Yoyalodije

Save Bill

“No se si te habrás dado cuenta, incluso ahora, de que no hay nada sádico en mis actos. Bueno, quizás con uno de esos cabrones… pero no contigo. No, Peque, en este momento lo que soy es de lo más… masoquista.” Bill

Ni Tarantino lo habría cuadrado tan bien. Viejos conocidos, recuerdos del pasado y sed de venganza, a borbotones. Este es el resultado del sorteo que tuvo lugar el viernes en Nyón, que enfrentó al Barça con el Arsenal y, en caso de fumata blanca, al vencedor del Inter-CSKA, una eliminatora con claro color neroazzurri, en las semis. Una dura travesía en este Camino de Santiago que bien podría teñir a la diosa Cibeles con un agradable tono azul y grana. El sueño más húmedo posible para unos… y la peor pesadilla para los seguidores del Floren Team. Para ello, no obstante, el Barça deberá superar ciento y un obstáculos (“D’aquí fins al final, estarem sols”, recordó Guardiola tras la enésima exhibición de pitet de Messi, contra el Stuttgart), y uno de los más tenebrosos -y morbosos- será este papel del Bill tarantiniano que las siempre caprichosas minibolas de las estrellas le han otorgado al equipo de las 6 copas.

Salvar a Bill: Vol. 1

“La venganza es un plato que se sirve frío”. Con este refrán inicia Quentin Tarantino su penúltima obra maestra, Kill Bill, la historia de una venganza, la de la Mamba Negra, la novia, contra Bill y sus secuaces, que intentaron asesinarla, sin éxito, el día del ensayo de su boda. Ahora, no obstante, el traje de Bill lo viste el Barça, cuyos éxitos más immediatos han dejado por el camino un elenco de víctimas que claman venganza, aunque quien empuñe el poderoso sable de Hattori Hanzo sea ahora el propio Barça, dios y rey del balón.

El primero en la lista de vengadores es el Arsenal, que ni olvida ni perdona su dolorosa derrota en la final de Saint-Denis, el de la remontada bajo la lluvia parisina, la de Belletti -y la de Eto’o-. Tras aquel encuentro épico, los gunners se quejaron amargamente de la actuación del árbitro Terje Hauge, que anuló un gol del Barça por falta previa de Jens Lehmann, que fue expulsado. Pareció más una pataleta postdesastre que otra cosa, pues la decisión perjudicó tanto o más a los de Rijkaard, pero lo cierto es que el desenlace provocó la ira de Arsène Wenger y de Thierry Henry, el capitán de los gunners por entonces, que aplazó un año su llegada al Camp Nou. Cuatro temporadas después, en el norte de Londres claman venganza. Quieren matar, deportivamente, a Bill. Y para mayor morbo, con Cesc Fábregas como capitán, excelso centrocampista criado en Arenys de Mar, fabricado en la Masia y un más que futurible para el Barça 2010/11. Y aún hay más, porque compartiendo vestuario con Cesc hay otro crack que también querrá vengar su no aterrizaje en el Camp Nou, Andrei Arshavin, que a pesar de su enorme calidad, a la falta evidente de un extremo en la plantilla azulgrana y a pesar de mojarse públicamente sobre su amor incondicional por el azul y el grana (aquello que siempre piden los secretarios técnicos a los jugadores a los que se quieren fichar), vio como su puesto lo acabaría ocupando Hleb, un futbolista -para algunos, simple turista- que, por cierto, pasó totalmente desapercibido por el Camp Nou con la camiseta del Stuttgart.

El partido de ida se disputará el miércoles 31 de marzo en el Emirates Stadium, el nuevo santuario del Arsenal en sustitución del mítico Highbury Park, campo en el que jugará por primera vez el Barça en partido oficial, un estadio que el conjunto azulgrana ha financiado, en parte, fichaje tras fichaje.  La eliminatoria, tal y como pedía la plantilla del Barça, se resolverá en casa, donde los cañonazos del Arsenal debe perder potencia.

Salvar a Bill: Vol.2

Si todo se desarrolla por el camino de la lógica, el último escollo que deberá sortear el Barça antes de la conquista de Madrid será el Inter de Milán, el mismo que ya sucumbió en la fase de grupos, otro con mucha sed de venganza, tanto a nivel general -por su evidente papel de segundón durante muchísimo tiempo por esos campos del Viejo Continente-, como en lo particular, contra el Barça. Ya lo dijo Mourinho, la persona que despierta mayor amor-odio entre el aficionado culé, tras la debacle de su equipo frente a un equipo que apabulló al Inter sin Messi ni Ibra en el equipo. “El Barça es hoy mejor que nosotros, pero eso no significa que del mismo modo si nos encontramos en cuartos o semis”. Ademá, están los exmadridistas Samuel, Cambiasso y Sneijder; el exazulgrana Motta; Figo, que representa ahora al Inter a nivel internacional y, claro está, Samuel Eto’o, que tras su gris retorno al Camp Nou volverá con ese instinto indomable que siempre lo ha caracterizado y sin ese acongoje de la pimera visita, con homenaje incluido de la parroquia blaugrana. El morbo surgido ya en la fase de grupos se multiplica por mil.

Y todavía hay mucho más

Y aquí no termina el sueño de Tarantino. Todavía queda mucha más tela que cortar, porque si el Barça se planta en la finalísima de Madrid, en el otro lado del cuadro hay tres equipos que también ansían pasarle la mano por la cara, tres víctimas de Bill, ajusticiadas el año pasado en el exitoso camino a la tercera orejuda: el Lyon, que cayó con estrépito en los octavos de final (5-2), el Bayern, que todavía no ha digerido el  KO sufrido en el Camp Nou (4-0) y el ManU, que en Roma pasó de ser el campeón a ser el subcampeón. Además, antes del 22M de deberán saldar otras cuentas pendientes, como son la que tiene el verdugo del Realísimo, el OL,  con el Girondins, quien el año pasado rompió la dictadura en Francia del Rey Lyon y, sobre todo, la del Bayern frente al Manchester United. Y es que en la capital de la Baviera nadie ha olvidado aquella remontada histórica en la final del 99 en el Camp Nou. El adiós en sólo dos minutos de una ‘Champions’ que ya iba camino de Munich.

Sólo cuatro partidos antes del Bernabéu, y dos de ellos, los dos decisivos, en el Camp Nou. Un camino corto pero al mismo tiempo larguísimo, cuatro aunténticas finales frente a rivales que tendrán motivos más que suficientes para saltar al terreno de juego con la máxima motivación. Quieren matar a su Bill particular, aunque deben tener bien presente que este Bill tiene al mejor equipo del mundo -con el mejor jugador del planeta incluido- y que, además, tiene ante sí la oportunidad de lograr el mayor éxito que se puede obtener en el mundo del fútbol: la orejuda en el campo de tu eterno rival, un club que se gastó lo que no está escrito para evitar una estampa cada vez más próxima. Por mucho que se empeñen en forma de columnas y portadas otros que también claman venganza, Bill está vivito y colea que da gusto, y sabe que del Ebro hacia abajo todos los caminos llevan a la Puerta del Sol. Qué vayan instalando los botafumeiros en el Bernabéu, qué llega el peregrino.