Crónica

Con la chavalada a octavos

No estaba el Barça aún clasificado para octavos de final. Ni mucho menos había asegurado el primer puesto del grupo. Pero a la vista de una alineación digna de un partido sin nada en juego, quedó claro que Q-Man quería transmitir dos mensajes: el primero es que, ante un calendario tan sobrecargado y una plantilla tan corta, es necesario rotar en cualquier partido. Y el segundo es que, cuanto más gente pida que juegue Riqui ENP (El Niño Prodigio) menos jugará el chaval. Ha quedado claro que el técnico holandés demostrará a la mínima ocasión que en el vestuario mandan sus rubiales dídimos.

Ciertamente se notó la falta de cohesión de un once muy alejado del titular y la primera parte fue una oda al zapping, una loa a la modorra. Hace 10 años, partidos así eran la excepción que confirmaba la norma. De un tiempo a esta parte es justo todo lo contrario. Más de media hora se tardó en registrar un disparo a puerta. Fue Trincao, con un disparo tan flojo como el inicio de su carrera en el Barça. Junior Firpo, por su parte, reafirmaba que ha olvidado mirar en su cromo de Panini que es lateral, limitándose a pasársela a Chutinho. El brasileño volvió a demostrar su extraña capacidad de hacer SIEMPRE un toque más de los necesarios. Es la antítesis de Pedri, en resumen. En el lado positivo, un buen debut del veterano-canterano Mingueza, cuyo lenguaje corporal recordaba en ocasiones a Chigrinsky, acaso por jugar en Ucrania. Colaboró en su actuación el mal partido del Dynamo de Kiev, muy alejado de la frescura que su equipo alternativo mostró hace unas semanas en el Camp Nou.

Una buena ocasión local al comienzo de la segunda parte despertó a la chavalada azulgrana, hoy de negro y oro. El equipo se acordó de presionar con sentido arriba y los rápidos robos de balón comenzaron a tener consecuencias. Preasistencia de Pedri para que, por primera vez en la historia del club, un estadounidense marcase. Más allá del gol, las constantes subidas del lateral derecho lo convirtieron en Simply the Dest en el partido. Menos de 5 minutos después, córner que bota Aleña, prolonga el Chigrinsky de Santa Perpètua de Mogoda y Barry White demostraba que es lo más parecido a un “9” que tiene este equipo. Con todas las lecturas que tiene eso.

Bandera blanca por parte ucraniana. Carrusel de cambios. Carro del pescado. Y última media hora llena de debuts curiosos: el de Konrad confirmaba que el fútbol en Estados Unidos sigue creciendo. El de Matheus, con un estilo de trote a lo Phoebbe Buffé, servía para recordar la cantidad de fichajes sospechosos que ha realizado el club en el último lustro. Que el equipo termine un partido de Champions con una pareja de centrales formada por Junior Firpo y Mingueza lo dice todo de la planificación del club. O más bien de su ausencia. Pese a todo, la profesionalidad de Barry White no bajó un ápice: forzó un penalty que el mismo convirtió. Vino para ser el Larsson de esta década y sigue convencido de que puede serlo: ya ha marcado más goles fuera de casa en Champions que Luis Suarez en las últimas 5 temporadas. La goleada la cerró El Hombre Gris, hoy suplente, en el tiempo de descuento. Su festejo confirmó que, en parte, tenía razón: puede comer en la misma mesa que Cristiano Ronaldo. Concretamente en la de celebraciones vergüenzajenísticas.