Crónica

Muchos puntos, poco juego

Volvió el Barça a la senda que le ha caracterizado durante toda la temporada: la de la irregularidad. Ni rastro del buen juego exhibido contra el Madrid ni de la concentración ante un rival menor como fue el Ceuta. La vuelta de Xavi a su clásico 4-3-3 con extremos, no le funcionó, como ha sucedido en todo lo que va de temporada. Cierto es que las continuas lesiones y sanciones tampoco ayudan a que el equipo tenga continuidad, pero tras años de fichajes y varias palancas sigue haciendo daño a la vista ver a Sergi Tormento como lateral derecho titular. Tanto como que, en algún momento del partido, coincidan en el campo las Trillizas viudas de Piqué.

Se encontró el Barça, además, con un Getafe tan batallador como necesitado de puntos. Con 5 defensas, sí, pero con un gol anulado por fuera de juego al poco de empezar que solo fue el primer aviso de que los madrileños, lejos de tratar de aguantar el resultado, iban a contragolpear a la mínima ocasión. Y frente a esa defensa cerrada, el ataque azulgrana no acabó de carburar en ningún momento. Y se intuía desde el inicio que el primer gol, si es que llegaba, costaría.

Porque Ansu retrocedió dos pasos en su esperado regreso a la élite, completando un pésimo partido en su intento de hacer las funciones de Lewandowski. DembeLOL, por su parte, volvió a dar la de arena. O la de cal, porque nunca se supo bien cuál de las dos era la mala y cual la buena. Como las piernas del francés. Ousmane es un Ferrari y un Twingo a la vez, con todo lo que eso implica. A veces desborda a los rivales, pero sus compañeros tampoco saben bien lo qué va a hacer: desestabiliza a propios y ajenos. Muchos culés sueñan con esa rueda de prensa donde Xavi explique porque bebe los vientos por él. Del tercero de a bordo, Raphinha, tampoco se puede hablar mucho mejor. No mostró nada más allá de una buena asistencia que aprovechó Pedri para inagurar el marcador. 55 millones de euros siguen pareciendo demasiados para un abrelatas puntual.

Un Pedri que, pese al gol, tampoco se pareció al que deslumbro en la final de la Supercopa. Porque casi acto seguido perdió un balón que pudo costar el empate. Suerte para él, que Ter Stegen lleva de guardia toda la temporada: si su equipo no ha recibido goles en 13 de los 19 partidos de liga es, en gran medida, gracias a que el alemán se ha vuelto a soltar la melena.

Nada mejoró tras el descanso. Más bien empeoró. El paso de los minutos y la ausencia de ocasiones comenzó a desatar las sospechas: se apostaría por el resultadismo.La entrada de Kessie por Raphinha confirmó todas las malas intenciones: había que asegurar el 1-0. Un Kessie que tuvo la mejor ocasión para sentenciar un partido que se le hizo largo, casi eterno, a los azulgrana. Finalmente, los tres puntos se quedaron en Barcelona,pero con la sensación de que el equipo podría y debería jugar mucho mejor. Parece que a Xavuregui le va bien así. Lo cual, en clave blaugrana, suele ser una buena receta para el desastre.