El ojo que todo lo ve

Retransimisiones televisivas: un mal innecesario

En el espinoso tema de las retransmisiones televisivas de fútbol hay en esencia dos escuelas: la de la BBC y la del caraja.

La de la BBC, la pionera, ha sido mayormente adoptada por los alemanes, y se caracteriza por la parquedad. Existe una clara separación de tareas: el locutor básicamente circunscribe su actividad a dar el nombre del tío que recibe, y el comentarista entra cada 3 o 6 minutos para dropar un apunte táctico, normalmente de relieve. Los alemanes han seguido esta escuela, y permite al espectador degustar ese sonido ambiente tan delicioso, cosa imposible en una retransmisión-carajillo. Canal + inició sus retransmisiones en adhesión al modelo británico pero poco a poco ha ido relajando los estándares hasta derivar en un tono carajillesco-light, si bien ambos Martínez y Robinson interpretan correctamente el partido.

En contraste, la escuela del caraja y el palillo se caracteriza por:

1-Una disolución del papel de narrador vs comentarista. Todo Dios dice lo que le parece y nadie expone dato objetivo alguno.

2-La habilidad de hablar todos a la vez y callar todos a la vez cuando les llega feed por línea interna.

3-La ausencia de rigor. Todo el mundo pasea sus filias/fobias al azar, y un espectador invidente sería incapaz de saber en qué campo anda la bola.

El máximo exponente de ello serían las retransmisiones de La Sexta lideradas por el desaparecido Andrés Montes. Luego hay mutaciones, como el caso de TV3, en que el comentarista más o menos va apuntando datos tácticos pero el locutor también, todos ellos con escaso tino, dinamitados además por un mongolo a pie de césped que lee poesías y transmite una sensación de patetismo raramente vista fuera de un psiquiátrico.

Hay otra variante interesante, la de JJ Santos en T5, dónde él mismo hace de locutor/comentarista, y no termina de saber hacer lo uno o lo otro, dato lastimoso tras tantos años en trincheras.

Aun así, lo más inquietante de la retransmisión española es lo irritante de la prosificación de eventos escasamente literarios. Si yo estoy viendo nítidamente como ‘Valdés cede a Abidal, que recibe, levanta la cabeza, Camuñas viene a presionarle, Abidal que abre para Puyol, el Gratallops se viene arriba acuciado por el resultado, Puyol más atrás para Valdés, que la pisa, la va a dar duro, ahí va, más allá del círculo central, varios hombres al salto, parece que ha tocado Medrano, será saque de banda para el Fútbol Club Barcelona’, no necesito que el locutor me lo cuente. Además, en las trasmis carajilleras, ora te narran para invidentes como acabo de describir, ora se enzarzan 6 minutos a discutir si los banderines pueden tener el escudo del club local o no, y en definitiva esa discontinuidad conceptual hastía al espectador.

Y, a pesar de venirme a huevo, ni voy a entrar en la endogamia, el cachondeillo, el compadreo y el rollo ‘insider joke’ del que tanto se abusa en España y Catalunya. Yo he encontrado el placer en ver las retransmisiones con audio de ambiente solamente, pues veo claramente quien tiene la bola y qué hace con ella, no necesito que me lo cuenten. Sirva este post para denunciar que con la pasta que han costado esos derechos se vehiculicen tan rematadamente fatal.