Crónica

El Domingo, MATS y mejor

Para ser el partido menos valioso del torneo menos importante de la temporada, Barcelona y Real Sociedad decidieron brindar un buen espectáculo futbolístico. Sin nada que perder, pues una derrota solo significaba ganar días de descanso a un calendario obsceno, ambos equipos no especularon. Como es habitual, salió más enchufado el rival del Barça pero Marc Andre Ter Stegen (Mats para los amigos) dio la primicia a Isak sobre quién iba a ser el gran protagonista de la noche.

Los de Q-Man, espesos en la primera hora, buscaban demasiado a un Hombre Gris empeñado en demostrar una y otra vez su incapacidad para echarse el equipo a la espalda cuando no está Messi. Porque cuantos más balones tocaba Antoine, menos tocaba Pedri. Y eso lo notaban para mal los hoy, por fin, azulgrana. Así que a falta de un genio del fútbol, apareció el mago del caos: Ruleta Rusa Dembelé. Lástima que lo hizo en otro universo paralelo: mientras culés y txuriurdines jugaban un partido, ese tiro al aire hecho futbolista jugaba el suyo propio. Ousmane intentaba algunas cosas, inventaba otras, en una décima de segundo amagaba con la fantasía y en la siguiente pedía a gritos su traspaso. Al menos su agitación servía para despertar al equipo: el centro del campo empezó a carburar y de la buena combinación Barry White-Hombre Gris se aprovechaba De-Jong-Del-Ajax con un remate de cabeza que habría firmado el añorado Quini.

Parecía un dejavú de los recientes partidos frente al Athletic o el Granada: salida en tromba rival y estocada azulgrana. Pero a la, hasta hoy decaída, Real Sociedad la gasolina le duró mucho más de 10 minutos: 120 en concreto. No se achicaron los de Imanol y en la reanudación salieron convencidos a por el empate. Lo merecían los blanquiazules y el VAR les echó una mano. La de De Jong concretamente ¿Penalti? “Po’fale” aseveraría Makinavaja porque en el fútbol de toda la vida ese golpe de balón en el brazo nunca se habría pitado. Pero ante la zapatiesta que es actualmente cualquier mano dentro del área ya solo queda declararse incompetente en el asunto. Lanzó el “infalible” Oyarzábal y empató el choque. Pero MATS tomó nota.

El toma y daca en el que se convirtió el encuentro permitió pensar a los culés que Piqué debería ir pidiendo asilo político en la nueva junta directiva que salga tras las elecciones. Porque se certificó que Araújo es un central uruguayo. Y eso es como un bocadillo de jamón de jabugo: no puede salir malo en la vida. Rápido al corte. Bien de cabeza. Contundente en el uno contra uno. Todo lo opuesto a ver las involuciones de un Trincao que plantea otras cuestiones no menos importantes: ¿no hay nadie entre el B y el Juvenil mejor que él?

Mientras, en ese otro universo paralelo, Dembelé seguía intentando sus jugadas locas en el vacío cósmico. Un firmamento en el que levantaba al público de sus asientos. Pero en este mundo, seguía sin aportar nada en concreto. No desfallecía, sin embargo. Seguía chocándose… ¡Regateando! Cayéndose… ¡¡Centrando!!. Perdiendo el balón… ¡¡¡Amagando!!! Lesionándose… ¡¡¡¡Recuperándose!!!! ¿O tal vez todo era producto de la imaginación de Christopher Nolan y en realidad estaba volviendo de su última lesión?

Volviendo al partido real, la emoción sin goles llevó el partido a una nerviosa prórroga. La falta de efectivos y físico en la plantilla hizo que Q-Man tuviera que recular: no entraba en sus planes darle más de diez minutos en ningún partido a Riqui ENP (El Niño Prodigio). Y se veía obligado a darle nada más y nada menos que ¡media hora! Respondió el repudiado chaval tomando el testigo de Pedri. Lástima para él que el encargado de finalizar las ocasiones seguía siendo El Hombre Gris. La Real, por su parte, no se dejó avasallar y a punto estuvo de evitar los lanzamientos de penaltis. Januzaj, otro de esos genios irregulares de partido bueno por cada 10 malos, lo tuvo en sus botas. Pero a falta de dioses, buenos son santos y MATS Der Heilige decidió que él sería el alfa y el omega del partido.

Su imponente presencia dejaba claro quién era el favorito en esa supuesta lotería que son los  penaltis. Ponga un alemán en sus tandas: hace 44 años que Alemania no pierde una. Y hasta cuatro lanzamientos necesitó la Real para batir por primera vez al mönchengladbachiano (¿o mönchengladbachiense?). La tanda confirmó todas las sensaciones que dejó el partido. Primera: que si Messi fuese portero, se llamaría Marc André. Segunda: que El Hombre Gris nunca debió haber venido y lo recordó sacando brillo a ese tatuaje del rencor eterno, fallando como lo hizo cuando perdonó la vida en una final de Champions al Real Madrid. Tercero: que Dembelé vive en su mundo, amagando con tirar con la izquierda para finalmente hacerlo con la derecha. En este universo el balón fue dentro: en el otro, acabó en el interior de la mezquita de Córdoba. Y cuarto: que cuando Q-Man ya barajaba la opción de ser él quien tiraría el quinto penalti (solo cuatro jugadores se habían ofrecido) Riqui ENP asumió la responsabilidad final. Porque el chaval merece una oportunidad. Ronald, recapacita por favor.