Hay tradiciones que conviene conservar. Las croquetas. Las doce uvas. La sobremesa. Regalar un libro y una rosa. Y el Bilbao marchándose del Camp Nou sin ganar. Ya son 25 años desde la última victoria de los castellanos del norte en territorio azulgrana. Para hacerse una idea del tiempo transcurrido, en aquel lejano 2001, Bill Clinton todavía era presidente de Estados Unidos y en Argentina estaban a punto de batir un récord difícilmente homologable: cinco presidentes en una semana. Ha llovido. Hoy Clinton ya es un anciano de 80 años y Argentina ha vuelto a tener cinco presidentes… y el Athletic sigue sin ganar en Barcelona.
Los rojiblancos estuvieron lejos de puntuar como lejos está ese 2001. El 2-0 puede sugerir un partido relativamente apretado. No lo fue. El Barça ganó con suficiencia casi funcionarial, dominando balón, territorio y ocasiones ante un Athletic que pasó buena parte de la noche persiguiendo sombras. Faltó únicamente traducir esa superioridad al marcador para evitar que algún accidente convirtiera lo que debía ser una victoria cómoda en uno de esos finales donde aparecen los nervios, las estampitas y las cuentas pendientes con el VAR.
Raphinha, mientras tanto, parece haberse tomado muy en serio eso de jugar de 9. A los veinte minutos ya avisó con un cabezazo de delantero centro puro. De esos que sirven para marcar territorio y decirle al entrenador: Hansi, igual no hace falta gastarse cien millones. Poco después el Barça marcó, aunque el gol fue anulado por un taconazo milimétrico de Laminga en fuera de juego. Tan milimétrico que probablemente empezó dos meses antes. La tecnología dijo que no y uno ya ha aprendido que discutir con las rayas del VAR es como discutir con Hacienda: puedes tener razón, pero vas a perder.
Hasta que apareció Pedri. Y apareció EL PASE. Así, con mayúsculas. Finta. Giro. Conducción. Cabeza arriba. Y balón entre líneas. Todo en unos segundos para eliminar él solito a ocho jugadores del Athletic sin necesidad de regatear a ninguno. Hay pases que encuentran a un compañero y hay pases que directamente desmontan un sistema defensivo. Este fue de los segundos. Rabhinha recibió completamente solo ante Unai Simón y, en lugar de disparar al moñeco como probablemente habría hecho Fallon, hizo lo que debe hacer cualquier delantero centro que aspire a ser considerado como tal: regatear al portero y marcar. 1-0. La celebración de Spiderman como homenaje a su hijo ya no cuela. Raphinha está mandando un mensaje a la dirección deportiva: el 9 de los cien minolles no se llama Peter Parker, ni se llama Julian. Se llama Raphael Dias Belloli.
El Barça controlaba el partido sin necesidad de demasiadas estridencias. Pedri gobernaba el centro del campo, el Athletic corría detrás del balón y Xavi Espart volvía a demostrar que su presencia en el primer equipo ha dejado de ser una anécdota. Titular otra vez y ya con dorsal de los mayores. Toda una declaración de intenciones. Frente a los castellanos renegados firmó otro encuentro completísimo: criterio con balón, personalidad para ofrecerse y esa tranquilidad impropia de quien acaba prácticamente de llegar.
Gordon también dejó cosas. Más empeño y voluntarismo que verdadera calidad, cierto, pero todo suma cuando acabas de aterrizar en un equipo así. Corre, se ofrece, intenta cosas y no se esconde. Ya habrá tiempo para averiguar dónde está exactamente su techo.
Y después estuvo Laminga. Que sigue buscando Laminga anterior a la lesión. Todavía no está ahí, pero se acerca. Paso a paso. Le faltó únicamente el gol que termine de devolverle esa confianza que a ratos parece haberse quedado en la enfermería. Lo intentó de todas las maneras. Se encontró con Unai Simón. Se encontró con el larguero. Se encontró con todo menos con la red. No hubo manera. No parece algo especialmente preocupante. Cuando un futbolista genera tantas ocasiones, el problema no es si volverá a marcar sino cuándo. Y Laminga volverá. Más temprano que tarde.
Quien sí volvió fue Rodri. Y el Camp Nou dejó bastante claro que tenía ganas de verle otra vez en la Liga española. La primera ovación llegó simplemente cuando salió a calentar. La segunda, atronadora, cuando entró al campo. No había tocado todavía una pelota y ya tenía al estadio en pie. Y es que el centro del campo del Barça empieza a dar un poco de miedo sólo con leer los nombres. Pedri, Gavi, Fermín, Olmo, Bernal y ahora Rodri. No, De Jong no entra en la lista. Flick tiene tantas posibilidades ahí dentro que probablemente necesite una hoja de Excel para repartir minutos. Problemas del primer mundo.
El único defecto del Barça fue no haber sentenciado antes. Porque cuando dominas tanto y sigues ganando solamente 1-0 siempre queda abierta la puerta al clásico accidente futbolístico. Un córner, un rebote, un señor que lleva ochenta minutos sin aparecer y de repente decide meter el gol de su vida. Y estuvo cerca. El Bilbao mandó un balón al palo y durante unos segundos el Camp Nou recordó que aquello seguía siendo únicamente un 1-0. Primer aviso serio de los bilbaínos y pequeña subida colectiva de pulsaciones.
Duró poco. Porque inmediatamente después llegó el regalo. La defensa del Athletic decidió colaborar con la causa y Fermín, que para estas cosas tiene menos escrúpulos que un inspector de Hacienda, aceptó encantado. Error atrás, balón para el onubense y 2-0. Muchas gracias. Vuelva usted cuando quiera. Y el Barça que suma seis de seis sin haber necesitado todavía meter la quinta marcha
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