Todo el mundo sabía que el Atlético de Madrid saldría a por todas. Dejándose la vida. Quemando las naves. Es la única competición en la que aún tienen opciones reales. ¿Todo el mundo? No. Los jugadores del Barça no parecían estar entre los informados. Como viene siendo costumbre esta temporada, salieron dormidos. O peor: anestesiados. Y el Metropolitano, que no perdona estas cosas, olió la sangre desde el primer minuto.
Avisaron los rojiblancos nada más empezar. Mano a mano salvado in extremis por Joan García, que evitó magistralmente el 1-0… solo para emborronar su obra poco después. Cesión de Eric García, el balón botando malamente, el portero dudando y la pelota entrando mansamente. Ni el árbitro ni el linier lo vieron claro, pero por si acaso, en la continuación de la jugada el Atleti remachó. Aquí no se fía nadie. Mucho menos el equipo de Simeone.
El segundo no tardó en llegar. Y cómo no, cumpliendo la “ley del ex”. Quini, Julio Salinas, Malexis Sánchez, Luis Suárez, Chutinho, Dembelerdo… El Hombre Gris también se apuntó a un club que cada vez tiene más socios. Solo falta Dugarry para cerrar el círculo. El Atlético seguía percutiendo ante un Barça grogui, sin respuesta, sin alma y sin centro del campo.
Y llegó el tercero. Contraataque de manual, de los que Simeone guarda en la mesilla desde hace una década, culminado por Nomemola Lookman. El Barça hacía aguas por todas partes. DecepJong volvía a decepcionar en un partido grande: cuando el ritmo sube, se le ven todas las costuras. Recuerda a ese Busquets crepuscular, con la diferencia de que Frenkie nunca alcanzó las cotas de excelencia de Don Sergio. Casadó también sufrió de lo lindo. Ni rastro del jugador prometedor de la temporada pasada. Y quedó claro, una vez más, que No Pedry, No Party.
En ataque, el panorama no mejoraba. Olmo reducido a figurante, Lamine desaparecido, como si el partido no fuera con él. Aún menos noticias de Fallón. Ni una buena noticia. Con el 3-0, el Atlético pareció tomarse un respiro. O eso pensaban los azulgrana. Error. Poco antes del descanso, Julián Álvarez también quiso participar. Nadie recordaba cuándo había marcado por última vez, y el Barça, siempre solidario, se encargó de resucitar al muerto. Latigazo desde la frontal. Imparable. 4-0. Un repaso en toda regla. Y solo en 45 minutos.
Pintaba a goleada histórica… si el partido seguía por los mismos derroteros. Pero Simeone es mucho Simeone. Si se hizo famoso por amarrar partidos con 1-0, ¿cómo no iba a hacerlo con 4-0? El Atlético levantó el pie, juntó líneas y dejó al Barça tener algo de balón en la segunda parte. Un disparo peligroso de Fermín fue el preludio del gol de Cubarsí poco después.
Y entonces apareció el run run. Ese murmullo de miedo en la grada. El temor a que el Barça flickeano volviera a sacarse una remontada de la chistera. Pero ahí estaba el VAR. O lo que fuera aquello. Tras largos minutos de deliberación, se determinó que un padrastro del talón del pie izquierdo de Lewandowski estaba adelantado. Ventaja suficiente, se supone. Ironías aparte, el gol habría animado el partido y la eliminatoria.
Pero el Patético dejó pasar el tiempo. Fiel a su manual, para amarrar la renta. Ya cerca del final, la expulsión de Eric dejó al Barça con diez. Y Sorloth tuvo la manita, pero falló. Quién sabe si no dejó abierta una pequeña rendija a la esperanza para la vuelta. Nadie dijo que fuera a ser fácil la eliminatoria pero de ahí a caer con este estrépito hay un trecho. Ya se fue muy inferior al PSG y al Chelsea, salió derrotado en el Mierdabeu contra un Madrid de Hacendado y hoy, en el Metropolitano, se queda con pie y medio fuera de la final. Aún no se ha dado la talla de verdad en un partido grande esta temporada.
