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Crónica

Santander no fue un trámite

Se citaban en octavos dos líderes. Poca broma. El de Primera y el de Segunda. El  Barça, con la lógica propia de viajar a un campo de Segunda con medio equipo titular y el otro medio esperando su turno para arreglar el partido desde el banquillo, si hiciera falta. Un once mixto con varios titulares y minutos para los menos habituales, como Casadó y Bernal, dos futbolistas empeñados esta temporada en demostrar que lo que apuntaban el año pasado quizá fue solo eso, un apunte al margen. Mientras Rabhinha, Lewandowski, Fermín… aceptaron con profesionalidad mandelomongueriana el viaje a un estadio de Segunda.

La primera parte fue exactamente lo que prometía el contexto. Igualdad, pocas ocasiones y mucho orden. Un Racing serio, convencido y bien trabajado, dejando claro desde el primer minuto por qué lidera su categoría y por qué apunta a estar el año que viene en Primera. El Barça contemporizando, calibrando, observando hasta dónde llegaba el rival antes de decidir si merecía la pena arremangarse. Por ello, no pasó gran cosa en esos primeros cuarenta y cinco minutos, lo cual visto desde el lado visitante podía interpretarse como “control del partido” y desde el local como “lo estamos logrando”.

Tras el descanso, los de Flick decidieron subir una marcha. Y todas las carreteras condujeron a Lamine. El Chaval monopolizó el ataque, pidió la pelota, la escondió, la repartió y empezó a filtrar pases. Ninguno de ellos encontró el premio del gol, algo que sí logró Fermín, recién salido del banquillo, con una gran asistencia a New Fallon, que definió como se espera de un delantero centro de nivel: sin poesía, sin debates y sin darle opción al portero. 0-1 y el pase a cuartos aparentemente encarrilado.

Porque el Barça dio el resultado por bueno. Error. Porque el Racing no lo hizo, por razones obvias. Los racinguistas se lanzaron a por el empate con una mezcla de fe y piernas frescas que incomodó seriamente al campeón. Marcaron dos goles, ambos anulados por  ajustados fueras de juego, uno de ellos necesitado de lupa, VAR y curso acelerado de geometría. Pero avisos claros de que el cántaro cántabro estaba yendo demasiadas veces a la fuente.

Y casi se rompe. En el descuento, Manex Lozano —nombre de youtuber especializado en “retos extremos”— se plantó solo ante Joan García. Con un compañero al lado, libre y esperando marcar a puerta vacía, decidió buscar la gloria en solitario. Gloria que decidió no presentarse porque se la arrebató, con su temple y flema habitual, Joan García. El sallentino le ganó el mano a mano y, de paso, confirmó que Flick acertó incluso en esto: no darle los partidos de Copa a Ter Stegen.

Con el susto aún recorriendo la espalda azulgrana, el Barça sentenció a la contra. Lamine culminó su buena segunda parte con un gol tras asistencia de Rabhinha, cerrando el marcador y la eliminatoria. Un pase a cuartos con sensación de victoria incómoda pero que a buen seguro nadie recordará en un par de meses.