Crónica

Vuelta a las andadas

Volvió el Barça a las andadas. Es decir, que volvió a salir andando. Y a jugar a ritmo cansino. Y a atacar obsesivamente por el centro. ¿Lo del miércoles contra la Real Sociedad? Todo fue un espejismo. A diferencia de entonces, no se podía decir que hoy los de Q-Man estuvieran jugando ni bien ni mal. Simplemente, no estaban jugando. Al Valencia le bastaban las contras encabezadas por Güedes para volver a mostrar las carencias defensivas locales. Tampoco debía esmerarse mucho en defensa para frenar los ataques a cámara lenta de un equipo convertido en dos memes ambulantes: El Hombre Gris y El-Peor-Fichaje-De-La-Historia.

Un duelo a brazo partido entre el francés y el brasileño por demostrar quién de los dos era capaz de hacer un partido más miserable. Por un lado, en un sitio aún por determinar del campo, El-Peor-Fichaje-De-La Historia volvía a su agujero negro particular: su incapacidad para aportar algo al equipo se ha hecho tan grande que ha generado un campo gravitatorio de tal magnitud que ninguna partícula material de su cuerpo puede ya escapar de ella. Por el otro Antoine se empeñaba en desacreditar a sus (ya pocos y cada vez menos) defensores. “Trabaja. Se mueve.” Pues ya ni eso: siguió con la mirada el desmarque de Diakhaby en el córner para ver, en primera fila, cómo se adelantaba el Valencia. Al menos agarró rápidamente el balón y chutó con rabia para sacar rápido. Ni eso le salió bien: el balón debía ir hacia el centro del campo y se fue hacia la grada. El por qué sigue siendo titular en TODOS los partidos pasa a ser otro de los grandes misterios de la humanidad.

El gol valencianista volvía a remarcar la diferencia entre preparar las jugadas a balón parado y en verlas venir. Y puso al Barça nuevamente en la obligación de remontar. Pero si hace unos días su fútbol invitaba al optimismo, la siesta de hoy incitaba a pensar: “¿Qué hay nuevo en Netflix?”. Cada llegada visitante confirmaba los temores y solo un nuevo milagro de Der Heilige evitaba que los de Gracia se fueran con el partido casi sentenciado al descanso. Y, cosas del fútbol, del posible 0-2 se llegó al empate. Ayuda no divina pero sí terrenal tras la caída de Griezmann por soplido de Gayá. Un penaldo de manual ante el que Hérnandez y Férnandez exclamó: “Yo aún diría más: penalty y expulsión”. Roja para Diakhaby, que pasaba por allí. Confundir a un chico de Pedreguer, de apenas 1,70 de estatura con uno de origen africano, que mide más de 1,90 y pesa cerca de 20 kilos más, demuestra la claridad con la que el trencilla vio la jugada. El VAR ayudó a que el Valencia, al menos, siguiera con once jugadores: no había ocasión manifiesta de gol puesto que el que estaba a punto de chutar (si es que antes era capaz de controlar el balón) era El Hombre Gris. Messi agradecía el regalo pero le parecía impropio marcar el gol con el que igualaría a Pelé como máximo goleador con un mismo club de aquella manera. Lo lanzó a las manos de Jaume y marcó en la jugada posterior. Cosas de genios.

La salida de De Jong en la segunda parte mejoró ligeramente al equipo. Aún no ha demostrado lo que se le suponía en el Ajax, pero en este mundo de ciegos en el que se ha convertido el medio del campo azulgrana, cualquiera puede ser el rey. Mientras no se llame Ricard y se apellide Puig, claro. En esa leve mejora llegó una incorporación al ataque de Araujo y un remate de volea digno de su antecesor charrúa. El gol llegaba con dedicatoria a Messi por su récord de goles impresa en su camiseta: “La gloria es de D10S”. Un gol que, además, confirmaba dos verdades como puños: que en Uruguay salen buenos jugadores hasta debajo de una bombilla de mate y que lo que estaban perpetrando los compañeros de ataque de Messi rozaba la infamia.

Sólo se salvaba de la quema Barry White, trabajando más que un contador de votos en Estados Unidos. Quien hace todo lo que puede no está obligado a más. Tal vez no sea jugador para un transatlántico europeo como debería ser el Barça pero al menos provoca ocasiones, no estorba y no hace parecer peores al resto. Él no tiene la culpa de llevar el 9 que vistieron Quini, Romario, Ronaldo, Kluivert, Etoo o Luis Suárez. Hay que apuntar a quien ha hecho que el 4 de Koeman, Guardiola, Márquez o Rakitic lo lleve Araujo. O que el 6 de Bakero, Amor o Xavi lo lleve Aleñá. Y que el 8 de Schuster, Stoichkov, Cocú o Iniesta lo lleva Pjanic. Terrible. Apocalíptico.

El caso es que la derrota momentánea obligó al Valencia a salir de su área: no le costó demasiado llegar al área azulgrana. Apenas 15 minutos le bastaron para que Gayá compensase su penaldo con una buena jugada con la que Maxi Gómez acudía puntual a su cita con el gol frente al Barça. “Ponga un uruguayo en su vida, siempre sale bien”. Pilipauskas es la excepción que confirma la regla. El movimiento del 9 sirvió para recordar también que Mingueza estaba en Segunda B hace apenas unos meses y aún tiene (muchas) cosas que pulir. Para compensar, el Chigrinsky de Santa Perpetua intentó imitar a su compañero en el centro de la defensa incorporándose al ataque. Su gran chut despertó la curiosidad en El-Peor-Fichaje-De-La-Historia: “Ah ¿pero vale eso de disparar a puerta? Yo pensaba que solo tenía que sobar la bola y deambular por el campo”. Lo intentó el timo brasileño pero, obviamente, tampoco lo consiguió. Hubo un tiempo en que sus goles desde fuera del área tapaban su intrascendencia en el juego del equipo.

Así que cuando el brasileño fue sustituido por Q-Man ya era tarde. Porque, como el miércoles, cada cambio empeora al equipo y eso, cuando los que salen son El Hombre Gris y El-Peor-Fichaje-De-La-Historia es muy, muy duro de asumir. El 3-2 estaba tan cerca como el 2-3, ya que un fallo de marcaje en ambas defensas era más que esperable en cualquier momento. Sorprendentemente no se produjo y la cosa terminó en un justo empate que confirma que la única liga por la que peleará el Barça es la de entrar en la Champions de la próxima temporada.