Crónica

Un mal rato

Castellanizando el nombre del equipo rival, la ida de la eliminatoria frente al “Concordia” (Eintrach en alemán) tuvo de todo menos ídem. Porque los de Frankfurt (o Francoforte, aprovechemos los exónimos del siglo XVI), como ya había avisado Xavi, son un buen equipo: duro, rocoso, correoso, incluso con momento violentos -permitidos por un pésimo árbitro- con un excepcional físico y que sabe explotar lo que tiene. No, no es el Bayern de Augenthaler, pero habrá que masticar clavos para eliminarlos.

Porque toda la primera parte se jugó a lo que quisieron los de Oliver Glasner: con gran superioridad local física y táctica en el medio del campo, Busquets sufría mucho mientras Pedri apenas podía desplegar su magia, desplazado a la banda derecha en una controvertida apuesta de Xavi para dar cabida a Gavi. La realidad es que, hoy por hoy, el canario es un futbolista mucho más valioso, y el juego del equipo debería girar siempre en torno a él. Por ello, en ataque, las ocasiones llegaban con cuentagotas para Ferrán y Auba, mientras Adama seguía desinflando aquel globo que nos deslumbró en su debut: su partido de hoy solo sirvió para recordar aquellas épocas de Neymar en las que el brasileño se resbalaba en cada jugada. El problema es que al de Hospitalet no le queda ni la excusa de las botas.

Y aunque el mejor juego alemán no se traducía en claras ocasiones, se percibía en el tremendo ambiente del otrora Waldstadion –hoy capitalizado a Deutsche Bank Park- que si algún equipo se adelantaría en el marcador, iba a ser el Eintrach. Cerca estuvo de hacerlo cuando el árbitro serbio señalo penalti en una limpia entrada de Busquets. El VAR lo corrigió pero solo retrasó lo inevitable. Apenas se llevaban 3 minutos de la reanudación cuando Ansgar Knauff demostró que su nombre es de alemán de pura cepa. Cañonazo a lo Schwarzenbeck a la escuadra de Ter Stegen. Un tiro de esos que se asumen como “imparables”. O no. Porque estaba demasiado cercana en el tiempo y en la retina de los espectadores la parada milagrosa de Courtois ante el Chelsea. Y el porcentaje de tiros “imparables” para Marc André en los últimos (y no tan últimos) tiempos es elevadísimo.

 

No mejoró el equipo azulgrana con el 1-0 en contra hasta que Xavi movió el banquillo. Y acertó con los cambios: las entradas de DeJong y DembeLOL permitieron volver a la rutina habitual. Con Pedri mejor perfilado para ver el campo y crear juego, comenzó a asociarse todo el ataque. Y rápidamente una gran jugada hilvanada al primer toque fue culminada, también de primeras, por Ferrán Torres. 7 goles en 16 partidos para el valenciano. Buenos números y buenas sensaciones. Pero aún con la mochila en su espalda de que puede -y debe- aportar aún más.

 

Un gol que valía oro porque ni el empate ni la posterior expulsión del hijo de Tuta (hay apodos que pasan de padres a hijos) permitió al equipo de Xavi encontrarse cómodo. No llegó el 1-2. Y ni siquiera estuvo cerca. Cabe plantearse dejar los experimentos para la Liga, un torneo donde difícilmente se va a campeonar y no cambiará nada un segundo o un cuarto puesto. Pero ganar la Europa League ya está a solo 4 partidos. Y permitiría, levemente, parar la sangría de ridículos europeos.Que no será un paseo ya lo demostraron Nápoles y Galatasaray. Hoy lo certificó el Eintrach haciendo pasar un mal rato a la culerada. Una cura de humildad –con buen resultado- para un Barça que sigue en obras. Como la Sagrada familia. Se espera que no tarden tanto en acabarlo.