El líder comparecía en el Spotify Camp Nou. Está en uno de esos momentos en los que todo parece fluir. Tal vez el mejor tramo de la temporada. En el que se gana, se convence y, lo más insultante para el rival, se golea casi sin aparente esfuerzo. El Mallorca era el invitado y Flick, fiel a su costumbre de tener razón incluso antes de explicarse, sorprendía dando la titularidad a Casadó. El chaval respondió. Como suelen hacerlo los chavales cuando el contexto acompaña y el entrenador sabe dónde colocarlos.
La primera parte tuvo algo de engañosa. El Mallorca tuvo alguna llegada, alguna aproximación bienintencionada, pero más cercana al deseo que al peligro real. Mucha voluntad, poca pólvora. El Barça, en cambio, seguía instalado en esa línea ascendente del último mes: dominio constante, circulación fluida y llegadas con sentido.
Trashford ocupaba el lugar de Raphinha. Y aunque no todo le salía, se le veía con ganas de quedarse en Barcelona: de una jugada iniciada por el inglés llegó el primer golpe. Rechace en el área y ahí estaba Robert. El gol llama a su puerta. Y Robert siempre la abre. Pasan los años, cambian los sistemas, se renuevan los discursos… y los goles siguen cayendo en su casillero. Cada vez participa menos en el juego, es cierto. Pero de lo poco que toca, mucho suele acabar en la red. Tranquilidad de depredador. De los que no necesitan avisar dos veces. 1-0 y la sensación de que el partido estaba exactamente donde quería el Barça.
La segunda parte fue aún mejor. Amo y señor del encuentro, el conjunto azulgrana se adueñó del balón y del ritmo. El Mallorca reculó. Primero unos metros. Luego otros. Y finalmente pareció sacar la bandera blanca, resignado a que aquello no iba de resistir, sino de sobrevivir con dignidad. Quince minutos bastaron para confirmar lo inevitable. Lamine, desde fuera del área, sacó un zurdazo seco, impecable. Cinco partidos consecutivos marcando. No parece casualidad que la mejor racha de juego del equipo coincida con su mejor momento de la temporada. Cuando El Chaval está así, todo encaja un poco mejor.
Con el partido resuelto, Flick activó el modo gestor. Oxígeno, rotaciones y mirada ya puesta en el próximo compromiso copero ante el Patético. La más significativa fue la entrada de Bernal. Y Marc hizo lo que hacen los futbolistas que tienen algo especial: aprovechar el tiempo como si fuera oro. Gran control, arrancada potente, recorte en el área y definición final ligeramente deslucida por el desvío de un defensa. Pero da igual. Fue una de esas jugadas que hacen pensar, casi sin quererlo: ahí hay madera de crack. Tras su grave lesión, quizá no ha tenido todo el protagonismo que algunos esperaban. Flick lo ha ido dosificando. Sin prisas. Y cada vez aporta más. Una vez más, Flick tenía razón.
El líder sigue y seguirá líder. Firme. Convencido. A la espera de despegarse, antes o después, de su perseguidor. Porque a poco que falle la respiración asistida de los mbapenaltis de cada jornada, puede que se asfixie y se quede sin aire. Y este Barça, ahora mismo, corre con los pulmones llenos.
