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No está hecha la miel para la boca del As, no

Ni tampoco para la del Marca, tan perdido como su rival de ventas pero sin el ingenio necesario para liderar la toponímica revuelta. El Barça juega y gana, sigue y no para. Voracidad pura, alimentada por la mayor comunión de talento que se le recuerda jamás a un equipo. Poco se puede hacer ante eso.

Los notables equipos también deben saber comportarse en estas circunstancias. Tuvo que hacerlo el florido SúperDepor de Arsenio ante la inercia del Dream Team, el sólido Valencia de Cúper ante el carácter de Champions de Raúl o la Quinta del Buitre frente al devastador Milan de Maldini y los holandeses. La grandeza también se mide en estos envites.

Fueron grandes estos equipos porque no perdieron el tiempo buscando excusas y coartadas. Siguieron trabajando y esperando que llegara su momento. Y este llegó. No habría llegado si, en vez de pulir defectos y potenciar virtudes, hubiesen tirado de negación, si hubiesen hecho del acuse al prójimo su modus operandi, su tarjeta de visita.

Enmedio del vendaval de juego culé, con un renacido Iniesta, un sostenido Xavi, un imbatible Valdés y un imparable Messi, la meseta tebeo-deportiva sigue empeñada en marcar las cartas. Nada es lo que parece. Los otros ganan con trampas y yo a pesar de ellas. De momento Madrid compra. Y España?

Cualquier campaña que se precie (ya sea electoral o escrotal, como la que nos ocupa) debe encaminarse a convencer a puñados de indecisos y a algun que otro escéptico. Los convencidos, como su calificativo indica, ya lo están, por lo que el beneficio de alzarlos en armas bordea el cero relañero.

Es más, lo bordea por abajo pues tanta pasión unidireccional acaba por cimentar lo local en perjuicio de lo global. El sportinguista-madridista de Gijón se siente más lo primero que lo segundo si la campaña blanca se lo lleva por delante sin venir a cuento y con la caza del culé como pretexto. Lo mismo vale para el racinguista, el pucelano o el zaragocista.

Relaño está cocinando para pel resto de provincias la misma receta que se indigestara hace tiempo en Valencia a golpe de Mijatovic y traición, de Florentino y evangelización, de Ushiro y Nage. De momento lo está bordando, aumentando ventas en la capital y cabreos fuera. Donde el Madrid se juega la Liga, por cierto.