Crónica

Un sencillo homenaje

Fácil y cómoda victoria azulgrana frente al Osasuna que retrotrajo la mente a otras épocas, cuando los partidos contra rivales de la mitad baja de la tabla se ganaban sin apenas pisar el acelerador. Ya decía el Maestro Johan que “la solución que parece más fácil es de hecho la más difícil».

Por eso, si utilizas un sistema que precisa un 9 que sea un 9, quizá lo más fácil sea poner un 9. Aunque debe ser tan sencillo cuando Q-Man ha tardado casi dos meses en hacerlo. Seguro que Barry White no está entre los 10 mejores delanteros del mundo pero conoce el oficio: fija a los centrales, arrastra a los defensas, deja espacios, comienza la presión… y colabora con goles. Tal vez no es mucho, pero es lo menos que hay que pedirle a un 9. Su insistencia dio frutos y tras más de una docena de llegadas al área rojilla, llegó el gol a trompicones del danés. Messi, que seguía la jugada de cerca, debía estar con muchas ganas de homenajear a Maradona porque amagó con hacer una Mano de Dios. Por suerte para él, en décimas de segundo recordó que en la época de Diego no había VAR. Ahora sí.

Así que Leo postergó su homenaje y siguió colaborando en la fluidez del ataque azulgrana. Las posibilidades de que El Hombre Gris y Chutinho coincidan haciendo un buen partido, o al menos aceptable, solían ser entre cero y ninguna pero tal vez por el trabajo sucio de Barry, por las facilidades del rival, o porque el equipo comienza a carburar, al argentino se le veía cada vez más cómodo acompañado del brasileño y del francés.

A Griezmann, acaso liberado tras su amago de rajada en televisión, se le vio con una movilidad que aportaba al juego, tocando de primeras con criterio… y hasta marcando un golazo con una volea de las que hasta hace una semana se iban a la calle Arístides Millol. Es la primera vez que marca en dos partidos consecutivos con el Barça. Y solo le ha costado 60 partidos hacer un partido a la altura del coste de su fichaje. Su asistencia a Chutinho en el tercero tras una buena recuperación corroboraba un partido muy completo. Lástima que ya había echado anteriormente un gran borrón con bochornosa celebración en el gol. Y es que como decía el ex presidente argentino Sarmiento: “Del ridículo no se vuelve”. Antoine, madura, que ya tienes casi 30 años.

Con el partido cerrado volvieron las malas noticias en la línea defensiva culé. La lesión de Lenglet ahondaba en la herida de la mala planificación de la plantilla. Mascherano se ha retirado apenas hace un mes y está sin equipo. Parece una idea estrambótica, pero no parece peor que fichar a Douglas o a Matheus. Mejor opción aún es recurrir al filial que, de momento, sigue dando resultados: el Chigrinsky de Santa Perpetua volvió a cumplir.

El rosario de cambios para oxigenar el equipo nos abocaba a unos últimos intrascentes minutos. Por suerte, Messi no quiso que el partido terminara sin su muestra de respeto a quien fuera su predecesor en el trono de mejor jugador del mundo. Literalmente disfrazado de Maradona, cogió el balón y se fue creando el espacio para sacar un zurdazo a la escuadra que hubiese firmado el mismísimo Diego. Bajo la camiseta azulgrana, el nexo que une a ambos: la camiseta de Ñuls que por unos meses vistiera el antiguo 10 y que tanto se especula que el nuevo 10 vestirá al final de su carrera. Una celebración que dará la vuelta al mundo. Casi, casi, al nivel de la del Hombre Gris.