Yoyalodije

Road to Lisboa

Corría el minuto 80 cuando el polaco Milik marcaba el momentáneo 3-2: el Camp Nou enmudecía. Esta vez, en sentido figurado. Porque aún quedaban 10 minutos por delante y la sombra de Manolas era muy alargada. Y porque el poco futbol que se veía en el césped lo estaba poniendo el Nápoles. Ver para creer. El supuesto adalid del cruyffismo tenía a su equipo encerrado en el área durante toda una infame segunda parte. Guardándose todos los cambios para el final con el único objetivo de perder tiempo. Y para más burla al espíritu de Johan, enfrente estaba un equipo entrenado por Gattuso. Ni en un universo paralelo se daría una paradoja similar.

Pero el VAR, muy activo toda la noche, anulaba el gol y devolvía la tranquilidad a los sufridos culés. Eso que no hacían más que preguntarse por qué, quedando 10 minutos de partido y con el equipo una vez más hundido físicamente (futbolísticamente ya está en la fosa de las Marianas), no se hacía ni un solo cambio. ¿Por qué no entra Ansu? ¿Riqui ENP estaría cansado de NO jugar el play off de ascenso con el B? ¿Por qué? ¿Pur qué? En la rueda de prensa podríamos encontrar el decálogo de respuestas de entrenador mediocre: “Esos jugadores son demasiado jóvenes.” “Les falta calle». “Hace falta más oficio». «Nos comerían los veteranos de los demás equipos». «Están a medio hacer». «Hace falta más oficio. (Otra vez)”. “La veteranía importa en los partidos grandes». «No se puede dejar el equipo en manos de unos imberbes”. «Hace falta más oficio». (Una vez más). “Les falta coger experiencia». «Tienen mucho que aprender todavía».

De nuevo, un doble lateral derecho Semedo-Sergi Roberto. Ese mismo que ya demostró su fiabilidad en las noches de Roma y Liverpool. De nuevo Rakitic, pese a que su fuelle físico no alcance ya para más de 30 minutos. Titularidad indiscutible para Luis Suárez quien, como un agosto cualquiera de un año sin pandemia, llegaba absolutamente fuera de forma. ¿Y qué decir del Hombre Gris? Ya no quedan adjetivos que no impliquen denuncias por delito contra el honor. Tal vez, y dado que esta temporada no se va a entregar el Balón de Oro, el objetivo oculto del Ezquerro francés sea competir con Hazard por el galardón de “Peor fichaje de la temporada”. Sin duda, Antoine quiere aprovechar hasta el último minuto. 130 millones de euros. Ciento treinta.

Y así llegaron las previsibles consecuencias de seguir confiando en los jugadores que han naufragado TODA la temporada. Encefalograma futbolístico plano. Sufrimiento con la presión del rival, por tenue que sea. Y confiar en seguir exprimiendo la inagotable fuente de milagros llamada Leo Messi. Por supuesto, el genio rosarino respondió marcando el segundo gol “a lo Messi”, haciendo un tercero mal anulado por el VAR para compensar la falta en el primero de Lenglet y forzando el penalti de un Koulibaly que varaneó demasiado con el balón. No quiso abusar y le cedió el lanzamiento a Luis Suárez para que el delantero justificase su presencia en el partido. 3-0 en el minuto 40 y, pese a todo, el equipo sufrió para estar en la Final a 8.

Veinte minutos de Messi. Eso es todo lo que el Barça puede ofrecer para respaldar su candidatura en Lisboa. Porque si uno revisa los cuartofinalistas de la competición, concluirá sin mucho titubeo que este Barça es el que peor fútbol ha hecho de todos ellos. Es difícil imaginar una afrenta mayor al legado de Cruyff. Y en el horizonte se presenta un Bayern con ansia de triplete en lo que más parece ser una batalla naval entre un galeón del siglo XVI y un portaaviones atómico. Road to Lisboa, sí, pero los hados del fútbol vaticinan que el viaje terminará en las casas colgantes.