Crónica

Un paso adelante y dos atrás

Decía Xavi tras la eliminación en la Champions que era el momento de cambiar cosas. La única consecuencia real a simple vista es la de mandar a un proyecto de lateral estadounidense al Dest-ierro. Porque, de ser ciertas sus palabras, volver a ver a Piqué y a Busquets de titulares (y a Jordi Alba con seguridad si no estuviera lesionado) roza ya la tomadura de pelo al culé medio.

La ligerísima y cada vez menos apreciable mejora en lo colectivo se diluye por la falta de nivel físico, técnico, o de actitud —elijan la que más rabia les dé— en la mayoría de posiciones y deja al equipo ante un escollo absolutamente insalvable. De la eterna imprecisión de DembeLOL a la nefasta toma de decisiones de Frenkie DecepJong, pasando por los controles de pinball de De Tronk que solo pueden servir para insuflar moral a todos aquellos tuercebotas que aspiran a jugar en Primera: si De Tronk puede, tú también.

Así, eran nuevamente los chavales los únicos que mostraban tensión en cada jugada. Y gotas de calidad. Como la que mostraron Gavi y Nico para cocinarse ellos solos la jugada del primer gol. En el resto de posiciones se perdían todos los duelos individuales, balones divididos y cualquier objeto volador identificado. Para muestra el botón del gol del empate: David García rematando más solo que Figo en el día del amigo culé. Puede que algunas de estas cosas se mejoren con trabajo, pero el tumor permanecerá hasta que se extraiga en su mayor parte. Al descanso, tablas con el poco fútbol y la mucha intensidad que cabría esperar de un partido digno de equipos de media tabla: concretamente el undécimo contra el octavo.

La segunda parte siguió por los mismos derroteros con tres chavales semi-adolescentes manteniendo a flote al equipo. Mención especial para Abde, empeñado en demostrar durante todo el partido que lo mejor que le puede pasar a este Barcelona es que Ousmane desaparezca de la plantilla. Si es en el mercado de invierno, mejor. Tres partidos le han bastado al marroquí para mostrar mejor actitud, entendimiento del juego y desborde por habilidad que ese que dicen que es mejor que Mbappé. El gol que ponía por delante a su equipo hacia justicia con quien más y mejor lo había intentado. Sí, pecó en ocasiones de individualista, rememorando por momentos al Judas portugués con su encare chepil. Pero es que el fútbol es un juego de equipo y para entonces el chaval ya se había dado cuenta de que detrás de él hay gente, pero no equipo.

Conforme se pasaba el ecuador de la segunda parte, el conformismo parecía adueñarse de los azulgrana. Y si se criticaba a Q-Man porque en un partido así hubiera apostado claramente por amarrar el resultado, ¿cómo llamar a quitar un centrocampista —Nico— para meter a un defensa —Mingueza—? Otro adalid del cruyffismo que, en vez de ir a por el 1-3, trataba de asegurar los tres puntos. Añádase a ello el volver a dar minutos a Chutinho, cuyos highlights en 10 minutos se resumieron en perder un balón en el medio del campo por falta de intensidad y en un mal despeje en defensa para que el Chimmy Ávila ratificase eso que se llama Justicia Futbolística. La Tronkinha final —penoso intento de pseudochilena— augura que el drama podría no tener límite.