Crónica

Sin hoguera, pero con petardos

Era una noche de San Juan atípica, sin hogueras, pero al menos se vieron algunos fuegos artificiales sobrevolando el estadio. Para acompañar la fiesta, también se vio algún petardo dentro del mismo. Vestido de azulgrana y con el número 17 a la espalda, concretamente. La titularidad de El Hombre Gris, empieza a tomar tintes irritantes. Cuando uno piensa que el francés ha llegado a su tope de inoperancia e intrascendencia futbolística, aparece la magia de Antoine: es capaz de desaparecer por completo.

Pero ¿acaso no es más culpable quien insiste en confiar en un jugador a quien parecen haberle cambiado los botones de la PlayStation? Decía un proverbio clásico que “Es propio del hombre errar y peculiar del necio perseverar en el error…”. Y el Pasiego, como su precursor en el banquillo, insiste en apostar por las vacas sagradas sin solución de continuidad. El resultado: ni juego fluido, ni desborde, ni rapidez de toque… Las (escasísimas) ocasiones, si es que se pueden denominar así, partían siempre de arrancadas de Messi desde el centro y todo quedaba supeditado a la inspiración del mejor jugador de la historia. Así, hasta un Athletic plagado de suplentes, fue capaz de aguantar un 0-0 sin problemas en una primera parte donde los bilbaínos dispusieron de mejores situaciones de peligro. Porque los tiros de Semedo y Luis Suárez no calificaban como tal: acaso respondían algún reto viral de las redes sociales consistente en chutar a puerta y golpear el banderín de córner. Si era así, ninguno lo superó.

Al menos es innegable que este es el Barça de la regularidad: aburre igual en cada partido. Tras tres meses sin fútbol, algún aficionado culé pensaba que ver un partido de su equipo cada tres días iba a ser el planazo del verano. “En su cabeza era espectacular”, diría aquel meme popular de la red. Porque ahora que se especula que, tal vez pueda volver parte del público antes de terminar la temporada, hay que pensar si con este nivel de juego, llegar al 30% del aforo no es ser demasiado optimista.

La segunda parte no apuntaba mejoría alguna: Arthur decepcionaba un día más. Era sustituido, tal vez, para no bajar el valor de su venta, de ser cierta esa oferta de la Juventus por él. Luis Suárez, por su parte, seguía viviendo en constante fuera de juego. Parece que en sus casi cinco meses de ausencia, al uruguayo, se le ha olvidado la existencia de la regla número 11.  Afortunadamente, Setién no se olvidó esta vez de que podía hacer cambios y, en este equipo geriátrico, las entradas de Riqui ENP (El Niño Prodigio) y Ansu Fati fueron un soplo de aire fresco. Aportaron una velocidad al equipo inversamente proporcional a su edad y el equipo se quitó varios años de golpe. Un apunte: 20 segundos fueron los que tardó Ansu Fati en crear más peligro que El Hombre Gris en todo el partido.

La movilidad de dos jugadores era algo completamente novedoso en el equipo, al punto de que varios veteranos parecían pensar “Ah, ¿pero se puede correr? ¿No te sacan tarjeta por hacer eso?”. Incluso se animaron a probar. Un Rakitic, recién salido y rejuvenecido, se decidió a imitar esos movimientos tan innovadores de los dos zagales. “Correr”, dicen que lo llaman. Y funcionó: el croata llegó desde atrás y recogió una asistencia-casi-sin-querer de Messi para batir a Unai Simón. El empujón final del Athletic apenas inquietó a los locales lo que dejó el único dato para la esperanza blaugrana en esta liga: en las cuatro jornadas disputadas, Ter Stegen aún no ha recibido ni un gol.

Terminado el encuentro, se pudo continuar viéndolo repetido, con solo cambiar de canal: algún hábil programador eligió para La 2 “El Crepúsculo de los Dioses”. Las palabras de Piqué “va a ser muy difícil ganar esta Liga” cobran ahora otro significado: uno ya no se sabe si es más difícil ver al Madrid perjudicado por el VAR o que este Barça sea capaz de ganar ocho partidos seguidos.