Misión cumplida en zona de guerra

Ganar, ganar y volver a ganar. El FC Barcelona ha decidido que la Liga es esto: una rutina bien ejecutada mientras otros se dedican a tropezar con su propia sombra. Esta vez tocaba visita al siempre acogedor —nótese la ironía— campo del Pestafe, donde llevaba cinco años sin ganar. Cinco. Un lustro atrapado en ese ecosistema donde jugar al fútbol parece estar prohibido por ley y el contacto físico, obligatorio.

Se esperaba partido de picar piedra. Lo fue… pero menos. Quizá porque el equipo de Borderlás ha decidido innovar: “¿Y si probamos a salvarnos sin disparar a puerta?” Una propuesta rompedora, casi artística. El minimalismo llevado al extremo. El balón, ese objeto decorativo. Lleva casi 4 partidos completos sin hacerlo y está con opciones de jugar en Europa. El futbol moderno era esto.

El Barça, mientras tanto, salió serio. Sin sus dos principales focos ofensivos, apostó por lo que tenía: centro del campo, movilidad y paciencia. Mucha paciencia. Porque enfrente no había un rival, había un muro. Uno que no pretendía jugar, sino interrumpir cualquier intento de juego. Balones largos, segundas jugadas, choques constantes… el menú habitual. Y durante un rato, el plan del maligno del extrarradio funcionó.

Hasta que apareció Cubarsí, que decidió que defender también puede ser elegante. Robo, salida limpia y balón para Pedri, que hizo lo que hace siempre: pensar más rápido que los demás. Pase para Fermín y gol. Llegador. Preciso. 0-1. El fútbol, ese intruso, en Borderlandia. Descanso. Y grave problema para el técnico local: su equipo iba perdiendo. Una situación incómoda cuando tu plan A, B y C es no atacar. Tocaba cambiar algo. O al menos intentarlo.

Movió el banquillo el Mourinho de Hacendado. Dio entrada a más “presencia ofensiva”. Un concepto abierto a interpretación. Adelantar las líneas… un poco. Lo justo para que el Barça encontrara más espacios. Porque claro, cuando dejas de acumular gente detrás del balón, pasan cosas. Y el Barça creció. Más fluido. Más reconocible. Flick acertó con los cambios, especialmente con la entrada de Trashford por un Noeswayne Roony, que confirmó esa teoría cada vez más extendida: hay jugadores que funcionan mejor como idea que como realidad desde el inicio.

El Pestafe tuvo su momento. Una aproximación. Un intento. Nada que obligara a intervenir seriamente al portero. Porque claro, para eso hay que chutar. Y ahí, Cubarsí otra vez, cerrando cualquier conato de rebeldía. Y poco después, la sentencia. Viejowski filtra, Rashford corre, define. 0-2. Contraataque en territorio Bordalás. Una rareza estadística. Un pequeño milagro táctico. Debería contar como un título más esta temporada. Triplete.

Partido terminado. El Pestafe volvió a su zona de confort: interrumpir, frenar, desgastar. El Barça, a lo suyo: controlar, esperar, sumar. Tres puntos más. Otra victoria. Otro paso hacia un título que ya no se discute, solo se agenda. El pasillo se intuye en el horizonte… dependiendo, claro, de lo que haga el Mierdas. Aunque viendo la temporada, confiar en su señorío es casi tan arriesgado como esperar un disparo a puerta del Pestafe.

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