Crónica

Mala suerte, Klopp: en este templo hay un D10S

Cómo puede un equipo jugar tan bien en el Camp Nou y volverse a Inglaterra con un 3-0 en contra?

A uno le hubiera gustado entrar en el vestuario visitante nada más acabar el partido y escuchar la conversación de Klopp con sus jugadores. Seguramente algo así: “¿Qué hemos hecho mal?”, diría el histriónico Jürgen. “Si hemos presionado hasta la saciedad”, gritaría, sin aliento, Henderson. “Se ha jugado el partido exactamente a lo que quisimos nosotros”, exclamaría Fabinho. “Ni sé la de veces que hemos llegado hasta su área”, comentaría Milner. “Los estábamos volviendo locos en cada arrancada”, reclamarían a dúo, incrédulos, Mané y Salah.

¿Cómo puede un equipo jugar tan bien en el Camp Nou y volverse a Inglaterra con un 3-0 en contra? Tal vez invocando repetidamente a la mala suerte. La prensa comenzó el conjuro: “El Barcelona nunca ha eliminado al Liverpool a doble partido”. Lo continuó el entrenador: “El Camp Nou no es un templo del fútbol”. Y lo remató la caverna madridista: “Sí, Messi ha marcado a todos los equipos grandes de Inglaterra, sí, sí… pero al Liverpool nunca”. El técnico suabo habrá comprendido lo que es un templo sin techo: alberga a un D10S tan descomunal que le quitaron la cubierta para que su divinidad, que sigue creciendo y creciendo, no se golpee la cabeza.

Y es que, en definitiva, un equipo que cuando juega bien golea y cuando juega mal también lo hace, es un equipo tocado por los dioses: es lo que tiene tener a uno en tu equipo. Porque a ese D10S se agarró el Barça una vez más. Se esperaba un partido muy físico y a Don Honesto le brotó su lado clementista: declaración de intenciones con titularidad de Arturo Vidal. Y, por supuesto, nueva titularidad de Chutinho. Tal vez sea una estrategia para igualar los partidos —entiéndase como una manera de compensar el efecto Messi— o acaso ese habitual fichaje fracasado que se acaba convirtiendo en el “amuleto de la suerte” para ganar la Champions: ¿el nuevo Anelka? ¿la reencarnación de Ramires? Ambos marcaron goles decisivos en el partido de vuelta de las semifinales. Anfield será la última estación para Philippe porque el brasileño no solo no decepcionó nuevamente esta noche sino que rozó el esperpento, convirtiéndose casi en un jugador más del Liverpool.

Cierto es que el único balón con criterio que tocó en todo el partido sirvió para hacer tambalear al Liverpool: apertura para la llegada de Jordi Alba y centro del lateral para que Luis Suárez inaugurase su cuenta particular en esta Champions. Más vale tarde que nunca. Los ingleses —es un decir, ya que solo había dos— acusaron el golpe como ese boxeador que se lleva un guantazo inesperado sin saber por dónde le ha venido. Salvados por la campana del descanso, tomaron aire, salieron redoblando la apuesta y exigieron la mejor versión de la hoy muy concentrada defensa azulgrana, obligando también a Der Heilige MATS a realizar dos paradas messiánicas Y la parte cruyffista de Don Honesto salía a relucir en forma de flor: los pétalos eran del tamaño de dos Heliodoros Rodriguez Lopez juntos y su tallo casi tan grande como Riazor. Ataque embarullado, rechace de un defensa, Luis Suárez remata con la rodilla al larguero y el balón le cae —qué mala suerte— a quien más quiere “esa copa tan linda”: Messi hacía el segundo a puerta vacía. Incrédulos, los jugadores del Liverpool miraban como el marcador ya reflejaba un 2-0, momento que aprovecharon para ver en esa misma pantalla la repetición del enésimo milagro del gran dios del templo azulgrana. El Liverpool ha mejorado el nivel de su portería pero hubiera necesitado a Allison y a Karius juntos para detener ese tiro libre a la escuadra. Por si hacían falta más señales, en la siguiente jugada, el palo le recordó a Salah su desventura al cruzarse con equipos españoles en la Champions. O quizá en eso consiste la mala suerte: que solo hay un equipo que tiene a Messi.

Ya otean los azulgrana la final de Madrid pero no está de más recordar que si el Benfica tiene la maldición de Bela Gutman (nunca ganarán un titulo europeo sin él), el Barça tiene la de Johann Cruyff: nunca ha ganado el club una Champions League jugando a verlas venir. En una semana sabremos si hay un duelo en el olimpo blaugrana.