Crónica

Simplemente, diga Messi

Sublime. Extraordinario. Excelente. Magnífico. Estupendo. Soberbio. Admirable. Fenomenal. Grandioso. Formidable. Espléndido. Excepcional. Asombroso. Pasmoso. Fascinante. Deslumbrante. Esplendoroso. Fabuloso. Fantástico. Extraterrestre. Sobrenatural. Excelso. Majestuoso. Insigne. Perfecto. Magnífico. Insuperable. Magistral. Sensacional. Genial. Celestial. Simplemente, diga Messi. Es hora de adjetivar este apellido y que sea un sinónimo más de todas las palabras anteriores. Imagínense una conversación a la salida del cine: “¿Qué te ha parecido la película? ¡Messi!”. Tal vez una recomendación gastronómica: “Deberías ir a este restaurante; su cocina es realmente Messi”. O a la vuelta de sus vacaciones: “Esas playas de agua cristalina son realmente Messi”. Su interlocutor entenderá a qué se refiere.

Y es que corría el minuto 25 de la segunda parte en Sevilla. Tras una primera parte azulgrana para el olvido, una más en esta era valverdiana de nombre Philippe Arturo y de apellido Dominio Estéril, el 2-1 para un Sevilla mejor plantado inducía a atléticos y/o madridistas a hacer cálculos sobre lo que podría significar esta posible derrota culé combinada con una victoria blanca en el clásico de Liga de la próxima jornada. A 4 de Marzo y la clasificación ya estaba así: Barcelona 54, Atlético 53, Real Madrid 51. Pero si echar las cuentas de la lechera es crearse una ilusión vana y sin fundamento, en el mundo del fútbol solo hay una única ilusión importante y con fundamento: que un partido desastroso de tu equipo lo arregle Lionel Andrés Messi Cutticini. Él solito.

 

 

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Porque si lo difícil se hace, de lo imposible se encarga Leo Messi. Volea con la izquierda a una escuadra. Pase sutil con la derecha a la otra escuadra (probablemente dedicado a Pelé). Y picadita suave sobre el portero cuando quien más quien menos habría disparado al bulto. El hat-trick número 50 de su carrera tenía que llegar ante uno de sus rivales favoritos: los fríos números dicen que en 37 partidos contra el Sevilla, el argentino ha marcado 36 tantos. Supongo que sobre su fijación por marcar a equipos vestidos de blanco (Sevilla, Valencia, Real Madrid son sus víctimas favoritas), Freud y Jung extraerían alguna teoría. Y por si alguno no estaba satisfecho con una (más) deslumbrante actuación, después de marcar un triplete, consiguió el más difícil todavía: el milagro de hacer marcar a Luis Suárez fuera de casa con una inverosímil asistencia. Tras el 2-4 final, D10S salió del Sánchez Pizjuán y se dio un paseo sobre las aguas del Guadalquivir para celebrar su décima Liga.