El análisis / Yoyalodije

Nosotros

Tal y como están transcurriendo los acontecimientos, a estas alturas, se puede decir que han ganado cierto terreno. Nuestra prensa acólita, se ha dejado embriagar por las esencias del Mensaje, ha entrado al trapo y ha dedicado parte de sus quehaceres diarios a destacar de un modo u otro los contenidos del mismo. Está contribuyendo a un enrarecimiento del ambiente bastante perjudicial para nuestros intereses. La actitud del público ante el Villarreal fue un reflejo de los titulares de nuestra prensa últimamente: indignación y sobreexcitación. Fue increíble cómo, después de anular el gol de Pedro, público y consecuentemente jugadores se desconectaron del equipo enfrascándose en una guerra particular contra el árbitro que bien nos pudo suponer ir con desventaja al vestuario.

Guardiola, una vez más, marca la pauta a seguir. La lástima es que muy pocos la ven y la inteligencia de su postura no tiene repercusión mediática. En el vestuario de ese mismo partido consiguió aislar a los jugadores del árbitro y les centró en lo que mejor saben hacer: jugar al fútbol. Y así ganamos. En sus ruedas de prensa también deberíamos poner todos los sentidos: pasa de Mourinho, pasa del Real Madrid y pasa de cualquier provocación. Incluso no entró al trapo en las declaraciones de Preciado. Guardiola ha sabido leer El Mensaje enemigo y lo sortea con maestría. Ya lo dice el refrán: No hay mayor desprecio que el no hacer aprecio.

Su procedimiento ha quedado bastante claro, no tienen nada que esconder y además se sienten orgullosos de ello. Esto, en parte y si somos inteligentes nos otorga cierta ventaja. En todos los manuales subrayan en negrita aquello de “Para ganar debes conocer a tu enemigo” y este se deja de buena gana. Por tanto, podemos intuir con cierta precisión cómo va a ser la línea en los próximos días hasta el Clásico. Volverán las afrentas directas e indirectas a entrenador y/o jugadores del Athletic. ¿Os suena la portada de del diario AS sobre el interés por Llorente? Preguntarán a Caparrós por Preciado para situarle en frente de Mourinho y alabarán una vez más a su árbitro de cabecera: Undiano Mallenco, el cual da la casualidad que trae por la calle de la amargura a los bilbaínos.

Gota a gota y haciéndolo visible a todo el mundo, pretende el Madrid sacar al Barça del terreno futbolístico. ¿Cómo repercutirá todo esto dentro del campo? ¿Qué podemos esperar? Pues, visto el historial resumido anteriormente, el esquema y la disposición táctica de los madridistas quizá sea una preocupación secundaria o menor. Vendrá Mourinho a provocar al Camp Nou exagerando todo lo que pueda y más aún, si cabe, su personaje. Subirá la temperatura del estadio y planteará un partido que exija mucho al árbitro: cortes continuos del juego con faltas e interrupciones, protestas airadas de los jugadores a toda decisión contraria que el trencilla decida para con sus intereses y, en definitiva, caldear el ambiente para que el público se desconecte del fútbol y con ellos los jugadores. Ya nos pasó media primera parte contra el Villarreal y ya nos pasó contra el Inter en Champions.

¿Cómo combatir esto? Sinceramente, lo veo muy difícil. Porque todo pasa por seguir a Guardiola y, el técnico, por unos motivos u otros (que dan para varios escritos), no goza de la simpatía ni en su propia casa. Pero la pauta ya está marcada por él mismo. Ignorar al rival e incidir en nuestro juego. Si el público actuase como si enfrente tuviésemos a un Almería de la vida, tendríamos muchísimo ganado. Si se preocupase únicamente de cantar y vitorear a nuestro equipo sobre el terreno de juego, estaríamos en el buen camino. Si ignorásemos las salidas de Mourinho al área técnica a provocar a nuestros jugadores o técnico, mejor que mejor.

En definitiva, si tratásemos exclusivamente al Madrid como lo que es hoy día: un rival enorme pero futbolísticamente inferior, tendremos todas las papeletas para llevarnos el Clásico. Y es que el Barça ya ha conseguido que a nivel de juego el Madrid sea tan pequeño, que sólo le queda todo lo demás: lo que no es Fútbol.