Anatomía de un fracaso

Pasamos a toda velocidad por la avenida Morones dirección el Gigante de Acero, la flamante
y moderna casa del Club Rayados de Monterrey, que se prepara para ser la sede mundialista
en la sultana del norte. El chofer del auto señala los grandes panorámicos que bordean la
fluida avenida, una lona naranja enorme con mensajes en sueco, coreano o japonés con la
imagen de Leo, la mascota del nuevo Nuevo León que presentaran hace unos meses Samuel
García, el gobernador, y su esposa Mariana como si de otro hijo se tratase. En todo acto
público o publicitario en redes destacan siempre lo mismo: “El gobierno del nuevo Nuevo
León cumple en tiempo y en forma”. En abril de este año la mascota acompañó al
gobernador en viaje de negocios por el lejano oriente, como hiciera Marco Polo en el siglo
XIV, Samuel García con su inseparable Leo se pasearon por Japón y Corea del Sur buscando
establecer nuevos vínculos comerciales. “¿Ya ve?” —comenta Antonio, el conductor— “se
avergüenzan de lo nuestro, en lugar de arreglar las colonias para que se vean bonitas, para
traer riqueza a la ciudad, les ponen unas vallas delante para tapar todo el cochinero que
tienen”. Se cuelan implicaciones de orden moral en la reflexión de Antonio y se deja
entrever que este mundial, como los demás, quizá solo sea una manifestación más del
tradicional panem et circenses que acuñara Décimo Junio Juvenal en su Sátira X.

El eslogan para el Mundial 2026 de la FIFA es “SOMOS 26” (“We are 26”) pero viendo los
precios de las entradas, algunos horarios de los partidos o los filtros que EEUU está
poniendo a algunas selecciones, siempre provenientes de Asia o África, será casualidad,
parece que el uso de la primera persona del plural es más bien mayestático, y el lema
recuerda un poco al que utilizaran las monarquías absolutistas de la Ilustración: “Todo para
el pueblo, pero sin el pueblo”. Sin embargo las sospechas no son infundadas, la FIFA, y su
mandamás Gianni Infantino han sido objeto de cuestionamientos más de una vez. La
comunidad internacional protestó tímidamente la elección de Qatar como sede para la
celebración del pasado mundial, por tratarse de un país donde se vulneran los derechos de
la mujer o de la comunidad LGTBIQ+, además de verse rodeado de polémica por las quejas
de algunas asociaciones sobre el maltrato laboral que recibieron los trabajadores
inmigrantes que construyeron los estadios, aún así, bajo esta tormenta de incomodidad el
mundial se llevó a cabo, porque como escribiera Francisco de Quevedo: “Poderoso
Caballero es don Dinero”. Y en el horizonte futuro ya está elegida la sede de Arabia Saudí

para el año 2034, que presenta los mismos defectos y virtudes que su vecino Qatar. Otra de
las voces críticas que se han asomado a los mass media cuestiona la viabilidad de un
mundial de 48 selecciones, que muestra una apertura a los humildes pero solo de cara a la
galería, esas selecciones que van por primera vez al mundial: Curaçao, Cabo verde,
Uzbekistán o Jordania llegan como invitados de piedra, sin ninguna posibilidad, o casi
ninguna, de conseguir una victoria, recibirán, como la gente humilde, goleadas y
humillaciones.

Seguimos avanzando por la avenida y al fin emerge el estadio mundialista, trasplantado en
el entorno como un enorme ovni llegado de un mundo al que no pertenece y es aquí dónde
nos informan de que la selección de Japón se irá de Monterrey porque los campos de
entreno no están a la altura de sus exigencias. En un principio les habían asignado los
campos de San Nicolás de los Garza pertenecientes a la UANL y más tarde los reubicaron en
los campos del Barrial, donde el Club Rayados realiza sus entrenamientos. Ninguno de los
dos cumplió las expectativas de la selección nipona que decidió cruzar el río Bravo en busca
de mejores condiciones.

El mundial como espejo de la sociedad, clasista, desigual, injusta. México es un país
complejo, de cara al exterior los políticos quieren dar la imagen de tranquilidad, aquí no
pasa nada, somos modernos, estamos preparados, pero “a la mera hora de los trancazos” la
evidencia es demasiado poderosa para tratar de taparla con una simple valla panorámica, la
alfombra donde escondemos toda nuestra basura ya no da más de sí y se muestra deforme,
contrahecha, como la realidad social. Y no se trata de una tendencia política u otra. Hasta
ahora hemos hablado del gobierno “neoliberal” de Samuel García, pero en la presidencia, de
corte socialista, están imponiendo el mismo modus operandi, vallas para separar a la
población de los VIP, incluso para el partido inaugural la línea del tren ligero solo pudo ser
utilizada por aquellos que tuviesen un boleto de acceso al estadio, dejando sin transporte a
quienes viven en la zona y no asistirán al evento.

El balón empezará a rodar y la población se concentrará en los goles, las jugadas, los cruces
eliminatorios. El fútbol volverá al primer plano y eclipsará todo lo demás, pero la sensación
que queda de la crónica de los días previos es de fracaso, de que el pueblo pierde, de que lo

que pretende ser una fiesta para todos, termina siendo la fiesta de pocos; los de siempre,
los que están arriba y con sus botas de tachones, para no abandonar el símil futbolero,
taclean a la mayoría frustrada e invisibilizada, sin derecho a réplica o a justicia, como los
más de cien mil desaparecidos oficiales con los que cuenta México y que podrían llenar el
estadio Azteca en el partido inaugural de esta magna fiesta.

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