Crónica

El Barça de Luxemburgo

A verlas venir y a aguantar el 0-0 durante el previsible arreón local. Así arrancó el equipo azulgrana en San Mamés: fiado a sus dos mejores jugadores, portero y goleador. Entre bostezos y cabezazos, uno trataba de recordar equipos con un “patrón de juego” similar y el primero en venir a la cabeza fue aquella versión del Madrid del cuadrado mágico que jugaba a caballo entre Casillas y Ronaldo (el bueno) con la nada misma en el medio.

Ya se puede decir quién es el auténtico referente de Don Honesto: ni Clemente ni Cruyff como se especulaba en algunos corrillos, sino Don Vanderley Luxemburgo da Siva. Fiel a las enseñanzas que el carioca dejó en su paso por la liga española, el once culé continuó como en la mayoría de los partidos de la era Valverde, aplicando con tesón un cuadrado tan mágico que se convertía por momentos en invisible. La magia comenzaba con un Rey Arturo, reverso tenebroso del Rey Midas, convirtiendo en basura todo lo que tocaba cual Gravesen de la vida. Continuaba el espectáculo con la transformación de Chutinho en el inigualable NiNi, el que ni ataca ni defiende: como Beckham, nunca debió haber abandonado las islas británicas. Y terminaba con la fantástica desaparición de Busquets y Rakitic. Es irreversible, no volverán. Por delante del cuadrado mágico, Luis Suárez imitaba cada vez más a Raúl: por muchos goles que haya marcado y su alta dosis de entrega, no se puede vivir eternamente del comodín “con lo que nos ha dado”.

Si el cuadrado mágico no era suficiente, el entrenador azulgrana siguió a rajatabla la filosofía de su referente: “En el fútbol moderno no hay que jugar por las bandas”. Ni Malcom ni Dembelé de inicio. Y por si alguno pretendía saltarse el guion colocó a Semedo, en su mejor momento, a pierna cambiada. El No-Lateral que es Sergi Roberto, recordó los mejores momentos del otro Raúl. Bravo.

La mágica táctica la refrendarían los dos de siempre. Por un lado, Ter Stegen. Podría empezar a ser bautizado como “Der Heiliger” (El Santo) por sus repetidos milagros casillescos como los que hizo ante el disparo a la escuadra de Susaeta, la chilena de Raúl García y, sobre todo, la parada a bocajarro a Williams en la segunda parte. El alemán cumple sobradamente su rol en este planteamiento luxemburguesco.

Y por el otro lado, se confiaba el ataque al de siempre que, aún convaleciente del ataque de “las fuerzas del mal”, no quería comprometer los importantes partidos venideros. Al 50% de su capacidad, las arrancadas y regates de Messi fueron suficientes para crear las únicas oportunidades de su equipo. Sin embargo, San Mamés se quedó sin comprobar si Herrerín es portero o no para el Athletic ante un rival de primera categoría: solo recibió un solo tiro a puerta entre los tres palos. La ausencia del gol de Messi fue el único error de este “perfecto” planteamiento. Mientras, Vanderlei, desde el otro lado del charco, sonreía viendo con orgullo el partido.