Examen en El Sadar. Lugar incómodo donde no ha mucho tiempo cayó el Mierdas. Un lugar donde Osasuna salió a lo que sale siempre: intensidad, transiciones rápidas y ese ambiente de fiesta permanente que convierte cualquier partido en una pequeña romería futbolística. Sin Víctor Muñoz, pero con Budimir, que viene a ser su seguro de vida. Y vaya si lo demostró.
El Barça, por su parte, dominaba estérilmente. Mucho balón, mucho control… y pocas ocasiones claras. Apenas un churridisparo de Noeswayne Roony, que hubiera firmado el gran Dugarry, y los clásicos acontecimientos de un partido de los blaugrana: amarilla a Gavi por entusiasmo excesivo, petición de penalti que no era para dar carnaza a la caverna y runrún constante de que el Barça dominaba pero no terminaba de hacer daño.
Y entonces apareció Budimir. No se fue a dormir tras acto onanista sino que enfiló en carrera desde el medio campo, exhibió regates, potencia… y mandó el balón al poste. Pudo ser el golazo de la jornada. Poco después, él mismo disparó ajustado al palo para que Joan García dijese “aquí estoy yo”. Osasuna acababa mejor la primera parte y dejaba la sensación de que aquello podía torcerse en la reanudación.
Una segunda mitad que empezó sin cambios, pero con un Barça algo más reconocible. Más ritmo. Más intención. Con un remate de Dani Olmo salvado bajo palos, con llegadas constantes, y con un equipo local cada vez más atrás. Flick dio entrada a Fallón y a Trashford buscando más mordiente en ataque, ante la falta de aporte real de un desaparecido Viejowski … en apariencia. Porque el polaco tiene esa habilidad: puede no estar y aparecer en el momento exacto. Y apareció.
Porque llegó el minuto 80. Centro de Trashford, y Robert –el gol aún llama a su puerta– que se elevaba en el área, marcaba los tiempos como el killer que siempre fue y clavaba un testarazo al fondo de las redes. Gol de nueve de los que ya no quedan en el mercado. Gol de los que llegan cuando el partido empieza a oler a complicación innecesaria. Y el banquillo culé que lo celebraba como quien ve el final del túnel. Que fuera el polaco el que abriese la lata para cerrar la liga tenía cierta justicia poética: Lewa vino cuando ya parecía en retirada. Y se irá del club con 3 ligas en 4 años bajo el brazo. Gracias Robert y enhorabuena por tu 13º título liguero.
Osasuna acusó el golpe. Y el Barça, por una vez, no dudó. Poco después, Fallón puso el 0-2. Partido cerrado. O eso parecía. Porque claro, estamos en El Sadar. Y allí hayalgunas tradiciones. Como que Osasuna siempre marca en casa. Y muchas veces cerca del final. Y se mantuvo. Centro y cabezazo de Raúl García. 1-2. Minutos finales. Ocho de añadido. Y ese momento en el que el Barça recuerda que cerrar partidos sin sufrir es opcional. Hubo tensión. Hubo algún susto. Incluso Fallón tuvo el 1-3. Pero no pasó nada más. El Barça resistió, sumó y volvió a hacer lo que mejor sabe hacer últimamente: acercarse al título sin hacer demasiado ruido… pero sin fallar.
Ganar y mirar el reloj. Parece una nueva sección del Club. Porque la liga ya no se juega… se espera. Porque este Barça Flickeano ya no compite contra rivales, compite contra el calendario. Mirada puesta en el partido del Mierdas. Si el guion se cumple, tal vez habrá pasillo en el Clásico. Y si no lo hay, llegará la demostración de la falta de señorío mierder, que vendría a ser lo mismo.
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Partido correspondiente a la vuelta de las semifinales de la UEFA Women’s Champions League 2025/2026.
Fecha: Domingo, 3 de mayo de 2026
Hora: 16:30h
Televisado en: TV3, Teledeporte, La 2 Cat y Disney+
