Crónica

Huyendo de la quema

Comenzaban el partido los de Q-Man con tres puntos de diferencia respecto al último clasificado. Por ello, el partido debía marcar si ya era hora de empezar a mirar hacia abajo o hacia arriba. De entrada, el Levante ganó la batalla psicológica: salió de bianconero. Echando sal en la herida. Le faltó a su delantero Roger ensayar mejor los desvanecimientos en el área para provocar penaldos que desestabilizasen más (aún) al Barça.

Porque hay cierto run-run de que a los jugadores blaugrana no les acaba de convencer el sistema de Q-Man. El famoso “hacer la cama”. La insistencia del holandés en el mismo sistema y en los mismos jugadores (El Hombre Gris y 10 más) ya solo puede tener dos explicaciones: o es él el que le está haciendo la cama a los aficionados o quiere pasar las navidades en su Zaandam natal.

Barry White por la izquierda. Messi entre la media punta y el delantero centro. El Hombre Gris por la derecha. Y el-Peor-Fichaje-De-La-Historia en algún lugar indeterminado del terreno de juego donde no moleste demasiado. Tal vez era un 4-1-4-1. Quizá un 4-3-3. Acaso un 4-2-4. Difícil saberlo desde fuera pero a veces da la sensación de que los propios jugadores tampoco lo saben. En medio de ese desconcierto, el Levante estuvo a punto de golpear primero lo que, en esta temporada, es sinónimo de puntuar. Pero Ter Stegen, evitaba el desquicio definitivo de su equipo.

Porque el ataque local volvía a ser lento, predecible, pastoso… A eso se le suma que Messi se ha empeñado en superar a Cristiano Ronaldo en ser el jugador que más faltas directas ha lanzado sin marcar (65 por 127 del portugués). Y que la estrategia en los corners se reduce a buscar el gol olímpico o a sacarlos en corto cuando este tipo de acciones deberían estar prohibidas… El encierro voluntario del rival facilitaba las llegadas azulgrana en las que Aitor reclamaba una futura internacionalidad. Al descanso, más ocasiones que juego: se merecía el gol pero el juego era nuevamente de pañolada, de haber habido público.

La entrada de Pedri en la segunda parte sembró la duda: ¿Lo que dinamiza el juego azulgrana es la entrada del canario o la salida de Busquets? Se embotellaba al Levante, como al Alavés o al Cádiz pero las ocasiones solo las seguía fabricando el de siempre. No era un Messi excelso pero sí suficiente para transmitir que él era el único capaz de marcar. No paró de intentarlo el 10 y a la décima encontró la colaboración de los dos únicos compañeros que le aportaron algo: Barry White, que seguía corriendo por él y por todos sus compañeros, recuperó un balón para que De Jong demostrase que no se le ha olvidado jugar al fútbol. Su asistencia la culminó el argentino como solía hacer.

Pero aún quedaba un cuarto de hora. Eso era tiempo más que suficiente para mostrar todas las carencias de este Barça: incapaz de manejar el tempo del partido, de esconder el balón, de aguantar la presión de un equipo en zona de descenso… Y por si fuera poco, Q-Man se puso el traje de David Vidal: sin ninguna vergüenza decidió terminar el partido encerrado en el área con tres centrales. Acusarlo de cobarde es injusto: sacar al actual Umtiti para apuntalar cualquier defensa se puede calificar de total temeridad. Samuel, a punto estuvo de imitar a su compatriota Lenglet, con un posible penalti que, de haberse pitado, no habría sorprendido a nadie. Al final, tres puntos que alejan al Barça de la zona de descenso: el sueño de la Europa League, más cerca.