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God save the return

Dios salve a la vuelta, sí. Eso mismo deben -o deberían- pensar todos los culés tras lo acontecido ayer en el Emirates de Londres, tanto lo que afecta al desacierto propio de los primeros ochenta minutos como al tino del rival en los últimos diez. El monólogo lo puso el Barça, las risas los ingleses. Nada casual, todo causal.

Cierto es que pese al buen tono general de los primeros cuarenta y cinco minutos apenas Busquets y Abidal lucieron en el Emirates su mejor versión. Algunos de sus compañeros (Pedro, Messi, Piqué) siguieron con su curva baja de rendimiento, a la que se espera que abandonen en los próximos días, otros (Xavi e Iniesta sobretodo) fueron anulados por el buen hacer del rival, probablemente el segundo mejor equipo del mundo en conceptos ofensivos.

El trabajo de Wilshere defendiendo a Xavi y el de Nasri atacando a Iniesta desactivó por momentos la sala de máquinas culé, abastecida en todo momento por Busquets pero faltada del apoyo de sus dos operarios más cualificados. El Barça, que ha hecho efectista bandera del tópico que asegura que la mejor defensa es un buen ataque, lo padeció anoche en propias carnes.

No fue este el único tópico del fútbol que se cumplió ayer. Messi y el equipo arbitral hicieron honor al que reza que este es un juego de errores. Un mano a mano del argentino en el primer tiempo, y un remate franco en el segundo, pudieron sentenciar la eliminatoria antes de tiempo, cosa que también se habría podido producir de no anular el árbitro italiano el gol legal del argentino o de pitar un posible e interpretable penalti a Pedro.

Lo mejor de la ida para el Barça es que acostumbra a ir seguida de una vuelta, y esta es mano de santo al amparo del Camp Nou frente a los británicos que bajan considerablemente sus prestaciones cuando visitan el santuario culé, ya sea en ida, vuelta o fases previas. Los enfrentamientos a doble partido del Barça con equipos ingleses tienen ciertos códigos que se vienen repitiendo con escasas excepciones.

Toque, dominio y ocasiones culés en las islas, pero también cuartos de hora en el limbo que no se sabe a ciencia cierta si son causa o efecto de esa concentrada combustión inglesa que lo hace saltar todo por los aires. Vendaval tras susto en el Camp Nou. Así es la historia y así os la vamos a contar.

Ya vivió Pep (2-2) similar situación el pasado año en el Emirates, también Rijkaard (4-2) en Stamford Bridge cuando Duff y Guddy tocaron a rebato, Van Gaal en Newcastle frente al bullicioso Asprilla (3-2) y ante el Chelsea del Flo noruego (3-1), o Cruyff (2-2) y Menotti (3-0) en Old Trafford, el primero ante el vertiginoso poderío de Cole&Yorke y el segundo con un Maradona más perdido ese día que Berlusconi entre adultas. Pasan los años, cambian los técnicos, se suceden los cracks, se mejora el equipo… siguen los códigos.

Pero ya el pasado año aprovechó Messi que los códigos son también de ida y vuelta para exhibirse ante el mismo Arsenal (4-1) y vengar el aparentemente baldío desempeño de Ibra en Londres. A lomos del mejor Ronaldinho, y con goles de una gallinha y una pantera, el Barça ya había vencido (2-1) en el Camp Nou dos semanas antes de un punterazo tan preciosista como inerte que asombró al mundo. Por la mínima (1-0) había ganado Van Gaal al Newcastle y por la máxima (5-1) al Chelsea pre-Abramovich en un partido en el que marcó hasta Dani García Lara.

El fabuloso 4-0 del Dream Team a ritmo de Stoichkov&Rosario al ManU lo recordamos todos; el que encumbró a Juan Carlos Pérez Rojo frente a los diablos rojos de Bryan Robson (2-0) ya pasó más desapercibido. Caigan en la cuenta de que con ninguno de estos resultados quedaría el Barça eliminado dentro de tres semanas y sólo uno de ellos le condenaría a una muerte súbita sin precedente más cercano que el de Pep Guardiola con chándal Meyba.

Lo que parece una catástrofe en clave partido no es más que un punto de partida en clave eliminatoria. Así lo dicta la historia, la revisión de la cual nos permite aplacar la histeria.Y es que el código principal del fútbol dice que en un duelo de buenos acostumbra a ganar el mejor. No siempre por 5-0, ojo. A veces, com es el caso, basta un 1-0.