Crónica

Efecto gaseosa

Lo avisaba la “caverna madridista” el día anterior en varios medios afines al “régimen”: “¡Sólo dos penaltis a favor del Madrid en las ultimas 28 visitas al Camp Nou! ¡Y más de 10 años desde el último penalti! ¿Pero esto qué es?”. Una afirmación de primero de manipulación mediática: omiten que en esas mismas casi tres décadas al Barça solo le pitaron cinco a favor (de los cuales falló dos). Y si se incluyen los Clásicos en el Bernabéu la estadística es de nueve penaltis a favor de los azulgrana por siete de los madridistas. Una diferencia de dos penaltis en 28 años. ¡Inconcebible!, afirmaría el personaje de Vizzini en La Princesa Prometida. Pero resulta que, si abrimos más el plano, desde 1980 los Clásicos han visto el mismo número de penaltis a favor de ambos equipos. Y si ya lo abrimos completamente, desde que existe la Liga, el Real Madrid es el equipo con más penas máximas a favor. No solo en el Clásico, también en el campeonato. Y en la Copa del Rey. Y en la Copa de Europa. Y en la Champions. Pero volvamos al tornero de la regularidad.

El caso es que la “presión mediática” hizo mella en el colegiado Munuera: al primer agarrón de Lenglet en el área, el número de trapecista circense de Sergio Ramos le animó a ir al VAR. El resultado: el Madrid por delante en el marcador, sin merecerlo. También se puso por delante en penaltis a favor desde 1980. Hay que remarcar el dato, dado lo importante que es para la estadística “cavernaria”. Fue, sin duda, la jugada que marcó y cambió un partido, igualado (por lo bajo) hasta ese momento. Podía haber cambiado en la otra dirección de haber sido otro el criterio. O con la entrada de Casemiro a Messi en el área en la primera parte. Porque tocar el balón no es patente de corso para después barrer todo lo que haya por delante. Más aún si el balón no se despeja completamente y el delantero puede seguir la jugada. Pero está claro que la bula del brasileño la debió firmar el Papa Urbano allá por 757: de pitar ese penalti, podría haber supuesto su segunda amarilla. Ni con una pandemia mundial cambian esas cosas.

Antes de la polémica arbitral ambos equipos ya habían demostrado por qué se hablaba de “Clásico en horas bajas”: el festival de despistes defensivos derivaba en un partido abierto donde los blancos golpearon primero, en estrecha colaboración con Sergio Busquets. Se hace difícil excusar al ex jugador de Badia apelando al cansancio físico: apenas se llevaban 5 minutos de juego. Valverde tuvo tiempo de ir a tomar un café, mojar las tostadas, volver y marcar.

Pero a esas alturas, el Madrid aún tenía en su cuerpo el efecto “Shakhtar de Cádiz”. No le dio a los locales la ventaja de jugar con Marcelo o Isco de inicio, pero sí dejó un pasillo para que Jordi Alba recobrase confianza tras su lesión. El lateral profundizó y asistió, no a Messi como de costumbre, pero sí a quien está llamado a recoger su testigo en el Barça: Huracansu le ganó por velocidad a Ramos y definió como un veterano, pese a pasar hoy a la historia como el jugador más joven en marcar en un Clásico. Que ese honor recayese hasta hoy en Ficticius y su churrigol de enero no dejaba de ser una enorme mancha en el expediente histórico de un partido con cartel planetario.

Así continúo el ida y vuelta sin nadie que pusiese un mínimo de orden en el terreno de juego. Tan solo la voluntad de Messi parecía poder inclinar la balanza: el genio de Rosario chocaba (literalmente) con Casemiro, con Varane, con Ramos… y con las manos de Courtois en su mayor y casi único destello de magia en este Clásico. Si D10S aún padece el síndrome del burofax o es que ya nos encontramos en su fase crepuscular lo dirá el tiempo, pero por primera vez se quedó en cuatro Clásicos consecutivos sin marcar y no está siendo el que saque las castañas del fuego como había malacostumbrado a su parroquia en la última década.

El comienzo de una decaída segunda parte fue algo esperanzador en clave azulgrana: varias llegadas y una clara ocasión malograda por un Coutinho a quien parece pasársele el efecto Erasmus. Pero no era más que un espejismo: al primer contratiempo, en forma de decisión arbitral controvertida, el equipo se disolvió como un azucarillo. Cierto es que el Madrid no se había acercado al área de Neto pero resucitó a partir del gol de Ramos: dejó atrás su pesadilla gaditanoucraniana y volvió a parecerse al equipo rocoso del final de la temporada pasada. Y transmutó en ese tipo de rival que más desnuda a un Barça con lentitud exasperante moviendo el balón, con posiciones estáticas y sin desborde.

En resumen, setienvalverdeando que es gerundio. Dicen que el primer consejo que le dan a un trabajador cuando entra a una nueva empresa es que jamás tenga las manos en los bolsillos. Por eso, ver a Q-man, como a Don Honesto, con las manos en los bolsillos durante todo el segundo tiempo, no auguraba nada bueno. Y que solo hiciera cambios insulsos a falta de 10 minutos, solo reafirmó que el efecto gaseosa de los dos primeros partidos de Liga parece evaporarse. No está de más recordar que con el Patata Martino se comenzó marcándole siete al Levante y se acabó nadapleteando.