Crónica

Malcom hizo un Vinícius

Dicen que los equipos se acaban pareciendo a sus entrenadores. Así que es hasta cierto punto lógico que este Barcelona se acabe pareciendo a Don Honesto Dos Caras Valverde. Ese que alterna en su interior el haber convivido algunos años con Johan Cruyff pero aún más con Javier Clemente. Y tras las clementadas de León y Vallecas, hoy tocó la versión cruyffista. Lo que hace sospechar no ya solo del temperamento de Don Honesto, sino de la actitud de los jugadores.

Una primera parte casi para enmarcar, en la que Luis Suárez, cuya ambición y ganas no se ponen en duda, se echó el equipo a la espalda. Pero se empeñó el yorugua en hacer internacional a Handanovic (ya lo es con Eslovenia) y parece contagiado por ese espíritu bipolar de su entrenador. Solo así se entiende que ese cañón que es en la Liga se convierta en una pistola de fogueo en la Champions. Ya hace tres años de su último gol en Champions fuera del Camp Nou. Poco le ayudó en el ataque Chutinho: todavía no se ha dado cuenta de que regatearse a uno mismo no aporta nada más que desesperación en quien suscribe. Otro partido más donde si no marca no deja nada reseñable. O tal vez sí: estrelló más de la mitad de sus disparos contra los defensas interistas. Y algo más aportó Dembelé, la apuesta del día en sustitución de Rafinha, que solo cabe interpretar en cabe cruyffista dado el gusto del holandés volador por los extremos.

El excelente juego blaugrana de esta primera parte se redujo a simplemente correcto en la segunda aunque siempre con la sensación de que se jugaba a lo que Arthur quería. Pero los caminos de Don Honesto NO son inescrutables. Y apareció su cambio favorito: Arturo por Arthur. “Oh vaya, no me lo esperaba”, diría el sarcástico de turno. Más sorprendente fue aún el cambio de extremos, en lo que suponía el debut del brasileño Malcom en la Champions. Bendecido cual Vinicius de la vida, en su primera intervención en el partido, llego el amago y el gol. Desde el banquillo, Don Honesto no se creía lo que acababa de ver y su rostro mostraba una expresión cercana a un “Pero si sólo le he dado 10 minutos y va y marca… ¿ahora cómo le dejo fuera de la convocatoria otra vez?”.

Gol que parecía sentenciar el partido pero que el karma futbolístico se encargó de nivelar: si en Vallecas le dio tres puntos inmerecidos, hoy le quitó una victoria que debió ser aplastante. Por obra y gracia de Mauro Icardi. Algunos calificarán su gol como una maniobra de auténtico 9. Otros argumentarán que dejar sentado a un no-defensa como Sergi Roberto tal vez no tenga tanto mérito.

Sin embargo, la noticia del día no sería ni la buena actuación del equipo ni la confirmación de la clasificación para octavos. En el vestuario del Giuseppe Meazza, ya se pudo ver la camiseta de D10S y el brazalete de capitán sobre ella. Vuelve.