Cuatro minutos de posesión y gol. El Barça empezaba el partido en el Ciutat de València pretendiendo resolver el partido antes de que alguien pudiera comprobar el estado del césped. Quizá era lo más sensato, porque hay campos menos secos entre Palencia y Burgos. El Levante decidió que, si no podía quitarle el balón al Barça, al menos podía conseguir que el balón no se moviese. Césped seco, pelota frenada y una superficie preparada con tanto cariño que ponía en peligro hasta a los propios jugadores. Todo sea por la causa. Al Barça le dio igual. Al menos al principio. Porque si la primera jugada seria terminó dentro. La segunda empezó con un pase magnífico de Fermín que rompió la primera línea para que Raphinha asistiese a Laminga.
Y el problema fue que el Barça lo vio demasiado fácil. Tras ese segundo gol, el Barça dejó de parecerse bastante al Barça. Perdió balones absurdos en el centro del campo, sufrió por los laterales y nunca consiguió imponer ese dominio absoluto que suele convertir los partidos en un rondo de noventa minutos. El Levante empujaba, protestaba, corría y añadía una dosis razonable de teatro para mantener el encuentro en ese terreno pantanoso donde cada balón dividido parece una cuestión de Estado. Y atrás estaba Gerard Martín. Como suplente, central corrector y recurso puntual, uno puede comprarlo. Como titular empieza a ser un ay, ay, ay permanente. Y es que no todos los canteranos tienen necesariamente nivel para consolidarse en el primer equipo. La cantera sirve para producir futbolistas, no para abolir el mercado de fichajes. Y como Koundé tampoco está en modo Puyol, Flick tiene un pequeño problema que convendría solucionar antes de que llegue la parte seria de la Xempions.
Tampoco tenía su mejor día Gordon. Si eres extremo, abrir el campo y fijar al lateral es parte del trabajo. Pero en algún momento también tienes que recordar que tu oficio consiste en atacar al señor que tienes delante. Gordon recibió demasiados balones para devolverlos inmediatamente atrás. Porque el defensa rival también debe justificar su nómina.
Así, el Levante llegó al descanso convenciéndose de que todavía podía meterse en el partido. El Barça tardó cuatro minutos en arruinarle la charla motivacional. Mandi derribó a Laminga dentro del área. Penalti. El 10 agarró el balón. Gol. El que no tiene gol. El que lleva seis en seis partidos esta temporada. Conviene ir actualizando relatos antes de que caduquen. No marcó en las dos primeras jornadas y desde entonces lo ha compensado con dobletes: tres consecutivos. El último azulgrana que hizo tres dobletes seguidos en Liga fue un tal Leo Messi.
Partido terminado. O eso parecía. Con el 0-3 Flick empezó a pensar en lo siguiente. Carrusel de cambios que dieron lugar a la nada misma en términos futbolísticos y un último cuarto de hora para recordar que en el fútbol la indolencia se paga. Un mal pase de Xavi Espart, sumada a una duda de Christensen permitió a Romero batir a Joan García. Error infantil de alguienal que se le notó por primera vez que es exactamente lo que es: un chaval. Pese a su gol y a haber empezado la temporada con desparpajo casi se nos había olvidado. A veces se tiene que notar que juegas con niños. Lo extraordinario es que no se nota casi nunca.
Y de repente el Levante empezó a creérselo. El Barça, incomprensiblemente, empezó a ayudarle. Los últimos minutos fueron muy malos. Falta de tensión, pérdidas, jugadores andando y Brugué que hacía el 2-3. Lo que quince minutos antes estaba completamente muerto empezó a levantarse de la camilla. El Ciutat de València creyó en el milagro. El Levante apretó. El Barça reculó. Y durante unos minutos apareció la incómoda pregunta: ¿No irán estos tíos a liarla de verdad? ¿Liga perdida en Septiembre? ¿Flick dimissió?
Aydemi cerró el manicomio. Recibió lejos del área. Arrancó. Uno fuera. Otro fuera. Un tercero intentando seguirle. Y disparo ajustado junto al poste de Ryan. El alemán necesitaba algo así. Gordon parecía haberle adelantado en las últimas jornadas, pero Karim tiene una virtud imposible de enseñar: cuando encuentra metros, arranca. Y le volvió a añadir definición, cerrando un partido que el Barça había convertido innecesariamente en emocionante.
Una victoria de la que, aún así, se pueden sacar lecciones. Que Gordon debe atreverse más. Que a Espart le llegó su primer partido de juvenil terrenal. Que Gerard Martín sigue generando demasiadas dudas. Y que la defensa tuvo un último cuarto de hora impropio de un equipo que pretende ganar la Xempions. Desconectar contra el Levante es pasar de un 0-3 a acabar 2-4. Contra un Bayern o un PSG significa buscar vuelos para Semana Santa.
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