Yoyalodije

Comienza el Apocalipsis

Apocalipsis. Del griego “correr el velo”. O del latín “revelación”. Un tipo de relato en el que se intenta mantener la fe y la esperanza de los creyentes en tiempos de crisis y dificultad. Tratan de desvelar el final de una historia oculta pero la revelación siempre es pesimista con el presente, con multitud de imágenes negativas, donde parece que el mal lo domina todo y se está condenado a un fracaso total. Sin embargo, esto es solo apariencia porque, en el fondo, se es optimista con el futuro: solo hay que esperar el regreso de D10S. Y son muchos los Messistas del Séptimo Balón de Oro que anhelan un regreso triunfal del irrepetible dentro de dos temporadas.

El caso es que la alineación inicial del Barça parecía seguir dichas líneas apocalípticas: todo mal. Sin Ter Stegen. Con la sempiterna titularidad de las vacas sagradas. Con banquillazo para Araujo. O con más minutos para Pedri. Pero si el chico no ha acabado las obras de la Sagrada familia… ¿cómo va a tener tiempo para jugar? El pitido inicial alejó algo el pesimismo y comenzaron algunos pasajes de buen fútbol, especialmente durante la primera media hora.

Messi, en el recuerdo. 

Con Messi desaparecido, fue Memphis-Tennessee el más vistoso y con ganas de agradar: una “Antonela inversa” (regate patentado por el pucelano Antonio Gil) recordó a Edmundo en el Mundialito 2000 y fue un aviso a navegantes. Se puede estar recién llegado y aparecer más (mucho más) que El Hombre Gris. Ahora que no está Messi, alguien podría afirmar que Griezmann no tiene excusa para no aparecer: en realidad nunca tuvo una buena excusa para vestir de azulgrana.

El buen juego duró media hora, tiempo en el que la Real volvió de sus merecidas vacaciones y comenzó a equilibrar el partido. Quien más quien menos pensaba que esta película ya se había visto muchas veces el año pasado: media hora buena (20 minutos en diciembre o apenas 10 minutos en febrero) para hundirse físicamente después. En esas llegó De Jong y puso el balón en el segundo palo para que cualquier rematador de cabeza marcase. Cualquiera que no sea El Hombre Gris, se entiende. Fue Barry White el que siguió reclamando su sitio en la plantilla con ese gol y con el tercero, aprovechando  un balón suelto en el área como haría cualquier delantero con chispa. Grupo en el que, efectivamente, tampoco entra El Hombre Gris. Como idea loca, tal vez en vez de buscarle lugar en la Premier al danés, quizá sea el momento de convencer a alguien de las bondades de tener a todo-un-campeón-del-mundo en tu plantilla. Porque no es precisamente el bueno de Martin el que está lastrando al club.

 

 

“Partido sentenciado”. Acaso una de las frases más repetidas en las crónicas azulgranas recientes. Pero era imposible dejar de ver como Pedri, troticochineando en el centro del campo desde los cuartos de final de los Juegos Olímpicos, seguía hipotecando su segunda vuelta. Tal vez sea algún tipo de apuesta personal sobre el récord de partidos seguidos sin descansar. Y el miedo a que el cansancio, un gol en contra, o los churricambios de Q-Man estaban ahí, flotando.

Así que cuando parecía un buen momento para dar sus primeros minutos a la nueva hornada de chavales, el holandés especialista en enervar a la grada, decidió dar entrada a Sergi Tormento. ¿No quieres tres tazas de vacas sagradas? Pues toma cuatro. Salir el canterano y gol en contra, todo en uno. Y para demostrar que se estaba en la misma línea de los últimos meses, pájara mental que aprovechó Oyarzabal para meter el segundo y sembrar el pánico. No solo entre los jugadores. El propio entrenador en primer lugar. Magureguiando decidió meter a Lenglet por Memphis-Tennessee. El penalti de Clement a dos minutos del final apenas se pagaba a 1.01 en las casas de apuestas. Y ya no estaba Messi para arreglar los desaguisados.

Por suerte para su equipo, alguien tomó nota en el único año que compartió vestuario con él: gran asistencia de Barry White para, ahora sí, cerrar el partido. Al final va a resultar que no era al Hombre Gris a quien no dejaba brillar el dictador argentino, sino a Barry White: dos goles y una asistencia.