Crónica

Messi

Se ganó el partido (2-4) y, objetivamente, la victoria nunca peligró, aunque esa renta escasa de 0-1 durante 70 minutos de partido intranquilizó. En general, el Barça controló el partido, incluso en su pájara en el tramo final de la primera parte, pero sin la autoridad y la suficiencia habitual. El partido era el que era pero se temía más por lo que podía acabar siendo, el accidente ya conocido y sufrido otras veces, y no por méritos del Zaragoza, rival más engorroso que peligroso, sino por deméritos en forma de errores incontrolables del Barça. Es más, el Barça jugaba a todos los números de la victoria fácil pero esas ocasiones marradas y esa superioridad sin alardes insuficientemente mostrada en el marcador eran la tónica de un partido extraño y de contrastes insatisfactorios para el culé. Messi, a los cuatro minutos de juego, encaró el marcador, tranquilizó el partido y detonó todo lo anterior. Un Barça de estilo menos Barça sin Xavi – lesionado – e Iniesta – banquillo – en el 11 titular, y que daba la alternativa al músculo, a la presión y a la opción de las segundas jugadas con el tridente Busquets, Touré y Keita. Individualmente, todos correctos, hasta excelentes alguno de ellos, pero incapaces de generar para el colectivo ni la fluidez deseada en el juego ni el toque ni la pausa necesaria para ejercer la tiranía dominante del control y la posesión del balón. Para olvidar, la descomposición colectiva de los últimos 15 minutos de la primera mitad de partido: balonazos largos sin sentido y amedrentarse tras la tímida, aunque adelantada, presión rival. En todo lo demás, un Barça correcto sin más, dentro de un guión entre complaciente y mediocre, suficiente para ganar, pero sin esa chispa de emoción o ese rastro de genialidad que trascendiera lo que era un partido vulgar en algo mítico para recordar.

Y en esas apareció Messi. De hecho, Messi siempre está, pero cuando ejerce de chispa, de explosión y de punto y aparte hacia la gloria en un partido, sabemos que algo grande, para su historia particular y la del equipo y para la memoria y felicidad de la culerada, acontecerá. Messi regaló luz, emoción, talento, grandeza, belleza, épica y genialidad a un partido que se gana el derecho a pasar a la hemeroteca gracias a su actuación. Porqué lo de este chico, que acostumbra a la normalidad lo extraordinario y que tritura con su facilidad genial cualquier reto, regate, conducción, acción, pase o gol, no es de este mundo. Orgulloso, insaciable, ambicioso, ganador, superando partido a partido todos los registros y recursos inimaginables para demostrar a todo el planeta, si es que hace falta tal demostración de grandeza, que es el mejor jugador del mundo y que su techo no tiene límites. Lo que puede ser Messi en el futuro asusta. En lo que se refiere al presente, dos goles de bandera – el primero de éstos, entre los cinco mejores de su carrera – que rompen el partido a favor del Barça y que magnifican unas estadísticas en lo particular simplemente alucinantes: 2 hat tricks seguidos en Liga, 11 goles marcados en sus últimos 5 partidos jugados, 11 goles denominación de origen de los 14 últimos goles marcados por su equipo. Esto es Messi, un genio entre genios, un futbolista superior. Y a la vez ejemplar, modélico, generoso, humano. Porqué el detalle de cederle el lanzamiento de penalti a un desafortunado y desquiciado, cuando no hundido anímicamente, Ibrahimovic – su partido en Zaragoza dará que hablar -, a costa de renunciar a la gloria de un cuarto gol y meter más presión a Wayne Rooney en su lucha por la Bota de Oro, lo honra como persona y nos emociona con la misma intensidad que su más bella lección de fútbol.

Messi, en definitiva, fue toda la trama del partido (inicio, nudo, desenlace) porqué él también fue el causante de su final, loco: con un Zaragoza que aprovechó el extasiado impacto emocional que causó en los suyos para situar un vertiginoso 2-3 en el marcador y para provocar un penalti del cual se convirtió en protagonista absoluto sin necesidad de anotarlo. Esto es Messi, así es Messi. A veces, sólo él es todo el fútbol. Cosa de genios y elegidos, dicen, carácter diferencial de los más grandes. Disfrutémoslo, pues, por él por si solo merecerlo pero, sobretodo,  por ser uno de los nuestros.