Bajo una lluvia torrencial empezó el partido en el Camp Nou. Pero para torrencial, el Barça. Agua cayendo del cielo, fútbol cayendo sobre el Racing. A los diez minutos ya se había llegado tres veces. El Racing prácticamente no existía y el Barça atacaba con esa mezcla de velocidad, presión y hambre que empieza a convertirse en la principal característica del equipo. No es sólo que genere ocasiones. Es que pierde el balón y salen cuatro disparados a recuperarlo.
Especialmente Aydemí, que sigue en modo Super Saiyan. Su fichaje empieza a parecer una sacada considerable de Deco: al cambio actual, son aproximadamente siete Diomandés. Raphinha estuvo a punto de aprovechar una de sus arrancadas. Y poco después se rompió el cántaro. Canelo recibió fuera del área y soltó un misil a la escuadra. Porque en ataque es un futbolista capaz de hacer cosas que muy pocos laterales pueden imaginar. En defensa también es capaz de hacer cosas que muy pocos laterales pueden imaginar, aunque por motivos bastante distintos.
El Barça había vuelto a marcar antes del minuto 20. Empieza a ser tendencia eso de no conceder al rival ni siquiera el derecho a pensar que puede ganar. El Racing estaba completamente sometido. Acoso y derribo. Podían ir tres. Podían ir cuatro. Entonces Felipe pisó claramente a Raphinha dentro del área. Penalti. Aunque primero tocaba la correspondiente investigación arqueológica del VAR comprobando si Felipe II había cometido alguna infracción en 1588 que permitiera anular el penalti. Penalti confirmado. Raphinha. Gol. Y la sensación de que aquello podía acabar en delito contra el patrimonio cántabro.
El problema de este Barça es que genera muchísimo, marca muchísimo… y aun así falla muchísimo. Es difícil reprochárselo cuando llevas dos goles en media hora, pero el volumen ofensivo era tan exagerado que el Racing estaba pensando ya en pedir la hora. Entonces apareció el otro Barça. El defensivo. Porque si arriba el equipo es una orquesta, atrás es, a ratos, una verbena. Cancelo y Gerard Martín se quedaron dormidos, el Racing encontró una autopista y llegó el 2-1. Cancelo quedó retratadísimo. Lo sorprendente sería sorprenderse. Es un cañón en ataque y un artefacto de riesgo en defensa. Por suerte, João tiene una manera peculiar de compensar sus errores. Marcando golazos. Segundo de la noche. Primera vez en su carrera profesional que marca dos goles en un mismo partido. Los amantes del chutaburrismo se abrazaban en casa al televisor.
Mientras ocurrían todas estas cosas, Rodri gobernaba el centro del campo. Como si el terreno fuese de su propiedad. Su dominio empieza a ser aplastante. Bernal probablemente jugará bastante menos de lo que esperaba. Pero tiene una oportunidad extraordinaria. Que se siente cerca. Que mire. Que pregunte. Y que aprenda todo lo posible de semejante animalaco. Hay masters mucho más caros que aprender en primera línea del mejor del mundo en su posición. Y entre clase y clase llegaba el cuarto con la firma del hombre de lo que va de temporada. Dani Olmo encontraba a Rabhinha. Y gol, obviamente. La dirección deportiva terminará fichando un delantero centro simplemente para que no se aburra el departamento de scouting.
Aydemí provocó después otro penalti. Y aquí llegó el momento absurdo de la primera parte. Rabhinha llevaba dos goles. Es el lanzador que no falla. Buscaba el hat-trick. Pero Laminga Mal agarró el balón. Mal. Lo lanzó. Mal. Últimamente empieza a asomar algún pequeño tic ciprianoromualdesco de querer lanzar penaltis para engordar estadísticas que no necesita engordar. Su referente debería ser Messi. Leo podía querer todos los goles del planeta y, aun así, no se le caían los anillos por dejar lanzar un penalti a un compañero. Laminga tiene demasiado fútbol como para necesitar fabricar números.
Aun con todo, la primera parte del Barça fue espectacular. Más que los cuatro goles, emocionaba la presión. Esa ambición casi enfermiza por recuperar cada pelota. La única mala noticia llegó justo antes del descanso. Joan García resbaló cuando iba a recoger un balón detrás de la portería y se hizo daño. Ni siquiera pudo sacar de puerta. Cambio. Entró Szcejwndzesny.
Flick aprovechó la ventaja para seguir con una política magnífica. Rotar durante los propios partidos. Gavi y Bernal entraron por Pedri y Rodri. Descansan los titulares, acumulan minutos los demás y el equipo mantiene piernas para una temporada larguísima. Todo perfectamente razonable. Hasta que el Racing pensó en Swuknmzczesny. Con él, llegó la emoción. Porque ganar 4-1 estaba resultando demasiado sencillo. Cantada monumental. Zabiri le robó la cartera y marcó el 4-2. El polaco reaccionó con la agilidad de un abuelo artrítico levantándose del sofá después de la siesta. Llega un momento en que la broma empieza a tener poca gracia. Como tercer portero, mentor, compañero de vestuario o señor simpático que cuenta historias, estupendo. Bajo palos, cada balón empieza a ser una experiencia religiosa.
Pero quizá Flick lo sabía. Porque el error de Wojiec activó inmediatamente al equipo. Muchachos, habrá que marcar más. Un minuto después, Aydemí volvió a entrar al área. Penalaco. Lo de Karim empezaba a necesitar dos rombos. Esta vez no hubo debate. Rabhinha agarró el balón y gol. Hat-trick. Y once goles en siete partidos. Messi llevaba diez a estas alturas de la temporada 2012-13. Esto no significa que Raphinha sea mejor que Messi porque tampoco hemos perdido completamente la cabeza como un periodista de la caverna. Significa algo quizá más sorprendente: el brasileño está haciendo números de Messi. Eso ya es una barbaridad sin necesidad de añadir nada.
Lamine marcó después, pero se lo anularon. No importó demasiado porque Flick sacó a Gabriel Yisus. Fíu, fíu. Y gol. Benditos seáis todos en el nombre de Yavé. Definición de superclase. Sin veinte toques, sin ponerse nervioso, sin intentar entrar con el balón hasta la sacristía. El sexto y todavía quedaba tiempo. El Racing tuvo una ocasión después de otro despiste defensivo —no vaya a ser que terminemos un partido tranquilos— y prácticamente en la siguiente jugada, Aydemí se encargó de gastar la poca energía que le quedaba. Otra arrancada brutal, rivales quedándose atrás y asistencia para Yamal. Esta vez sí. Hasta en un mal día, Laminga moja.
La tormenta perfecta. Siete partidos. Siete victorias. Siete goles esta noche. 70% de posesión. Y la sensación más importante no está siquiera en las cifras. Este Barça tiene hambre. Presiona ganando 4-1. Ataca ganando 5-2. Mete el sexto y busca el séptimo. A este equipo habrá que empezar a hablarle del record de 12-1 en un partido de liga, aunque sólo sea para ponerle objetivos.
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