Crónica

La tabla del 1

El Barcelona, sin apenas jugar a nada, sabía que antes o después Messi marcaría. Esto es más fácil que la tabla de multiplicar. Concretamente la del número 1.

El Espanyol tenía un plan: entregar el balón, defender lo más ordenado posible, cerrar espacios y no dejar jugar al Barça. Un planteamiento que, históricamente, ha dado resultados a algunos entrenadores, la mayoría de los cuales no tuvieron que enfrentarse a Messi. La excepción la cumple José Mourinho, capaz de eliminar al mejor Barça de la historia, D10S incluido, si bien para ello hubo de contar con la inestimable ayuda de un volcán islandés y un árbitro portugués. Ahí empezaban las primeras fisuras del plan espanyolista: con el dinero del millonario chino propietario del Espanyol quizá se pueda convencer a un Benquerença de la vida, pero no activar un volcán.

Además, aunque los pericos eran el peor visitante de la Liga (solo 9 puntos fuera de casa) y que Messi había anunciado a bombo y platillo que lleva con molestias todo lo que va de año, Don Honesto hizo oídos sordos y volvió a eludir las rotaciones, poniendo a “los mismos cabrones de siempre”. Como concesión de cara a la galería y acaso para compensar la ventaja de jugar con un marciano se permitió el lujo de dar una nueva oportunidad a Chutinho. Empiezo a pensar que las charlas entre Don Honesto y Chutinho se asemejan a las de Dilbert, el personaje de comic, con su jefe: “Don Philippe, con Messi ya nos basta para ganar los partidos, pero por esas cosas de la reglamentación necesito poner 11 jugadores. Así que usted deambule por el campo lo que quiera, que yo le mantendré en el once titular simplemente con que no mate a nadie.” La respuesta de Don Philippe fue contundente: “No puedo prometerlo”. Se hace difícil recordar a un jugador azulgrana con más oportunidades (desaprovechadas) que este brasileño. Viendo el vaso medio lleno, podemos pensar que al menos servirá como referencia para futuros fichajes millonarios fracasados. “Vaya Chutinho nos han vendido”.

Nuevamente con 10 jugadores de inicio, el Barcelona continúo con su aburrida y plana línea de juego de gran parte de la temporada: ni presión, ni asociaciones rápidas, tan solo sensación de rutina. Por la hora del partido, parecía una oda a la siesta. La única conclusión positiva de la primera parte fue que la Masía aún funciona. Aunque Valverde les dé la espalda y siga sin dar continuidad a los nuevos canteranos (porque Piqué, Busquets y Messi son ya canteranos Gran Reserva), la mejor ocasión de los primeros 45 minutos fue de un jugador salido de la Masía: el remate en propia puerta de Victor Sánchez.

El subgénero lírico de los bostezos continuó aumentando aún más en la segunda parte mientras Messi paseaba por el campo, cabizbajo, acaso afectado nuevamente por el síndrome que le ataca con su selección o porque ya no sabe cómo decirle a su entrenador que no debe jugar TODOS los partidos o llegará nuevamente fundido a los partidos clave. Aun así, un poco de Messi es mucho para el resto de mortales: penalty-falta en la frontal del área y toque a lo Panenka por encima de la barrera. Víctor Sánchez certificó el gol: la Masía siempre presente.

Partido finiquitado, pues parecía evidente que el Espanyol no tenía plan B, por lo que la grada pudo filosofar hasta el final del partido: ¿Lei Wu, el primer futbolista chino de la historia que juega en el Camp Nou es una operación de marketing o como diría Johan Cruyff “tiene el quelitat infidual”? ¿Cuál es el mejor fichaje de la temporada culé: Arthur, flojito hoy, o Lenglet, soberbio toda la temporada? ¿Por qué Malcom sólo ha jugado 5 minutos en los últimos 10 partidos y su compatriota parece disponer de patente de corso? Porque fue precisamente Malcom el que cerró las preguntas filosofales, disfrazándose de Jordi Alba por la banda y asistiendo a Messi, para que, nuevamente el de siempre cerrase el partido. El Barcelona, sin apenas jugar a nada, sabía que antes o después Messi marcaría. Esto es más fácil que la tabla de multiplicar. Concretamente la del número 1.