Crónica

Remontada de manual

Tanto querer tirar la copa y resultó ser el partido más vibrante de lo que va de temporada azulgrana. Al llamamiento del capitán Messi a la remontada no respondió su afición (apenas media entrada) pero sí su entrenador, quien dispuso el equipo de gala. Las presencia de Cilessen no le baja un ápice de lujo. También respondieron al capitán sus compañeros, siguiendo página a página el manual de remontadas.

Primera página: marcar un gol rápido. Si bien, por juego y actitud lo merecían los locales, siempre es bueno contar con algo de ayuda. Esta llegó por medio de la inocencia de Promes, que metió la pierna lo suficiente para que todos pensáramos que cometía un claro penalti sobre Messi. La repetición nos metía la duda en el cuerpo, por lo que, VAR en mano, no cabía la revisión. El capitán, muy metido en su papel, decidió ayudar a Don Honesto en dar confianza a Chutinho, cediéndole el lanzamiento para acelerar su recuperación. A pesar de telegrafiarlo, su tiro ajustado marcaba el comienzo de la remontada.

Páginas dos y tres: ver la mejor versión posible de todos los jugadores. Empezando desde atrás: el primero en ponerse el traje de las grandes ocasiones fue nuevamente el mejor portero (suplente) de la historia del club. Jasper Cillessen avisó de sus intenciones con un paradón a taconazo de André Silva y lo confirmó con la jugada clave del partido: nuevo penalti, claro en directo y dudoso en la repetición (de nuevo, no cabía revisión del VAR) pero esta vez en el área local. La estadística es el arte de decir que si Banega no había fallado ninguno de sus 13 lanzamientos y Cillessen no había parado nunca un penalti, había un 100% de posibilidades de que el Sevilla cerrase la eliminatoria. Por supuesto, las estadísticas no son aplicables al fútbol y el holandés daba una vida extra a su equipo.

Páginas cuatro y cinco: dejar al rival groggy. Si la estadística no tiene cabida en el fútbol, sí la tienen los dichos populares: el gol del ex, con 10 se juega mejor que con 11 y… el que perdona acaba perdiendo. Del posible 1-1 se pasó al 2-0 casi sin pestañear: Arthur Hernández Creus no quiso ser menos que su compañero Jasper. Su pase en el segundo gol, el que igualaba la eliminatoria, lo habría firmado el ilustre hijo de Tarrasa. Tan clara era la asistencia de gol que, de no haber mediado el ligero toque de Rakitic (gol del ex), el balón habría entrado igualmente. Apenas media hora y la ventaja sevillista ya se había esfumado.

Página seis: continuar atropellando al rival cuando éste se tambalee. No se detuvo ahí el vendaval blaugrana que, además, confirmaba los primeros síntomas de recuperación de Chutinho. Si lo suyo es un problema de cabeza, debía resolverlo usándola. Aún no es capaz de hilvanar el juego del equipo, pero sí la utilizó para rematar el 3-0. Un minuto después, slalom messiánico, para asistir a Sergi Roberto y sentenciar el partido… si fuera un partido de Liga. Pero al ser de Copa, y con la ventaja concedida en la ida, la eliminatoria seguía abierta. Más aún porque cada mínimo arreón del Sevilla suponía un continuo sufrimiento en defensa, algo casi habitual esta temporada. Al menos era el precio que pagaba el Barça por atacar mucho y bien y no por echarse atrás a buscar el contraataque como en muchos partidos de esta temporada.

Páginas siete y ocho: gestión de los momentos de zozobra. Tan inevitable para Cillessen fue el lanzamiento cruzado de Arana como esa cuota obligada de sufrimiento en toda remontada que se precie. La estadística también nos dice que si en 70 minutos el Sevilla había generado 5 o 6 ocasiones de gol, en los 20 que quedaban, generaría al menos dos. De nuevo, el fútbol echó por tierra el razonamiento matemático: cuanto más cerca lo tenía el Sevilla menos ocasiones generó. El único peligro real que provocaba nervios en las gradas era tan solo consecuencia de la cercanía del final y lo ajustado del marcador.

Páginas nueve y diez: el éxtasis final. Sin más argumento que colgar balones al área, los de Machín consiguieron remar hasta el minuto 89 cuando, al contragolpe que finiquitaba la eliminatoria por medio de Luis Suárez, le siguió poco después una espectacular jugada colectiva con taconazos y pases al primer toque que culminó, quien si no, el D10S del fútbol. Él comenzó la remontada y él la terminó. El alfa y el omega.