasado de ser un equipo dominador a un equipo especulador. La segunda parte jugando al contraataque en casa, haría exclamar a Mr. Bridges: “Elegí mal día para dejar de oler pegamento”. Viendo el aire nostálgico del capitán, uno juraría que tiene unas fotos en su mesilla de noche de Xavi e Iniesta, y todas las noches les reza y llora. Algo ha pasado en la cabeza de D10S pero desde que volvió de la lesión no es el Leo que todos conocemos. Partido mediocre aunque nuevamente se sacase de la chistera una asistencia de locos para Aleñá, tan solo reservada a los genios: con un mismo pase nos descubre un gol que no existía y una estrella en ciernes. Si dudan de esta afirmación, recuerden aquella asistencia de Ronaldinho que anunció la llegada del Messias. La resolución de la jugada por parte del canterano anuncia el posible nacimiento de una estrella y quizá sea la única posibilidad de no retomar los hábitos de fumar, beber, tomar tranquilizantes y oler pegamento. Precisamente el día que habíamos decidido dejarlo.

Si Quevedo levantara la cabeza

Cualquiera que perteneciese a la famosa estirpe del “calendario mental culé”, antes de hacer planes siempre miraba en primer lugar a qué hora y qué día jugaba el Barça. Dicha estirpe ahora se encuentra en vías de extinción, espantada por el nivel futbolístico del equipo, y ya sólo se preocupa realmente si se trata de un partido ante un rival mínimamente importante.

El PSV, atractivo en su tiempo para la parroquia azulgrana por cortarle las alas europeas a la Quinta del Buitre y por ser vivero de futuros Balones de Oro, ya no se encuentra en esa categoría. Así que ver a Messi o futuribles fichajes se antojaban como únicos motivos válidos para soportar el juego que Don Honesto va proponiendo partido a partido. Ni siquiera la manita al eterno rival sirve ya de escudo: ahora mismo una simple camiseta azulgrana es suficiente para golear al Madrid.

Que en la primera parte de Eindhoven el Barça dispusiera sólo de tres ocasiones, todas a balón parado, y que dos de ellas fueran a cargo de Arturo Vidal resume en una simple línea los primeros 45 minutos. Si la camiseta amarilla hubiera llevado el escudo del NAC Breda, la diferencia habría sido imperceptible.

Pero el NAC Breda no tiene al mejor jugador de la historia en sus filas: decimoquinto partido de la temporada y decimoquinto gol (azo) de Messi, con una jugada que él mismo arrancó en el medio del campo. Queda para la estadística también la media asistencia de Dembelé que no hace sino aumentar el debate de por qué se piensa en traspasar a un jugador con unos números tan llamativos como sus fiestas. La pequeña exhibición (para él) de Messi se cerró con una asistencia a Piqué para el 0-2. Quien siga a D10S habitualmente sabrá que ese saque de falta fue hecho a propósito.

Con el partido aparentemente resuelto, no pudo faltar la emoción final tras el infaltable y más que merecido gol del PSV: 20 partidos oficiales en lo que va de temporada y solo cinco equipos no han sido capaz de encontrarle las cosquillas a esta insegura defensa. Imaginar este partido, en las eliminatorias, contra un equipo mediano o grande produce vértigo. Ni siquiera hace falta imaginarlo: basta recordar la noche del Olímpico de Roma. Y los números de la temporada pasada en Liga eran bastante superiores a los de esta. Y también se goleó al Real Madrid. Y el juego era similarmente mediocre.

Tal vez para los culés de nueva hornada, hablar mal de un equipo ya clasificado para octavos de final de la Champions y que obviamente disputará la liga, “solamente” porque su fútbol no enamora, pueda parecer una queja muy dura. ¿Acaso es necesario pedirle a Quevedo que lo haga con unos poemas para que no parezca tan cruda? “Historia de la vida de Valverde llamado don Honesto; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños”.

Érase un entrenador a un Vidal pegado.
Con D10S atrás y el chileno adelantado.
Érase un aburrimiento superlativo.
Érase un sindiós táctico, una espesura,
Érase un somnífero masivo.
Triste extremeño de cara tuerta
Si gastas otra Roma quizá te den puerta.