Crónica

Me aburro, me aburro mucho

La ausencia de ritmo era de tal calibre que más de un espectador en casa confundió la pausa de hidratación con el final de la primera parte.

 

 

Una manera curiosa de distraerse durante la cuarentena fue la que ideó Joakin Ventura, vecino de la localidad navarra de Manilva, quien se convirtió en el gran protagonista de su barrio y también de las redes sociales creando una especie de ritual en el que cada día aparecía con un disfraz diferente para tratar de hacer reír desde el balcón de su casa. Megáfono en mano, popularizó la frase: “Me aburro, me aburro mucho”.

Desconozco si Joakín es seguidor del Barça pero de ser así, tal vez su cántico se inspiró en el juego del Barça durante esta temporada y que contra el Leganés alcanzó cotas de aburrimiento excelso. La versión mejorada del audio (del PC Futbol 95 al FIFA 2000) no engañaba a los espectadores: en condiciones normales, los silbidos hubieran hecho acto de presencia mediada la primera parte. Los de Setién aún no habían tirado a puerta y las ocasiones más claras habían sido para el Leganés, incluyendo un gol salvado bajo palos por Lenglet y un tiro al palo.

Se podría tildar el juego azulgrana de Valverdiano porque en honor a la verdad la llegada de Setién no ha supuesto ninguna mejora. Con unos jugadores que se mueven menos que el público digital, la ausencia de ritmo era de tal calibre que más de un espectador en casa confundió la pausa de hidratación con el final de la primera parte. Si alguno aprovechó para cambiar de canal, se perdió la única acción destacable del partido: confirmar que Ansu Fati posee esa aura futbolística que hace que los goles se le caigan casi sin querer. Eso a lo que los clásicos se refieren como “tiene gol”. Que se tiene o no se tiene. Para entenderlo mejor, solo hay que pensar en Vinicius. El caso es que tras una jugada embarullada de Junior Firpo, el balón cayó junto a la pierna del chaval quien, como el que da una patada a una lata, abrió el cerrojo pepinero, poco exigido hasta entonces.

El Leganés pareció entender que su tren ya había pasado con esas dos oportunidades falladas por Guerrero y apenas presentó oposición en una segunda parte absolutamente para el olvido. Las únicas motivaciones que le podían quedar al aficionado culé se resumían en continuar tribuneando contra el Hombre Gris o esperar alguna genialidad de Messi que compensara tantos minutos de tedio.

Ambas expectativas se cumplieron. Porque el francés sigue confirmando que solo mejora a Dembelé en el apartado de lesiones. Son las consecuencias de fichar a alguien que juega en el mismo puesto del mejor jugador del mundo y que no necesitas en la plantilla. Tampoco le acompaña la suerte: su único detalle de calidad en el partido, con un gran remate ajustado, fue borrado por el VAR. El argentino, por su parte, encontró algo de motivación en el zarandeo y agarrón de Rubén Perez, que enfadó al 10. Y ya se sabe lo que pasa cuando D10S se enoja: un slalom eléctrico que terminó con un tibio choque y una caída dentro del área. Penaldo claro que él mismo transformó para mantener la distancia con Lewandoski: le faltan 10 goles y 9 partidos. Y Robert sabe que lo puede hacer.

Con 2-0 y 18º en la noche barcelonesa, no se entendía el nuevo cooling break si no era para tomarse un gintonic, a la vista de lo que habían corrido los locales. Porque entre esa pausa, las revisiones del VAR y la locura transitoria de Martínez Munuera con siete tarjetas amarillas en los últimos minutos de un partido insulso, la tortura se alargó ocho minutos más.