Victoria sin brillo

No Pedri, no party.

Salió el Barça a la noche de Bilbao con un equipo de circunstancia. A las bajas obligadas por lesión de Koundé y Balde, se sumaron las bajas por decisión técnica de Raphinha y Pedri. En la primera parte el equipo se mostró bastante espeso frente a un siempre voluntarioso Athletic de Bilbao.

Pacto de no agresión.

Y es que parecía que ninguno de los dos equipos querían meter un gol. Rashford, Ferrán y Olmo estaban tan erráticos que contagiaron a un Lamine desconocido y lo arrastraron a una tarde de abulia en el parque de Rocafonda. Detrás de ellos Casadó y Bernal aportaban equilibrio pero poco más. Y el equipo se mostraba seguro en defensa con Eric, Cubarsí y Gerard Maldini, junto a un atento Joan García. Cancelo por la izquierda fue el jugador que más peligro aportó al área rival sin suponer demasiado peligro en el área propia, demostrando así que su fichaje no fue baladí.

Segunda parte, cara nueva.

Se notó demasiado el sobreesfuerzo que supuso el intento de remontada de copa del rey, y que dentro de tres día tenemos una cita importante en Inglaterra, pero Flick decidió dar entrada a los presumibles titulares, Pedri, Raphinha, Lewandowski y Fermín por Bernal, Rashford, Ferrán y Olmo. Y tanto el equipo como Yamal lo agradecieron. En el minuto 68 Pedri abre a banda y Lamine dentro del área tira al suelo a Boiro con un recorte eléctrico y la cuela pegada al palo, disparo imposible de parar por Unai. Gol que supone el 19 en el año para el número 10 del Barça que supera así su récord de 18 goles el curso pasado.

Flick se aburría y la parroquia también

Los veinte minutos finales transcurrieron sin demasiados sobresaltos ante un inoperante Athletic que se acercaba al arco de Joan García pero sin demasiada intención. La entrada de Guruceta supuso una leve oleada de futbol ofensivo que resultó inocua ante un Barça que pensaba ya en la cita de Champions. En los minutos finales Flick decidió dar entrada a Ronald Araujo por un desdibujado y superado Casadó, para darle más consistencia al centro del campo con Eric, pero como el equipo culé es todavía un proyecto en construcción, la manta resulta corta y a veces para taparse la cabeza se destapa los pies. La presencia de Araujo en la línea defensiva provocó algún que otro improperio culé, y es que el uruguayo sigue transmitiendo que es un gran jugador pero encaja menos en un equipo que pretende salir jugando desde atrás que Messi en un club de lectura de filosofía alemana. Ojalá por su bien y el nuestro decida en verano fichar por un equipo que juega en bloque bajo.

 

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