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Tras la relajada victoria del Real Madrid y su liderato temporal, se esperaba una victoria blaugrana que prometía ser igual de relajada que la de los blancos. O más aún: la visita del peor visitante de la liga (0 puntos a domicilio) auguraba un 1 fijo en la quiniela.

Ante un Mallorca que salió valiente pero con su extraña costumbre de defender con la mirada. De ello no tardó en aprovecharse Ter Stegen que, disfrazado de Koeman, dio una asistencia de 45 metros al Hombre Gris. Con metros por delante y corriendo al contraataque, el francés se sintió por primera vez en la temporada como en sus tiempos de rojiblanco. Y definió como solía, casi como Messi.

El que sí definió como Messi fue, quién si no, Messi. Balón en la frontal que el argentino colgó con su zurda en la escuadra. Como quien cuelga una camisa en una percha. Seis horas y 17 minutos le había durado el liderato al Real Madrid. El 2-0 y los buenos minutos del equipo dibujaban un futuro con una goleada escandalosa e incluso una candidatura de Champions.

El pase de Salva Sevilla, sin embargo, servía para recordar que los despistes defensivos se pagan, y mucho, en Abril. Pase que acabó en gol de Budimir y que parecía abrir el partido nuevamente. Pero Messi, pese a anunciar que su retirada está más cerca (dentro de uno 8 o 9 años), quiere su undécima liga. Combinación con el renacido Rakitic y rosca con la zurda para recordarnos que también quiere luchar de nuevo por su séptimo Balón de Oro.

Entre tantos apuntes de calidad, a alguien se le podría olvidar lo bueno que es Frenkie de Jong. Su papel en la exquisita combinación previa al cuarto gol resume su calidad. Así que como dirían los Chanantes: “Hay que decirlo más”. ¡Que bueno es Frenkie de Jong! El taconazo a lo Sócrates de Luis Suárez sacó aún más brillo a la jugada.

Con el partido sentenciado, la segunda parte había de ser un mero trámite. Lo que según la RAE es un “paso que, junto con otros, debe realizarse de forma sucesiva para solucionar un asunto que requiere un proceso”. Para Don Honesto, parece ser siempre necesario el trámite de dar minutos a Arturo Vidal. Pase lo que pase. No le salió bien en esta ocasión usar su fetiche y la presencia del chileno coincidió con los peores minutos del equipo: tan malos que hasta el propio Ter Stegen cantó vitorbaiamente sirviendo en bandeja el doblete de Budimir. Sin embargo, poco tardó en arreglar el alemán su desaguisado y su nueva parada messianica evitó el 4 -3.

Aún quedaban 10 minutos, así que antes de que a los espectadores culés se les metiera el miedo en el cuerpo, Messi volvió a sacar su zurda a pasear. Gol a la escuadra del portero. El 12º en apenas 9 partidos de liga. Porque el D10S del fútbol también quiere su séptimo pichichi. Y su séptima Bota de Oro. Porque quiere seguir escribiendo la historia. La historia interminable.