Crónica

Rado salvó la honra

Corría Febrero del año 2003. El punto álgido del Gaspartismo. Tras la genial idea de haber vuelto a colocar a Van Gaal al frente del equipo, el FC Barcelona acaba de caer derrotado en el Vicente Calderón por 3-0 (un gol de Torres, por supuesto). El equipo caía hasta el puesto 15º, solo tres puntos por encima del descenso y a 20 puntos del sorprendente líder, una Real Sociedad liderada por un imberbe Xabi Alonso. De propina, había sido eliminado por el Novelda de Segunda B en la primera ronda.

Ya se había despedido al holandés la jornada anterior (en el Calderón se hizo cargo De la Cruz de manera interina). El club no encontraba quién quisiera tomar las riendas de un equipo a la deriva. Hasta ese momento, el Barça podía presumir de ser el único equipo de Europa en haber participado cada temporada en competiciones internacionales. Pero estaba fresco el descenso del Atleti y lo que más preocupaba era perder el honor de ser uno de los tres equipos de la Liga española que nunca han descendido. Entonces ese honor peligraba. Y seriamente. En medio del caos institucional, Joan Gaspart tomó la segunda de las dos únicas buenas decisiones de su mandato (la primera fue firmar el contrato de Messi): nombrar a Radomir Antic para salvar los muebles. Poco pesaba su pasado madridista y mucho su buen hacer en el Atlético. El serbio no miró hacia abajo sino hacia arriba: siete puntos separaban al equipo de la Europa League y 12 de la Champions.

Tardó en hacerse con los mandos y en sus primeras 10 jornadas, el equipo no levantó el vuelo: 3 victorias, 5 empates y 2 derrotas que alejaban la Champions hasta los 14 puntos aunque la Europa League quedaba tan solo a 5. ¿Y la vía de entrar en la máxima competición pese a hacer el ridículo en la Liga? Sabía Antic que ese poder extraterrestre sólo estaba (y está) reservado para el eterno rival (o para el Aston Villa). Pero el de Zitiste estaba empeñado en romper la estadística: se completó una segunda fase de grupos casi perfecta y el equipo fue líder de su grupo, clasificado para cuartos de final con ventaja de campo. ¿Sería su pasado blanco la kriptonita para la Champions?

En frente, la Juventus de Buffon, Nedved y Del Piero parecía insuperable para un equipo con Anderson, Motta, Reiziger y Saviola. Y, sin embargo, el serbio a punto estuvo cerca: consiguió el milagro de que Saviola marcase en un partido importante, transformando el 1-1 en Turín (mañana se cumplen 17 años de esa efeméride). Radomir fue capaz de conseguir que Saviola pareciese un delantero válido para la élite. Pero dos milagros en apenas 15 días era pedir demasiado y pese a la ventaja del resultado de ida, la Juventus acabó llevándose la eliminatoria. Tener a Bonano bajo los palos mientras el rival tenía a Buffon fue la crónica de una muerte anunciada.

La digna eliminación europea (en la prórroga) permitió al equipo centrarse en la Liga: 6 victorias en los últimos 8 partidos permitieron al Barça clasificarse en la última jornada para la Europa League. Se quedó a 5 puntos de la Champions y se salvaron los muebles de una temporada desastrosa que culminó con elecciones en el club. Confiaba Radomir que su buen hacer fuera recompensado con una oportunidad desde el comienzo de temporada: así lo entendió la junta presidencial saliente que le ofreció un contrato supeditado a la decisión de la nueva junta entrante. La llegada de Laporta y la limpieza de todo lo que oliese a Nuñismo y/o Gaspartismo provocó su adiós. Como el bueno de Rado ya tenía experiencia en ser despedido haciendo bien su trabajo, jamás tuvo una declaración fuera de lugar, ni una palabra más alta que otra. Salvó la honra del club y se fue sin hacer ruido. Los que le conocieron decían de él aquel manido “gran profesional, mejor persona”. Parece que en este caso sin faltar a la verdad. Si el Barça aún presume de ser el único equipo siempre presente en Europa fue, en gran parte, gracias a él.

Descanse en Paz. Радомир Антић