El análisis / Yoyalodije

Ellos

El Real Madrid lleva un buen tiempo de probaturas estratégicas con la única intención de que no gane el Barça. Con argumentos futbolísticos no pueden desde Rijkaard, así que se han dedicado a explorar otras vías. El nivel actual de la Liga, gracias a un abusivo reparto del pastel, permite que este modus operandi maligno no sea descabellado: y es que si no gana el Barça, fijo que ganan ellos. Hablamos de la Liga, claro, pero cuyos efectos colaterales se traducen con frecuencia en la Champions. Ya saben: dinámicas, rachas, moral, evoluciones, estados de ánimo… en fin.

Entre estas estrategemas destacamos dos sobre las demás. La primera, una gran campaña mediática que intentó sin éxito desprestigiar los títulos conseguidos y evitar los sucesivos mediante Villaratos y Canguelos. La segunda -y más dolorosa para sus intereses-, la mayor inversión económica de todos la historia para contrarrestar el efecto “popularidad” que el Barça estaba cosechando a través de títulos y buen juego con la intención de redirigir el foco mediático hacia Concha Espina y esperar con los dedos cruzados que dicha inversión mediática rentara igualmente en el ámbito deportivo.

Los resultados ya los conocemos, aunque vimos cosas extraordinarias como titulares made in Alfredo Relaño: “Alirón con Reparos”, o vanagloriándose de lo poco que le había durado el triplete al Barça por la irrupción bajo palio de Florentino y su triplete en forma de fichajes (uno de ellos era Villa, por cierto). También presenciamos la exoneración de jugadores, vía Comité, para que pudieran jugar contra el Barça, como es el caso de Kameni; que lesionó de gravedad a Pedro Munitis y cuyo perdón posibilitó erigirse en protagonista dentro del campo a la jornada siguiente. Medida sin precedentes conocidos hasta la fecha. Inaudito.

Y en estas, ahora, fichan a Mourinho como eje desestabilizador del Barça. Además es un grandísimo entrenador, pero no hará más puntos que Pellegrini. Ni falta que le hace: la idea, el objetivo, es que el Barça haga menos. Y ya desde el primer día, el primer eje de su estrategia está en marcha. Numerosas declaraciones -cobardes por lo de anónimas-, pero con una enorme diana blaugrana, salen, día sí día también, de boca de este personaje que cumple muy bien y muy a gusto su función dentro del club. En el campo, Ronaldo es su mano derecha argumental y a fe que la utiliza explicando el hecho de que el número de gestos y provocaciones del jugador se hayan multiplicado esta temporada en comparación a la anterior por estas fechas. Todo medido, todo estudiado.

Los destinatarios de estas afrentas pudieran parecer que son sus rivales en el campo, pero se esconde un gran mensaje subliminal detrás de toda esta puesta en escena que va calando al ritmo de gota malaya en todo el entramado mediático. Por supuesto, no es otro que el de derrotar al Barça. La Guerra de La Liga se fragua jornada a jornada en batallas donde el resultado es lo de menos, pues es altamente improbable que se dejen puntos. Se busca el efecto en el rival, minar los nervios día a día.

Su arma principal de difusión es la fiel propaganda mediática sita en la meseta, que se encarga de disfrazar algunas evidencias contradictorias con El Mensaje, ya sea atacando, ya sea distrayendo. Preciado ha sido el primero a esta escala, pero ya antes otros entrenadores sufrieron las consecuencias. No serán los únicos ni los últimos. La lista es larga. La radicalización de las posturas de la prensa madridista está llegando a unos extremos sin parangón. Han cerrado filas y el objetivo, visto la solvencia que se tiene con el puntaje, está bien definido: perturbar al F.C. Barcelona de la forma que sea.