Homenaje a Michael Ende

Se avecinan decisivos partidos ante el Inter en la Champions y ante el Madrid en el Bernabeu. Y eso, sumado a las numerosas bajas en defensa, propició una alineación donde llamaba la atención la titularidad de hasta tres laterales izquierdos. Alguno lo tildaría de “Cruyffada”. Pero lo que probablemente habría hecho Johann era jugar con 3 defensas. Xavi, por el contrario, dio el bastón de mando nuevamente a las trillizas. Y ya se sabe, porque se lleva demostrando más de un lustro, que cuantas más vacas sagradas en el once, peor luce el equipo. Y hoy no fue la excepción.

Como si se tratara de un Joan Gamper o un partido de homenaje cualquiera, el equipo saltó al campo a verlas venir, confiado en que antes o después, Robert abriría la lata. Pero Lewandoski, con toda su calidad, no genera juego: lo remata. Segundo partido del polaco sin marcar. Y eso, en sí, no sería grave. Lo preocupante es que no tiene ni ocasiones. Tan precario era el juego de Barça que tuvo que ser el propio Celta el que generase la mejor ocasión local: Unai Núñez asistió a Pedri para que este marcase. Lleva los mismos goles que DembeLOL y que Ansu, lo que habla a las claras de lo que están aportando cada uno de ellos. Cierto es que menos todavía aporta Yerran Torres. Su apagón es tan preocupante que ya no solo no marca sino hasta que evita que su equipo marque. Esta Griezmaneando muy peligrosamente.

Un penalti escamoteado a Raphinha por Neymarear –o en su defecto Viniciusear– fue el prólogo de lo que estaba por llegar: la NADA misma. Esa nada de la que hablaba Michael Ende en La Historia Interminable. “El vacío que queda como una desesperación ciega que destruye este mundo”, escribió el escritor alemán, sin duda inspirado en el juego azulgrana de la segunda parte.

Porque sin Pedri, lo que ya estaba siendo un equipo ramplón se convirtió directamente en un equipo vulgar. Y el Celta se percató de ello. Paso a ser el dominador del encuentro, encerrando a un Barça que reculaba una y otra vez. Que estuviera Piqué de titular fue tan solo una de esas extrañas coincidencias espacio-temporales. Se temía el gol del empate cada vez que Aspas recibía el balón. No en vano, el gallego es el delantero que más goles le ha marcado a Ter Stegen desde que llego a España. Y aunque Aspas cuando ve una camiseta azulgrana se convierte en Pelé,tira las faltas como Mihailovic, corre la banda como Odonkor, centra como Beckham, chuta como Adriano y cabecea como Bierhoff, hoy se puso la camiseta de Serginho y las botas de Dugarry.

Y si Iago no marca, el Celta no puntúa. Ley de vida céltica. Sin embargo, los tres puntos no deben tapar la bochornosa imagen del Barça. Cuando se hacen tres cambios de golpe y ninguno de ellos es para sacar a alguna de las trillizas, el aire –ya nauseabundo– comienza a ser irrespirable. Que no queden en el tintero los minutos de Frenkie DecepJong,trillizeando, viendo pasar la vida delante de él. Y cuando, para rematar el despropósito, entra Sergi Tormento para hacer el póker, hay que empezar a girarse hacia el banquillo. Xavi venía no sólo a mejorar los resultados, sino también el juego y a hacer una limpia en el vestuario. Continúan demasiados bultos sospechosos en la plantilla. Muchos por expreso deseo del egarense. Y casi un año y 400 millones en fichajes después, el equipo se parece más a lo de Q-man que a lo de Pep. O peor aún: porque el juego y el partido de hoy lo habría firmado el mismísimo Cholo. Avalado a derecha e izquierda por Clemente y Lotina.

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