El primer partido de verdad de la Xempions dejó muchas –demasiadas- dudas. Porque el Barça de Flick, en otro partido ante un rival con cara y ojos, volvió a mostrar una versión habitual de esta temporada. Esa donde se juega más a lo que quiere el rival que a lo que querría el técnico alemán. Ya pasó contra el PSG, contra el Chelsea, contra el Mierdas en el Mierdabeu, contra el Patetico en Copa… demasiados ejemplos como para no detectar un problema.
Y es que no necesitaron demasiado futbol los del Castillo Nuevo. Bastó el esperado y habitual partido de empuje físico de casi cualquier campo inglés para que el Barça no encontrase su lugar. Con Pedri renqueante y con un tímido y, por momentos, desbordado Bernal, la manija del partido era blanquinegra. Al menos Flick planteó una defensa algo más retrasada y los sustos por la rotura del fuera de juego fueron menos habituales. A cambio, Joan García mostró su versión menos segura, especialmente cuando a los 5 minutos casi regala un gol que Cubarsi sacó bajo palos. Lo compensó el portero con una gran estirada pocos minutos después.
Esas fueron casi las únicas jugadas de peligro de la primera parte. Todas del lado urraco. Porque el ataque azulgrana era una sombra de lo que fue la temporada pasada. Raphinha confirmó que su versión 2025 fue un one-hit-wonder en la que tocó techo. El brasileño vuelve a su versión humana, a su nivel real que mostró en las temporadas que casi provocan su salida del equipo. Ni un reproche a su actitud y compromiso. Pero a veces hay que recordar que Dani Guiza o Salva Ballesta una vez fueron pichichis de la liga. De la agonía de Lewandowski hay poco más que añadir. Cada partido parece que ha cumplido un año más. Hoy parecía su 78º cumpleaños. Lamine, por su parte, no encontró ese punto de inspiración que venía luciendo en el último mes. Entre los tres ni siquiera llegaron a comprobar si el portero rival era bueno, malo o regular.
Al menos se llegó al descanso aguantando el tipo. Con la confianza de que los locales bajasen un poco el ritmo en la segunda parte. No ocurrió. O si lo hicieron, los azulgrana bajaron el doble. Una buena ocasión de Viejowski –el de hace una década habría acertado– fue el preludio del desplome físico del equipo a falta de media hora. Un desplome tan evidente como preocupante. Flick intentó revitalizar a los suyos con los cambios pero, al igual que sus jugadores, no tuvo su mejor día. Cada sustitución empeoraba la situación.
Y detectaron los locales la debilidad y fueron a por el partido. Cada ataque era más peligroso que el anterior y un gol anulado por claro fuera de juego fue el preludio del merecido gol local. Grieta en la defensa, Araujo defendiendo desde fuera del área con la mirada y Barnes que aparece solo en el segundo palo para fusilar a Joan García. Quedaban aún tiempo, si… pero no para empatar sino para encajar un segundo gol que habría complicado seriamente la clasificación.
Por suerte, el Newcastle nunca ha pasado de ser un equipo de medio pelo. Y lo son porque necesitan hacer un grandísimo partido y una efectividad absoluta para competir con los grandes. Efectividad que esta vez sí tuvo el Barça. La que le ha faltado en varias ocasiones esta temporada apareció en el momento más oportuno: tiempo de descuento y Olmo que, con un gran amague, fuerza la falta dentro del área. Un penalty más claro que la tara mental del Mandela Monguer. Pese a sus últimos fallos desde los once metros, Lamine asumió la responsabilidad. Esta vez acertó, maquillando el resultado y enderezando una eliminatoria que se ponía cuesta arriba. Fue la buena noticia de la noche. La mala es que esto eran apenas los octavos final…
