El Barça sobrevive al frio y a su defensa

Sin margen para el error. Así viajó el Barça a Praga. Ganar o ganar si quería seguir mirando al Top 8 sin prismáticos. Y lo hizo. Pero, como casi siempre esta temporada, no sin antes recordarle al mundo que defender sigue siendo una actividad optativa para este equipo. Todo ello en un escenario poco propicio para el lirismo: –7 ºC, un frío capaz de congelar ideas, piernas… y sobre todo cerebros defensivos.

Porque el partido empezó como empiezan demasiados partidos del Barça. Con un córner en contra y una defensa azulgrana convertida en una postal invernal. Nadie salta, nadie marca, nadie reacciona. El Slavia remata a placer y el 1-0 sube al marcador. Los centrales y Frenk Que DecepJong seguían buscando calor en los bolsillos del pantalón corto. Tocaba remar a contracorriente. Otra vez.

El Barça tenía el balón, como suele. Pero lo tenía sin filo, sin colmillo y sin Lamine. Y eso, hoy por hoy, es mucho decir. Rabhinha firmaba uno de esos días en los que confirma que su temporada oscila entre la temporada anterior y la de hace dos años. Así que el dominio territorial no se traducía en ocasiones claras.

Hasta que apareció Fermín. El Lampard de El Campillo. Ese futbolista que parece jugar siempre con el cronómetro acelerado y el arco rival entre ceja y ceja. Dos chutazos, el segundo absolutamente marca de la casa, cambiaron el guion del partido. Del 1-0 al 1-2 en un abrir y cerrar de ojos. El Barça había hecho lo más difícil: ponerse por delante.

Duró poco la alegría. Porque el Barça de esta temporada parece no saber gestionar ventajas ni aunque quedase un minuto para el descanso y la sombra de Anoeta estuviese tan reciente. En la jugada siguiente, nuevo error, nuevo córner, nuevo remate que toca en Lewandowski y nuevo gol local. Un disparo a puerta, dos goles. Eficacia del 200%. Difícil pensar en levantar una Champions con una defensa que concede tanto con tan poco.

La segunda parte fue un asedio más o menos constante. Las ocasiones empezaron a caer como gota malaya, una detrás de otra, mientras el empate seguía siendo un mal negocio. Pero la peor noticia no estaba en el marcador, sino en la camilla. Pedri pidió el cambio por molestias en los isquios y el pánico se extendió más rápido que el frío de Praga. Febrero asoma cargado de partidos y sin el canario, este equipo pierde algo más que fútbol: pierde sentido.

Al menos, Dani Olmo salió al rescate. En su versión favorita: la del crack intermitente. Control en la frontal, golpeo limpio y balón a la escuadra. Un gol de esos que te recuerda que, si este chico mantuviera este nivel durante una temporada entera, estaría cómodamente sentado en la mesa del Top 5 mundial.

El Slavia acusó el golpe. Y el Barça, por una vez, no perdonó. Buena jugada de Trashford por la izquierda, mal control de Viejowski, que se redimió como mandan los cánones del nueve: remate rápido y gol. El cuarto. Y sí, Robert, el gol llama a tu puerta… aunque a veces se equivoque de timbre.

El 2-4 final se combinó con otros resultados favorables. Y eso deja al Barça dependiendo de sí mismo en la última jornada para evitarse dos partidos más en un febrero que ya se intuye cuesta arriba. La victoria es oro. El juego, irregular. La defensa, preocupante. Y la duda, inevitable: este Barça gana, pero siempre parece hacerlo caminando sobre hielo. Y no solo por la temperatura.

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