Con un ojo puesto en la vuelta de la Champions. Pero sin dar opción a que la Liga reviviese. El rival era el indicado para permitírselo. Un Espanyol en modo 2026, es decir, en modo “¿alguien ha visto una victoria?”, Así afrontaba el Barça el derbi de la provincia de Barcelona. Y con los blancos tropezando cada fin de semana, los azulgranas han decidido no hacer preguntas incómodas: recogen los puntos, sonríen y ya hacen lugar para un nuevo título en las vitrinas del Museu.
Flick decidió que rotar está sobrevalorado. Pedri estaba bien, titular. Lamine, como siempre, también. Y la novedad: Gavi, que apareció como ese personaje que vuelve a una serie tras varios capítulos desaparecido. Y el guion era bastante previsible. Con el Barça teniendo el balón y el Espanyol…. estando en el campo. Replegados, esperando que pasara algo. Y pasó. Córner de Lamine, cabezazo de Fallón y 1-0. La celebración mandelamongueriana de quien llevaba desde Enero sin marcar sobraba. Diez minutos. Partido desbloqueado.
Porque el gol no cambió absolutamente nada. El Barça siguió a lo suyo: monopolio del balón, ritmo bajo y sensación de que si apretaban un poco más, el partido se acababa antes del descanso. Y apretaron. Otra vez Lamine —ese adolescente que juega como si el patio del colegio fuera el Camp Nou— puso un balón para que Fallón firmase el segundo con sutileza. 2-0 y una hora por delante. Partido resuelto… o eso parecía. Porque los blanquiazules decidieron dejar alguna señal de vida: un remate de Dolan que rozó el larguero. Aparición fugaz. Cameo. Fin de la contribución ofensiva.
La segunda parte arrancó con cambios y con una ligera mejora visitante. Algo lógico: peor era imposible. El Barça, mientras tanto, empezó a gestionar los minutos pensando más en el martes. Traducido: bajar la intensidad y confiar en que no pasase nada raro. Pero pasó. El gol de Pol Lozano. Porque como lleva haciendo toda la temporada este Barça Flickeano, si puedes complicarte la vida, ¿por qué no hacerlo?
Hansi reaccionó con cambios. Trashford y El Canelo al campo. Suficiente para que aumentase la sensación de que el tercer gol estaba al caer. El inglés tuvo la suya pero estuvo lento. Y el portugués hizo lo que se espera de él: casi marca el tercero y casi propicia el empate. El Joker estaría satisfecho de este agente del caos.
El partido podía entrar en la zona “puede pasar cualquier cosa”. Antes de eso apareció otra vez Lamine. Cabalgada, balón dividido con Dimitriesvki ganado con tesón y fortuna a partes iguales y gol. 3-1. Partido cerrado. Exhibición personal. Adolescencia suspendida indefinidamente.
Hubo tiempo para más. Reaparición de Fraude Jong, que volvió con el tiempo suficiente para dar una asistencia a Trashford que firmaba el 4-1. La Liga ya está en el horno. Hay aroma de campeón. Son nueve puntos de ventaja con veintiuno en juego. Blanco y en botella… Sería la tercera en cuatro años pese a las trabas de fichajes y un equipo plagado de juveniles. El nuevo ciclo ya ha comenzado.
