Crónica

Abran paso a los chavales

Ver la misma publicidad de T-Mobile en la camiseta rival, como en el último partido de Champions, provocó escalofríos a más de uno: por fortuna, enfrente no estaba el Bayern de Múnich sino un inocente Ferencvaros que dejó claro que para los húngaros ya es un premio estar en la Champions. Solo quedó la duda de si pasaría de la fase de grupos… en la Europa League.

Ante un rival de tan poca enjundia, era difícil esperar una motivación extra al equipo, ante los inminentes partidos ante el Madrid y la Juve. Todos, incluidos los magiares, sabían que antes o después el partido caería del lado local. Volvieron los viejos vicios del pasado reciente: jugadores andando, cero movilidad y partido al tran-tran. Hasta que un par de ocasiones visitantes, incluyendo un gol anulado por fuera de juego y un tiro al larguero, nos hicieron recordar que hace poco el Levante dejaba rematar solo a Vinicius porque “no marca un gol ni al arcoíris”. Hasta que al final marcó. Porque el chico es malo, pero no tanto. Así que antes de que los herederos de Kubala dieran el susto de verdad, Messi se inventó una jugada de la nada, aceleró en el área y el derribo claro fue convertido por él mismo: 16 temporadas consecutivas marcando en Champions y a 36 equipos distintos. Ya ni sabe en qué estadística superarse a sí mismo.

A la estela del arreón de Messi se subió un Trincao, hoy sustituto del Hombre Gris y que, con el listón tan bajo del francés, se mostró mucho más activo y desbordante. También se apuntó Ansu. Algo desaparecido en los últimos partidos, el hispano-guineano volvió a marcar hasta pegándole con la tibia a lo Ruben Cano. Tener gol o no tenerlo. That is the question. Su asistencia de espuela en la segunda parte al Renacido Coutinho, finiquitaba un partido que Piqué se empeñó en mantener con algo de interés.

Sus prescindibles penalti y expulsión sirvieron para que en los últimos 20 minutos el equipo no se relajase y se reivindicasen los sustitutos. Especialmente ese Doctor Jekyll & Mr. Hyde del fútbol de nombre Ousmane que, tras penar en Getafe, desbordó por su banda para asistir a un Pedri que desprende aroma a perla: debut y gol en Champions. El próximo secretario técnico del Barça debe enviar a todos sus scouters a buscar jugadores canarios que se llamen Pedro, Pedrito, Pedri, Peter, Pierre, Pietro o lo que sea. Pedrinhos no, que nos conocemos. El hermano gemelo de Dembelé  finiquitó la goleada tras una asistencia de Messi, tal vez solo para recordarnos que ya marcó golazos estratosféricos al PSV, al Tottenham, al Sevilla en la Supercopa… antes de que las lesiones, la irregularidad y los retrasos devolviesen al aficionado culé a la realidad.

Apenas un mes de competición y cada partido va dejando pequeños detalles, pero llenos de significado. Se terminó el partido con siete jugadores menores de 24 años (el Día de la Infamia lo hicieron siete mayores de 30). No es extraña la consecuencia de que, por primera vez en la historia de la Champions, marcasen en un partido dos chavales menores de 18 años. Q-Man va dejando claro que la renovación había que hacerla sí o sí. Que gente como Suárez, Rakitic y Vidal tenían que marchar, incluso a coste cero. Que Busquets ya no es imprescindible. Y que el equipo juega mejor sin Griezmann. Aunque huele a año de transición en el que si se gana algo será bienvenido, lo más importante es que el equipo siga creciendo. Porque entre Griezmann y Coutinho, ¿quién prefiere el aficionado culé que juegue de mediapunta ante el Madrid y por qué elige a Pedri?