Yoyalodije

Victoria con arritmia

Lo más llamativo del comienzo del partido no fue ni el peinado gretathunbergiano de Griezmann ni el pantalón indefinible de Pique en la grada, sino la intensidad con la que empezó el Barça: lejos del sopor de otros partidos se apreciaba velocidad, presión, ganas y una defensa donde, casualmente o no, solo estaba uno de las protagonistas de las tenebrosas noches de Champions.

El dedo acusador de Q-Man mandó a Lenglet al rincón de pensar. Solo falta que el holandés sea el primero en darse cuenta que Sergi Roberto no es lateral, cuando este vuelva de su lesión.

Busquets, ayudado por la presión del resto del equipo, parecía rejuvenecido y hasta sorprendido de ver que muchos jugadores conectaban fácilmente unos con otros, especialmente con Messi, que parecía encontrar por fin un socio en Pedri. En cada acción, el canario nos recordaba que si él juega nadie va a echar de menos al Peor-Fichaje-De-La-Historia. Pero el buen juego, y las ocasiones que se derivaban de él, no se traducían en goles: con Messi atravesando la mayor crisis goleadora (que no de juego) de su carrera deportiva, el equipo acusaba nuevamente la falta de pólvora. De ello se aprovechó una Real que, llegando como co-líder, quería demostrar que era un equipo grande y lo aparentó: primera llegada y gol.

Los precedentes de la temporada en los que el equipo culé no había sido capaz de remontar en ningún partido, no invitaban precisamente al optimismo. Pero el juego sí. Porque el equipo no sintió el golpe: llegaron los mejores minutos de Q-man en el Barça desde 1992 y, ahora sí, con goles. El primero fue en un 90% obra de Messi, creando una jugada de la nada para que Alba recordase que, a veces, puede chutar a puerta. Pero para el de Hospitalet parece que lo de centrar es algo innato: a los pocos minutos volvió a buscar la asistencia y esta vez encontró a De-Jong-Del-Ajax. Un 2-1 al descanso que bien podría haber sido un 4-1.

El buen juego tuvo su continuidad durante los primeros instantes de la segunda parte hasta que llegó la cardeñosada de El Hombre Gris. Tal vez la táctica de Antuan era que hoy solo se hablara de su peinado: buen intento Flanders. Porque es que hay que rebuscar muy mucho en la centenaria historia del club para encontrar un jugador que, vestido de azulgrana, haya fallado una ocasión similar. ¿Dugarry? ¿Amunike? ¿Bogarde?

El no-gol que hubiera sentenciado el partido, sumado al cansancio acumulado, hizo bajar el ritmo. Q-Man volvió a sacar su dedo y señaló las trenzas de El Hombre Gris. Trataba el holandés de insuflar aire, pero cada cambio empeoraba, y mucho, la cosa. Aleñá sigue sin dar el nivel mínimo exigible. Trincao se empeña en recordarnos que nunca hubo un gran jugador que saliese del Sporting de Braga. Y que él no va a ser la excepción. Tal vez lo mejor del portugués sea su agente. Y Pjanic… ya sabíamos que había jugado sus 100 mejores partidos. Lo que pasa es que seguramente hayan sido 200.

Cada minuto que pasaba se cedía un metro a una Real que rondaba el gol aunque Der Heilige, siempre de guardia, volvía a hacer su milagro habitual con una doble parada. El partido que debiera haber terminado con tranquilidad para el aficionado culé, acababa con la arritmia de al su equipo nuevamente metido en el área. Sin embargo, a los de Imanol les pesaron tanto la solidaria defensa azulgrana como el muro de la historia: el año que viene se cumplirán 30 años de su última victoria en el Camp Nou.