Otra manita. Las goleadas flickeanas empiezan a ser tan habituales que dentro de poco habrá que justificar las victorias por menos de cuatro. Esta vez fue en La Cartuja, contra un equipo nivel Xempions que tuvo la osadía de competir y hasta creer durante algunos minutos que podía sacar algo positivo. Lo cual, viendo cómo está el Barça de Flick, ya tiene bastante mérito.
Porque Laminga Mal tardó poco en explicar por dónde iba a ir la tarde. Recibió el balón, se inventó un regate por detrás y colocó un disparo con rosca a la escuadra. Golazo. Otro más. Un problema para los cronistas. Se puede escribir que ha marcado un gol espectacular, que ha hecho un regate imposible o que ha decidido un partido con una genialidad. Pero si lo hace todas las semanas, los adjetivos empiezan a agotarse. Habrá que inventarse otros. O pedirle que marque alguno feo de vez en cuando.
Y la superioridad en el marcador se interpretó como trabajo hecho. El equipo bajó un poco el pistón, quizá pensando en el calendario que viene, quizá porque después de tantos partidos goleando empieza a ser difícil mantener la tensión durante noventa minutos. Pero enfrente estaba el Betis. Y el Betis no es el Pestafe. Sabe atacar. Los verdiblancos apretaron los dientes, los codos y los tacos de las botas. Todo lo que encontraron a mano. Y empataron. De córner con la defensa azulgrana contemplando el paisaje. Otro balón parado defendido con una concentración mejorable. No estaría mal corregirlo antes de que la Xempions se ponga seria.
El empate abrió unos minutos de toma y daca. El Betis encontraba espacios, el Barça respondía con ocasiones y el partido adquirió ese ritmo de intercambio de golpes hasta que llegó otro córner. Y, como el fútbol tiene cierto sentido de la justicia, los azulgrana decidieron devolver el golpe exactamente por el mismo procedimiento. Valles salió a por uvas, el balón llegó a TedigotrigopornollamarteRodrigo, cuyo remate suave terminó en el fondo de las mallas.
El Betis, sin embargo, no había dicho su última palabra. Y decidió devolver el golazo de Laminga con otro golazo de Lo Celso tras una magnífica volea… excepto para el VAR. Porque antes había existido una mano. Una mano bastante anterior. Esnaola probablemente también la vio. Cardeñosa quizá tuvo tiempo de comentarla. Pero la mano existió y el gol no subió. Más polémica para el nacionalmadridismo que así evitará hablar del exceso de minutos que tienen Konaté y Chocomaní.
Y Flick debió de recordar en el vestuario que el Betis no es precisamente un equipo al que convenga dejar vivo. Los azulgrana salieron con bastante más intención de sentenciar que de administrar. Y Carlos Jesús marcó enseguida… en fuera de juego. No importó demasiado. Antes de que los béticos terminasen de celebrarlo, Fermín recuperó y lanzó rápidamente el ataque. Laminga levantó la cabeza y allí estaba Carlos Jesús. Benditoh seai.
Pero el Betis seguía empeñado en meterse en el partido. Y volvió a responder. Hez Abde encontró su espacio, arrancó y batió a Joan García. Partido abierto otra vez. La jugada, eso sí, vino precedida de una clara falta sobre Fermín que esta vez ni Esnaola, ni Cardeñosa, ni siquiera Joaquín tuvieron bien a ver. Y cuando el partido todavía podía complicarse, Facundo decidió colaborar con la causa azulgrana agrediendo a Laminga. Y sí, Facundo se marchó a comer pipas. El Betis, que con once había demostrado capacidad suficiente para discutir el partido, se quedó con diez frente a un Barça que ya de por sí necesita muy poca ayuda para encontrar espacios. Mala combinación.
La sentencia llegó en otra jugada a balón parado. Lamine lanzó una falta contra la barrera, el rechace salió hacia el segundo palo y Cubarsí se anticipó a Valles para peinar el balón. Eric apareció solo para marcar el 2-4. Ahora sí, el Betis terminó de rendirse y el Barça empezó a encontrar espacios por todas partes. Llegadas. Ocasiones. Y esa sensación de que la manita era cuestión de tiempo. Porque últimamente el Barça no considera una goleada completa hasta que el marcador alcanza cierta cifra. Tres goles son una victoria. Cuatro, un buen resultado. Cinco empiezan a ser el mínimo exigible para que el equipo se marche satisfecho.
Y llegó el quinto. Dani Olmo se plantó en el balcón del área y colocó un disparo con el interior junto al palo. Precisión absoluta de quien tiene la calidad por castigo y no la aprovecha al 100%: era su primer gol de la temporada.
Otra victoria. Otra goleada. Otros cinco goles. Y esta vez ante un rival que sí exigió y que por momentos consiguió poner en dificultades al Barça. Eso también tiene valor. El problema sigue estando atrás. No sólo por los dos goles encajados, ambos evitables, sino por la plaga de lesiones defensivas que parece acompañar al Barça cada temporada como los anuncios de turrón acompañan a diciembre. Ya es una tradición del club.
