Crónica

El Cádiz tenía un plan

Un punto de seis contra el recién ascendido Cádiz. Buen resumen de lo que está siendo la temporada blaugrana. Y es que ya lo decía Alex, el goleador del Cádiz, al acabar el encuentro: “Nos ha salido perfecto el plan”. Plan nada novedoso, por cierto: defender de manera ordenada para aguantar el 0-0 o, al menos, llegar a los últimos 10 minutos con un resultado ajustado.

Un plan carpetovetónico si se quiere, pero plan al fin y al cabo. Al menos, más plan que el del Barça, que salía con el mismo once que ante el PSG. Un claro mensaje de Q-Man a su afición: “A ver, que es que no hay más”. Y esa parece ser la explicación más simple, aunque la titularidad indiscutible de El Hombre Gris, haga frío o calor, llueva o nieve, lo merezca o no, es digna de estudio. Antoine sigue empeñado en quitarle el puesto a Dugarry como delantero titular en el peor 11 de la historia del Barça. En cada encuentro da un paso de gigante con una asombrosa regularidad: juega un 90% de partidos infames. Hoy, además de no aportar, incluso restó: su extraña manía de estar en el lugar menos indicado en el momento más inoportuno, provocó la anulación del gol de Pedri que, tal vez, habría sentenciado el partido.

Cerca de él y desbaratando cada ataque de su equipo, su compatriota Dembelé. A caballo entre Robinho y Ficticius volvía a dar otro recital con su archiconocido one hit wonder: “Sí, pero no”. Regates a la sombra de sí mismo, disparos por encima de la portería. Ya va siendo hora de que alguien le haga saber que en el rugby eso da muchos puntos pero en el fútbol ninguno. Transita ya su cuarta temporada, y ya está claro cuál será su legado azulgrana, resumible en tres puntos: su desorbitado precio, sus lesiones y sus fallos clamorosos en momentos clave.

Puede ser injusto enfocar el desastre azulgrana en tan solo dos jugadores pero el transcurrir de la semana ha hecho inevitable suspirar al pensar que, con el dinero de sus fichajes, no era una quimera haber fichado al Mbappé del Mónaco y al Haaland del Salzburgo. De poder dominar el fútbol europeo la próxima década, a aspirar (como mucho) a ganar la Europa League la temporada próxima. Y eso, sin nombrar al fichaje más caro de la historia del club, que sigue desaparecido en combate y al que nadie añora. Tristísimo.

Si a eso se le suma el ritmo que impone el Muerto de Badia y la marcelización de Jordi Alba (asistir a Leo de vez en cuando ya no es una buena actuación) el resultado fue uno de los peores partidos del Barça en mucho tiempo con unos ataques insustanciales que la defensa gaditana abortaba casi sin problemas: bastaba con despejar a córner cualquier aproximación. Cerca de 250 saques de esquina ha sacado ya el Barça esta temporada con una productividad calamitosa: un gol. Casemiro, que mide 1,85, remató ayer sólo hasta en tres ocasiones. Ese dato, junto al 1’94 de Piqué, al 1’86 de Lenglet o al 1’89 de Busquets, denota algún problema mayor de fondo. Una pista: empieza por ensayarlasjuga y termina en dasabalonparado.

Pero siendo objetivos, estaba siendo una clásica actuación azulgrana repetida desde 2017: un partido valverdístico de manual. La diferencia es que, entonces, con una plantilla cuatro años más joven, se ganaba por varios goles, principalmente gracias a un Messi pletórico. Hoy, este Leo crepuscular que aún mascaba el último naufragio europeo, solo se motivó para hacer un gol en lo más parecido a un clásico rosarino que jugará en su vida. Y aunque sea de penalti, al leproso que lleva dentro siempre le gustará marcarle a un canalla como Ledesma.

Ese único gol, que debía servir para amagar con meterse en la lucha por la Liga, lo único que hizo fue confirmar que el plan seguía siendo del Cádiz. Q-Man, a la altura de la actuación de su equipo, dudaba entre no hacer ningún cambio o en seguir mostrando en público las carencias de su plantilla. Se le achaca al técnico holandés su demora habitual en las sustituciones (hoy, de nuevo, la habitual de Riqui ENP en el minuto 80), pero cuando cada relevo no mantiene el nivel del equipo sino que lo empeora, tal vez haya que compadecerse de Q-Man: ¿Hay alguien más que el Muerto de Tuzla, el Dembelé portugués o un jornalero danés? Hoy no fue la excepción. Cada sustituto aportó menos aún (y mira que estaba difícil) que el sustituido.

El plan visitante seguía sin fisuras. Todos los mantras se iban cumpliendo paso a paso: “Su ritmo de juego será lento y previsible”. “Tendrán ocasiones (poco claras) y las fallarán”. “Tienen nula productividad en las jugadas de estrategia.” “Encajan muchos goles a balón parado…”. Sólo faltaba, a pocos minutos del final un penalti tonto de algún central. Francés, con mucha probabilidad. Patada al aire de ____ (ponga sobre la línea cualquier nombre desde Blanc a Umtiti pasando por Dehu, Cristanval, Mathieu o Thuram) para que el Cádiz anotase el empate en su único disparo entre los tres palos.

Nuevamente, horizonte despejado para el nadaplete